No deja de sorprenderme esta ola de nuevo puritanismo que se está viviendo ahora, según yo lo percibo. Dos detalles hacen que me pare a pensar en ello, el primero el afán por censurar alguna publicidad, y el otro la petición del Congreso de los Diputados a los medios de comunicación de que supriman los anuncios de contactos sexuales, algo que tan sólo ha secundado hasta el momento (que se sepa) el diario gratuito 20 minutos.
Tras la prostitución hay un negocio sucio y un mundo muchas veces sórdido. En otros países no sé si los diarios publican anuncios por palabras de casas de putas, pero a estas se les ve tras escaparates, en un auténtico reclamo turístico. No sé si es este el momento de demonizar el ejercicio de la profesión más antigua del mundo. Y si existen las putas, hoy como siempre, no sé a que viene prohibir su publicidad. Claro que tampoco se puede publicitar el whiskey, y el súper lo vende igual que agua.
Lo que sí creo cierto es que con ciertos medios no concuerda nada el hacer dinero con un negocio como el de prostitución. Suscribo lo que dice, de forma mucho más brillante de lo que soy yo capaz, Juan José Millás en El chaflán, su artículo de la última de El País, y que veo citado precisamente por Arsenio Escolar en ¡Que paren las máquinas!, su blog en la web de 20 minutos:
Las autoridades pidieron hace ya una semana a los periódicos que renunciaran a publicar anuncios relacionados con la prostitución. Que cerraran esa esquina tan rentable. (…)
Hasta ahora sólo el gratuito 20 minutos ha atendido el ruego de las autoridades. Ni siquiera aquellos que en sus editoriales condenan el comercio del sexo han renunciado a los beneficios de la prostitución. Tampoco los que editan suplementos religiosos y cuyos columnistas hablan de Dios con la confianza con la que usted y yo hablamos de nuestro cuñado. Todos los editores continúan en la esquina, con su bolso de piel marrón, meneando el abanico.
Cosa distinta es lo de esa otra publicidad que también quieren prohibir. Hace poco obligaban a retirar su publicidad a la firma italiana de moda Dolce&Gabbana por considerar que sugería un acto de violencia hacia una mujer. Y es cierto que probablemente podía sugerir tal cosa. Lo que no termino de ver en ningún caso es la incitación al turismo sexual de una imagen publicitaria utilizada por otra firma de moda italiana, en este caso se trata de la línea de ropa infantil de Giorgio Armani. Como se puede ver en la imagen aparecen dos niñas de rasgos orientales, vestidas con pantalón corto, una blusa, la parte superior de un bikini. Según el Defensor del Menor, Arturo Canalda:
Es una imagen dura, con niñas muy pequeñas escogidas cuidadosamente por sus rasgos con la intención de llamar la atención. Parece que fomenta el turismo sexual. No se puede tolerar.
¿Una imagen dura? No sé, me pregunto si alguno de los que se dedican a denunciar cosas como esta son realmente enfermos. Jamás se me hubiera ocurrido algo así. Las agresiones sexuales a menores son algo repugnante, un crimen execrable perseguible sin descanso. Casi sobra que lo diga. Pero hombre, que están anunciando moda, y es moda infantil, y las niñas están bien majas.
Más debería encargarse, quien le corresponda, de hacer cumplir la ley de publicidad, que no permite que se utilice la imagen de menores para anunciar productos que no estén dirigidos a ellos. Y permanentemente veo publicidad de coches, compañías de móviles, empresas de seguros, y muchas otras, protagonizadas por niños. Eso sí que habría de evitarse, o bien reformar la ley. Pero esto de Armani Junior… no sé, no sé.