|  Tamaño texto: Texto pequeño Texto normal Texto grande   |  Ubicación menú: A la derecha (por defecto) A la izquierda

Artículos archivados en esta categoría


  DesvaríosSenador Palpatine :: 18.06.2008 @ 12.42

Baby’s got blue eyes, que decía la canción. Sólo que los suyos eran del color del cielo más extraño y al mismo tiempo te invitaban a quemarte en los pecados más desconocidos del infierno, incluso a inventar algunos que ni siquiera la mente más enferma hubiese imaginado.

La mía sí, por supuesto. Tenía el tiempo, la capacidad y el cinismo necesario para visualizarla en formas que ni siquiera soy capaz de explicar con palabras.

Cantaba, medio agazapada entre las sombras en medio del humo y de risas de borrachos que (milagrosamente) enmudecían en cuanto la niña comenzaba a susurrar sus viejas canciones, creando historias nuevas a partir de viejas y raídas notas. No era su cuerpo lo que te hacía perder la noción del tiempo y olvidar tu nombre o que existía un mundo fuera más allá de la oscuridad de aquellas paredes incrustadas de humo y de olores rancios. Era su voz lo que te hacía desearla hasta perder el norte y las promesas que su mirada te ofrecía en cada palabra que sus labios transformaba en mundos oscuros en los que perder el alma postrado a sus pies.

Era Lolita, Dorothy en Oz y Dorothy envuelta en el terciopelo azul que viste el sueño de los monstruos deformes. En la Ciudad de Ninguna Parte, en las cloacas más sórdidas del inframundo, ella presidía los akellarres de sus acólitos, cada noche, llenando la oscuridad, mientras el nuevo día amanecía en las calles desiertas y la oscuridad se hacía eterna a su alrededor, borracha de su voz que sonaba a muslos húmedos y labios que te devoran el alma.

Cantaba sólo para mí, para nadie más en todo el jodido mundo. Y eso mismo hacía creer en cada instante a cada uno de los borrachos solitarios y amargados que la contemplábamos babeantes, mientras un piano casi inaudible sonaba de fondo como banda sonora de sus historias azules, llenas de perdedores de madrugada.

Y mientras ella te miraba, el mundo podía convertirse en una puñetera bola de fuego e irse al carajo. Porque el único deseo que podías concebir era quemarte a su lado y seguir ardiendo el resto de la eternidad.

  DesvaríosDVDCano :: 10.06.2008 @ 11.39

“No sentir”, dice este extraño cartel indicativo a ras de suelo en la plaza de España de Madrid.

No sentirLa foto está hecha de noche y creo que con un teléfono móvil, de ahí su calidad (nueva foto de mejor calidad e idéntica autoría). Pero lo importante es el mensaje. ¿Qué diablos querrá decir? Esto es como la película aquella de Truffaut en que prohibían leer y hasta tener libros en casa, pero llevado al extremo. ¿Prohibido sentir? Yo sí que lo siento, pero no puedo cumplir las normas tampoco en este caso.

[ Foto secuestrada a Maripili ]

  Desvaríos, GeneralDVDCano :: 20.05.2008 @ 10.53

Stella Maris Maruso es una terapeuta argentina que aplica la psiconeuroendocrinoinmunología (palabra de 30 caracteres cuyo uso debería estar prohibido) y a la que hace unas semanas le dedicaban ‘La Contra’ de La Vanguardia. En la entrevista dice cosas de grandísimo interés, desde que no ayuda los enfermos a “no morir, sino a vivir hasta morir, de morir bien”; hasta que “al no aprender a dominar la mente, vivimos arrastrados por ella… ¡la mente es demasiado loca para confiarle la vida! Confíale tus negocios, ¡pero no tu vida!”

Según la doctora Maruso, tras la cirugía y los antibióticos, llega la tercera revolución de la medicina: la psiconeuroendocrinoinmunología. En resumen se podría decir que esta disciplina defiende la interconexión del sistema nervioso central, el nervioso periférico, el endocrino y el inmunológico. Aún más resumido, que:

¡Las emociones modifican tu capacidad inmunológica!

O sea, que:

La angustia ante lo incierto, el miedo, la desesperanza, el remordimiento, la rabia… ¡Cada una tiene su bioquímica! Y es venenosa, es depresora del sistema inmunológico.
[...]
La salud no es un estado: es un proceso, y muy dinámico. ¡Por tanto, siempre puedes reforzar tu salud si trabajas tus emociones!

La doctora se apoya en un viejo experimento que relata así:

A cuarenta mujeres con cáncer de mama, el médico les contó que la quimioterapia les dejaría calvas. Luego, solo suministró quimioterapia a veinte mujeres y dejó que las otras veinte creyesen recibirla…
[...]
El 60% de las segundas quedaron tan calvas como las tratadas por la quimioterapia. ¿Que modificó la bioquímica interna de estas mujeres? ¡Sus propias creencias!
[...]
¡El médico puede estimular con su actitud la capacidad autocurativa del paciente!

Hay que rechazar que los médicos desahucien a un paciente. Según esta doctora el médico debe hacer diagnósticos pero jamás pronósticos. Y termina contando algo que me ha llegado personalmente de forma intensa:

A mi padre le pronóstico el médico tres meses de vida por un diagnóstico de cáncer de próstata diseminado al hígado. Trabajamos juntos con amor, relajación, meditación, nutrición… y al año no tenía células cancerosas. Vivió 18 años más.
[...]
“Milagro”, dijo (el médico). Remisión espontánea. Desde ese día cerré mi empresa y me volqué a ayudar a otros como a mi padre. Y yo hoy vivo en la frontera del milagro: la remisión es un efecto colateral en enfermos que han abrazado las fuerzas de la salud, la vida.

Hubo un médico que no me dijo la palabra milagro, pero sí habló de que era un caso que debería estudiarse en las facultades de medicina. Me sobrecoge pensar en el poder de una mente agarrándose a la vida. Me sobrecoge de verdad.

[ Gracias a Maripili por el enlace ]

  DesvaríosDVDCano :: 07.05.2008 @ 12.00

Aunque no lo apreciemos, hay expresiones que ejercen un poder inmenso dentro de las conversaciones. Es el poder de asesinarlas impunemente. Son esas frases enemigas de la discusión, que te disuaden de continuar hablando y te hacen sentir ridículo a menudo. Pondré algunos ejemplos:

- No te lo tomes así.
- No se puede estar en todo.
- Eso es así.
- Y que le vas a hacer.

Son como tapones en la conversación, logrando situarla en un camino sin salida ni apenas retorno.

Pues bien, sí me lo tomo así, se puede estar en todo y más, no tiene por qué ser y hay mucho por hacer. Y ya está bien.

(Sin quererlo he terminado zanjando la conversación con otra frase asesina.)

  DesvaríosDVDCano :: 09.04.2008 @ 13.42

Cuando tragamos mal saliva o cuando, ya sea bebiendo como comiendo, nos atragantamos, decimos que se nos ha “ido por otro lado”. ¿Cuál será ese lado? ¿Y cuál el lado correcto?

El otro lado ha tenido también una clara connotación sexual, recibiendo el sexo anal otros nombres como la puerta trasera. Es explicable en este caso, por conservar cierto secretismo que de algún modo se corresponde por lógica con una actividad realizada comúnmente en privado. Está claro que hay un lado y otro, uno es el que ha recibido desde siempre todas las bendiciones, por así decirlo, y el otro aún es prohibido y perseguido en algunos países, como una rémora de origen religioso y hasta de costumbres sociales de carácter laico. En definitiva, la religión católica nunca aceptará esa práctica sexual mientras siga sin admitir ninguna otra que no conduzca de forma directa a la procreación. Y ese lado es el otro lado precisamente porque no es el único que algunos admiten.

Pero el otro lado del que yo hablo está situado en la mitad superior de nuestro cuerpo y no en la de abajo. Es otro lado de ese otro lado de nuestro cuerpo donde tenemos la cabeza. Está en la cabeza, de hecho. Y, digo yo, que en este caso no hay un lado ortodoxo que haga considerar al otro como algo prohibido. Aquí es tan natural el uno como el otro. Es más, diría que de toda la vida del señor hemos hecho confundir a nuestra garganta, desviando por el otro lado alimentos y bebidas.

Me resulta curioso, por lo dicho, que le llamemos “el otro lado”. De alguna manera es una demostración inequívoca de lo mucho que desconocemos nuestro propio cuerpo, aquello que más cerca nos queda. Porque “el otro lado”, y también el “uno”, tendrán un nombre, ¿no? Un nombre que desconocemos, como tantos otros. Escondemos nuestro desconocimiento de esta forma, y no es un asunto puramente de terminología, lo que ignoramos es realmente que haya tal lado y tal otro. Podía haber (y habrá) decenas de lados más, pero simplificamos de ese modo.

Es gracioso, a mi juicio. “Al tragar se me ha ido por otro lado”, vale, vale. Pues ¿cuál es el lado bueno? Hablamos de nuestra garganta como si fuera un misterio difícil de descifrar y no tuviéramos mayor intención de intentar algo tan simple como conocerlo. Y, en este caso, conocer esa realidad es, ni más ni menos, conocernos a nosotros mismos.

  DesvaríosSenador Palpatine :: 08.04.2008 @ 10.54

Su voz sonaba morbosa y serena. A mírame y no me toques y, por supuesto, ni siquiera pienses en la posibilidad de que me puedas follar.

Sin embargo, mientras nos conocíamos, me contaba historias que sabían a piel y a humedades, mitad reales, mitad quizás inventadas, cuentos y fetiches que sólo iban atrapándome cada vez más en sus susurros.

Aún no sé por qué extraño motivo, poco a poco fue bajando la guardia y casi sin darnos cuenta, la voz empezó a quebrársenos y las caricias pasaron de tiernas a íntimas, lo cual hizo que acabásemos la noche empapados en sudor y envueltos en gemidos que sabían a soledad y a necesidad de sentirse en otra piel.

A la mañana siguiente, cuando me desperté, ya no estaba a mi lado pero todo me olía y me sabía a ella. Pensé en olvidarla, porque sabía que solo me traería demasiados dolores de cabeza y una adicción imposible de dejar.

Pero caí en la trampa y en un par de días ya estaba buscándola. Uno es consciente de sus vicios y sabe que los únicos que aún no tiene son los que todavía no ha probado. Y a ella ya la había saboreado hasta las entrañas y el sabor de su cuerpo no se me iba de la boca por más que intentase ahogarlo de mil maneras.

Además, no dejaba de oír su voz arañándome y susurrando en mi cabeza. Medio ronca, distante y al mismo tiempo cercana. Como una extraña mezcla de licor amargo y colillas que nunca terminan de consumirse en el cenicero.

Así que volví a ella y poco a poco, con la confianza que da haber intercambiado algo más que palabras, fue desgranando con breves pinceladas, los pequeños momentos de su vida que siempre le había negado a cualquiera.

En el calor y la oscuridad de la noche, comenzó a derrumbarse entre silencios y frases sin terminar, hasta que al fin, como dice la canción, me habló de una “historia de flores pisoteadas” y comprendí que había amado mucho y durante mucho tiempo, al tipo equivocado. A alguien que nunca le había dicho “No hay nada más maravilloso que tú en éste mundo”. A alguien que le había negado las palabras que cualquier mujer debería poder escuchar al menos una vez en su vida.

Entonces lloró. Tratando de ahogar sus lágrimas. De contenerlas, intentando fingir que no pasaba nada y que todo era producto de un pequeño desliz, de un momento puntual de debilidad. De un mal trago de esos que a veces nos llegan de pronto sin saber muy bien por qué.

En ese momento pude verla más desnuda que nunca y desee tener para ella caricias que le curasen las heridas del alma y borrar con mis besos todas las huellas que un imbécil le había incrustado en el corazón.

Le dije que era hermosa y que cualquiera que la conociese se enamoraría de ella. Que era pura magia y que tenía el don de hacer felices a todos los que la rodeaban. Que me hacía viajar a mundos desconocidos y mágicos y que no pasaba un solo minuto desde que la había conocido, en el que no tuviese su nombre en mis labios.

Y por una vez en toda mi vida, cada palabra que brotaba de mi boca era real y sincera. No había trucos, ni poses, ni trucos baratos de mercachifle de cuarta. Todo lo que salía atropelladamente de mi corazón, sin pasar por mi cabeza, era puro encantamiento por ella y por cada uno de sus gestos y susurros.

Así que me encontré noche tras noche, aullándole a su luna como un perro sediento de su boca. Soñando que era mi Nawja Nimri, en medio de una noche en la que sólo existíamos ella, yo y el agua salada que bañaba su piel.

Y prometí escribirle una canción y mil historias, para contárselas al oído en voz muy baja.

Y uno, por muy cabrón que pueda llegar a ser, a veces todavía cumple sus promesas.

  DesvaríosDVDCano :: 28.03.2008 @ 14.00

A veces pienso que alguna gente es un poco estrecha de miras, que hay demasiados con orejeras virtuales incapaces de mirar a los lados y aceptar la posibilidad de otras propuestas, distintos horizontes, nuevos planteamientos. Son demasiados, y a veces no sé me siento con fuerzas de vencerles.

No lo digo por nada especial que me haya sucedido, pero al hilo de esta reflexión que me asaltaba hace un rato, me he acordado de una deliciosa anécdota que me contaba un jefe hace tiempo. Un amigo suyo, al que conozco por razones profesionales, es el protagonista de la historia del “cucurucho grande, bola grande”.

Se acerca nuestro protagonista con su mujer a un kiosco de helados en la calle con la intención de pedir un helado de cucurucho con la particularidad de querer este de tamaño grande pero con una bola pequeña. Cuando lo piden, el heladero les contesta que no puede ser. A esto la pareja contesta que le pagarán el precio del cucurucho grande, aun cuando le pongan la bola de menor tamaño, pero esto no termina de convencer al hombre del puesto de helados. Se lo explican una vez más, presentándoselo de la forma más laxa posible. “Verá usted, lo que quiero es que me ponga un cucurucho grande pero en lugar de la bola de helado que le corresponde prefiero menos helado, y por tanto mejor que ponga una de las bolas más pequeñas, que normalmente se corresponden con un cucurucho menor. Nosotros le pagaremos lo que usted quiera pedirnos. Pero, por favor, ponga el helado tal y como se lo estoy pidiendo”.

El heladero les miró entonces fijamente, con cara de extrañeza, como si tuviera delante a dos personas incapaces de entender las cosas, y les espetó: “Pero señor mío, eso no es posible. Si el cucurucho es grande, pues la bola tiene que ser grande. ¿No lo entienden? Cucurucho grande… bola grande”.

¿Qué cruz? Dios mío. Menuda cruz tenemos con algunos.

  DesvaríosSenador Palpatine :: 22.02.2008 @ 14.11

Era, básicamente, un mamarracho.

Un chulo de barra, de cubata en mano, puticlub de “todo a cien” y whisky de garrafa en botella de Chivas.

Vestía trajes de esos que parecen (pero no son) y cuidaba su cuerpo en un gimnasio con spa. Más que nada iba a ver tetas y a intentar que cayese un polvo fácil.

Tenía esa edad “peligrosa” en la que ya se mira con un cierto disimulo por la calle, a las jovencitas de faldita corta y sonrisa pícara. El disimulo viene dado, obviamente, porque cualquiera de ellas podría ser amiga o compañera de tu hija.

No seré yo quien le reproche eso. Todos los tíos llegamos a esa fase conocida como pitopausia, que no deja de ser una especie de canto del cisne, una negación de lo evidente en la búsqueda de una lolita que nos devuelva la juventud que ya se nos ha ido para siempre.

Así que ahogaba sus lamentos de macho en celo, bien en bares de alterne en los que llegaba a creerse que ligaba, bien con maduras medio conocidas, que le costaban más dinero, entre el restaurante y las posteriores copas, que las pobres putas que nunca se quedaban a cenar.

Amargado baboso, sobrado y prepotente. De esos que lo saben todo y que nunca cierran la boca aunque no tengan ni puta idea de lo que están hablando. Un par de matrimonios rotos por lo cuernos y por el cansancio y tres hijos que, con el tiempo, serían los que le buscasen una plaza en el asilo más lejano.

Y por mucho que disimulase y tratase de convencer a los demás de que era “el rey del mambo”, un ejemplar único, el Elegido de los dioses, sabía con certeza absoluta en medio de las noches solitarias, que era menos que nada. Pobre payaso solitario que ya ni recordaba lo que era sentir unos labios dulces diciéndote un “te quiero” sincero y sin Visa de por medio.

  DesvaríosSenador Palpatine :: 11.02.2008 @ 12.24

Llevo días pensando en escribirte algo que no suene a otra puta canción de amor.

Llevo noches (muchas) soñando contigo, durmiendo sin ti y despertándome cada mañana con tu nombre sonando en mi boca. Como un puto crío, atrapado entre tus piernas, tratando de decirte lo que no sé decir con palabras.

No sé ni cómo he llegado hasta aquí, fingiendo que sé escribir, aturullado entre frases torpes, robadas de canciones aprendidas hace un millón de años.

Me quedo mudo frente al papel.

Me gustaría poder abrirme en canal y mostrarte lo que siento, sin el esfuerzo vacío de tratar de explicarlo con palabras que finjo manejar bien y que se me escurren como arena entre los dedos.

Me siento un jodido inútil.

Mierda de palabras sobrevaloradas que venden mercachifles y embaucadores para sentirse importantes. A mí no me sirven para nada. No las quiero, las detesto cuando se me atascan en el cerebro y se mueven como brujas borrachas que se ríen de mis miserias.

Yo quiero mostrarme desnudo, que me arranques el corazón y lo escudriñes mientras sonríes al verlo por dentro. Agarrar tu pelo y sentir que mis ojos te lo cuentan todo. Hablarte de la ciudad esmeralda y de un camino de baldosas amarillas que había perdido hasta que te encontré. Reírme como un niño descontrolado a carcajadas estruendosas cuando intuyo tu sonrisa. Y partirte en dos mientras te mojas sobre mi cuerpo.

Contarte que siento lo mismo que tú. Que creo qué ni lo imaginas. Que vivo loco contigo y ya no recuerdo lo que es sentirse solo. Que me estremeces y me vuelves inocente y tierno. Que me gustaría inventar un millón de pecados desconocidos para devorar tu cuerpo. Y que quiero ser el cabrón que te vuelva puta cada noche y el niño que se ensucia las manos con ceras de colores mientras emborrona hojas llenas de corazones con tu nombre.

Ahora sé que el cielo es de color verde y que a algunos se les concede el privilegio de vivir sus sueños.

  DesvaríosSenador Palpatine :: 04.01.2008 @ 11.00

Es un mundo extraño.

En medio de la nada, en ninguna parte… en mitad del vacío infinito los extraños se conocen y aprenden a amarse sin haberse mirado nunca a los ojos.

Muchas veces ni siquiera hay rostros, sólo nombres curiosos de seres anónimos que garabatean palabras y las lanzan al aire, esperando encontrar una respuesta, un minuto de calor, una simple sonrisa o quizás sentirse menos sólos en el mundo.

Y unos se odian y otros se quieren. Forjan amistades que juran indestructibles y que la mayoría de las veces son tan frágiles y tan breves como el humo de un cigarrillo. A ti te quiero, a ti no te soporto y te mataría, pero contigo… contigo podría vivir el resto de mis días.

Hay cientos de mentiras, miles. Palabras fáciles de decir en medio de la soledad. Verdades quizás instantáneas que se dicen con el corazón pero se olvidan con un solo parpadeo. Es el ahora lo que cuenta. Quizás no haya mañana.

Y otros buscan diversión. Simplemente. Sexo, calor y humedad en la distancia y probablemente probarán el polvo de sus vidas, porque los anónimos se sienten libres y cada uno puede ser quién le apetezca ser. Nunca quise ser yo, siempre soñé con ser él o ella y ahora puedo serlo sin que nadie descubra la mentira.

Muchos ni siquiera llegarán a saber nunca el nombre del otro. Ni les importará. A veces casi se puede palpar el vacío y la soledad.

Pero otras veces, las menos quizás, los extraños dejan de serlo y encuentran en la distancia y en los hermosos desconocidos, un calor y un cariño más real incluso del que nunca han tenido.

En determinados puntos de la inmensa red, algunas almas se tocan, se acarician, se miman, se comprenden, lloran en el corazón del otro y se sienten plenas y queridas. Y la ficción, el gran teatro, deja de ser una farsa para convertirse en algo más real, más profundo y más sincero que la vida que a diario viven. Se despojan de máscaras, de atrezzos, se desnudan de forma brutal a corazón abierto y conocen el cariño y el amor de la forma en la que siempre soñaron que debería ser.

Son ésos momentos mágicos que no se irán jamás y que perdurarán para siempre.

Esos amigos, esas almas lejanas en la distancia física, pero tan cercanas en el corazón que cada vez que los sientes, puedes rozar su piel y decirles al oído lo feliz que eres de haberlos conocido.

Es en ese lugar extraño, creado casi por accidente, donde me siento yo, donde soy la persona que siempre he querido ser y no pude.

Y es allí dónde están ellos, unos pocos (muy muy pocos) pero tan importantes para mí, que apenas soy capaz de recordar lo vacío que me sentía antes de que ellos llegasen.

  DesvaríosDVDCano :: 24.08.2007 @ 04.06

Le gusta madrugar, lo hace siempre, sin excepción. Yo también lo hago, por obligación la mayor parte de las veces. A veces nos vemos a primera hora, nada más levantar, porque yo aún no me he acostado, y espero ese momento con ilusión. Soy nocturno por naturaleza, y cuando tengo ocasión voy prolongando la noche cada día, hasta bebérmela entera. En esos días te veo aparecer y me siento acompañado, protegido, inundado por tu luz y abrigado por tu calor. Es un gran momento, sin duda. Me gusta verte, que lo sepas. Creo que nunca te lo dije antes.

Vienes siempre tímidamente, sin armar ruido, sin que apenas se note. Pero al rato todo lo tienes a tu merced, y no puede pasar inadvertida tu presencia. Sin darme apenas cuenta, en un instante estás ya a mi lado, vigilante y en silencio. Sé que puedo hacer muchas cosas sin ti, que los momentos en que estamos separados son mi refugio, mis horas más íntimas, y también las más productivas. Son momentos de soledad necesaria, el hálito que necesito para pensar, para sentirme creativo, cuando la inspiración viene con más facilidad. No te echo de menos, pero estoy hecho a ti. No podría vivir sin saber que te veré al día siguiente, que podré volver a gozarte, que me iluminarás con la generosidad y la grandeza de siempre. Estoy unido a ti, irremediablemente. Siempre fue así, y sé que así será mientras viva.

No soy único en esto que cuento. Somos tantos los que te necesitamos, que a veces ni te apreciamos lo suficiente. Me siento mal cuando te engaño, pero eso a ti no te importa, porque mientras tu haces feliz a otras personas. Que gran suerte tienes, todos te quieren y te disfrutan por igual. Y a mi me hace feliz compartirte con otros, con todos en realidad.

Esta noche le hablé de ti a la luna, mi otro gran amor. Le hablé bien, y me pareció que ella deseaba que te hablará a ti, que te contase lo bien que me siento contigo, el bien que me haces cada día. Por eso me he animado a dejarte este mensaje, porque hoy soy yo quien te saluda, esperando el amanecer un día más. Te veré levantar de nuevo, y al rato ya no podré mirarte sin cegar mis ojos, pero tu presencia me dará la vida de un nuevo día.

Amigo sol, ¡qué gusto verte!

  DesvaríosSenador Palpatine :: 21.08.2007 @ 14.41

Quiero que sepas que no he buscado a otra. No es que no la haya habido. Es que ni siquiera me planteo la posibilidad de que nadie ocupe tu lugar.

Tu ropa sigue aún en el armario como la dejaste y los cajones de tu mesita son pozos negros de recuerdos que casi nunca me atrevo a abrir. Sólo cuando estoy solo, (jodidamente solo) y el silencio de la noche se vuelve insoportable, con una copa en la mano y dos más en el estómago, comienzo a hablar contigo y repaso todos tus gestos.

¿Por qué te fuiste? me pregunto entonces. O mejor dicho ¿por qué algún día llegaste y me hiciste creer que estarías para siempre?

Nunca fue un engaño por tu parte. Siempre has sido del tipo de personas que sólo saben vivir en libertad, sin atarse a nada ni a nadie. Y si no fueses así nunca te habría amado. Yo lo sabía. Fue tu forma de ser lo que me llenó de vida y sólo yo soy culpable de pensar que una jaula puede retener a un espíritu sin dueño.

Y tú me amaste, eso lo sé. Sin que yo lo mereciese, tal vez. Nada había en mí que mereciese todo lo que me has dado.

Además, ni siquiera he sido nunca un tipo gracioso y divertido (mucho menos guapo). Aún hoy me sorprendo al recordar que muchas de mis tonterías de payaso te hacían gracia.

Y es curioso, pero siempre que imagino tu rostro, estás sonriendo.

Pura luz y magia en tus ojos, llenos del brillo de las estrellas más hermosas del cielo.

La casa sigue vacía y todo me recuerda a ti.

Me tumbo sobre la cama, cierro los ojos y te siento. Me pesa el aire como una losa que me ahoga y me humedece los ojos. Aprieto los puños y no quiero abrir los párpados porque sé que si lo hago te irás de nuevo. Quizá si pudiese quedarme así un millón de años, tú no te marcharías nunca.

Así, a lo mejor, no habría una nota escrita sobre la mesa de la cocina que dijese “Gracias por todo. Me voy para siempre. Nunca te olvidaré. Perdóname y no me odies. Te quiero”

¿Cómo podría odiarte si nunca hubo nada antes de ti?

Si lo único bueno que me queda en el mundo es tu recuerdo.

  DesvaríosSenador Palpatine :: 13.08.2007 @ 13.44

Tiene ya muchos años.

No sé cuantos lo recordarán.

Se oye una voz en off. Un grupo de amigos y amigas (adolescentes) después de una noche de marcha, cogen un tren para volver a sus casas. Están solos en el vagón. Van cansados, agotados, pero contentos. Sentados o tumbados en los asientos del tren, en silencio, con esa expresión en el rostro que se te queda cuando estás muerto de cansancio pero tan feliz por dentro que deseas que esa paz y esa felicidad duren para siempre. La voz en off, de uno de ellos, dice que eran tan felices que desearían quedarse para siempre en ese vagón y que el viaje no acabase nunca.

Espero que alguna vez, todo el mundo haya podido sentir ese “prodigio”. Estar en el sitio justo, con las personas (o la persona) con quién deseas estar. Sin importarte nada más. Siendo consciente en ese mismo instante de que eso que estás sintiendo es la felicidad.

Muy pocas veces me ha pasado.

Supongo que todo lo bueno viene en pequeñas dosis, para que sepamos apreciarlo de verdad.

  DesvaríosDVDCano :: 12.08.2007 @ 13.12

Era una persona delicada. Me despertaba cuando el despertador no había podido conmigo. Primero me susurraba desde la puerta, ante el fracaso de la primera intentona se acercaba más y volvía a susurrar mi nombre y la hora. El tercer intento era mortal, aunque revestido de la misma suavidad que los anteriores. Ponía su mano en el colchón y lo meneaba suavemente, luego un poco más fuerte, y algo más. Al final combinaba el susurro y el meneo, y nunca fallaba. El niño (siempre fui ‘el niño’) se despertaba al fin.

Hoy he vuelto a despertarme al meneo. Me ha faltado su susurro y su presencia, como me falta ella desde hace año y medio. No ha sido nada desagradable. No me he asustado en ningún momento. Noté que se meneaba mi cama y recordé los despertares de mi madre.

Es una forma genial de vivir un seísmo de 5,1 en la escala esa tan famosa.