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Artículos archivados en esta categoría


  Cine, GeneralDVDCano :: 15.03.2007 @ 01.45

Es increíble como se puede contar una historia que te deje con la boca abierta en apenas treinta segundos. Ciertamente estamos acostumbrados a ver cosas así en el mundo de la publicidad, incluso con algunos segundos menos. Pero en este caso se trata de una película galardonada en la V Edición de Notodofilmfest.com con el Premio del Jurado a la Mejor Película de Triple Destilación. Su título es ‘El origen de la familia’, Francisco Arasanz y Ángel Pazos Betanco son sus directores, y a mi no me cabe duda que muchos vais a verla al menos dos veces seguidas, sin cerrar la boca entre una y otra.

  MúsicaDVDCano :: 12.03.2007 @ 23.39

Una de las virtudes de la publicidad es que a veces nos hace conocer piezas musicales o artistas cuya existencia desconocíamos. Esto me ha pasado muy recientemente con el grupo Sigur Rós, que no sabría si encuadrar en el post-rock (como dicen en la wikipedia), en la new-age o donde. El caso es que este grupo islandes, cuyo nombre significa “rosa de victoria”, son autores del tema ‘Sæglópur: Perdu en mer’, que es utilizado en el spot suizo sobre la anorexia y la bulimia, que ponía en el blog ayer mismo.

Pues bien, he estado conociendo la obra de Sigur Rós y me gusta. Algunas cosas me gustan bastante y otras mucho. También las hay que me aburren, aunque me parezcan ideales como música de ambiente. Pero el tema que me ha entusiasmado realmente es el de ese anuncio, que tiene una fuerza tremenda, y en su comienzo me recuerda a músicos como Michael Nyman, e incluso a Win Mertens u otros maestros del minimalismo.

Os dejo el tema en audio (buena calidad) y el vídeo que he encontrado en el tubito.

  Cine, GeneralDVDCano :: 11.03.2007 @ 13.05

¡Noooooooo! Hemos oído una exclamación como esa muchas veces en el cine. La negación en muchas formas distintas ha sido protagonista en infinidad de guiones cinematográficos.

Hoy, víspera del terrible atentado en Renfe hace tres años, quiero simbolizar en este fantástico vídeo el rechazo a la violencia en cualquiera de sus manifestaciones. Hoy sí que hay que decir que no, un no rotundo.

El vídeo es una colección de momentos irrepetibles en la historia del cine y la televisión, unidas por una palabra: No.

  CineDVDCano :: 06.03.2007 @ 23.17

Encuentro en YouTube estos cien años de cine resumidos en apenas siete minutos. Se trata de un cortometraje llamado Precious Images y dirigido por Chuck Workman. Es un trabajo de 1986, tiene por tanto sus añitos, realizado por quien fue editor de la gala de los Oscars desde el 2000 hasta el 2004, y trabajos como este lo justifican. Su intención era homenajear al cine en su 100 aniversario y con este cortometraje consiguió la preciada estatuílla en la categoría de cortometraje de acción real (short film/live action).

Comienza con el “Rosebaud” de Ciudadano Kane, continúa con el “play it again, Sam”, para terminar de nuevo con las imágenes de Orson Welles seguidas por el dedo de ET y los personajes de El Mago de OZ de Minelli haciendo mutis en alegre caminata saltarina.

Quiero otros siete minutos con los últimos veinte años de cine. Please.

  CineDVDCano :: 22.02.2007 @ 13.49

Es una cachondada momumental. Hay un tío que se dedica a hacer versiones de cinco segundos de bastantes películas. Empezó con versiones de 5 cinco segundos de la trilogía de El Señor de los anillos, que se queda en total en quince segundos. La broma viene de una secuencia de Clerks II en la que un personaje dice que toda la película se puede resumir en gente andando. Pues bien, lo que dice el figura que hace estas versiones cinematográficas breves es que ha eliminado todos los planos en que la gente anda, y se queda con esos escasos cinco segundos (la mitad de títulos, jeje).

A partir de la saga anular siguió con la coña y podemos ver versiones comprimidas de La Guerra de las galaxias y de algunas otras cintas. Es una bobada pero me he reído con ganas, sobre todo viendo ese Titanic fugaz.

En Flabber se pueden ver todos los vídeos. Por mi parte, pongo a modo de ejemplo el de la primera parte de El Señor de los anillos y Titanic.

  Cine, CríticaSenador Palpatine :: 05.02.2007 @ 08.43

Hay películas que, seguramente sin proponérselo, se convierten en clásicos desde el mismo momento en que se proyectan en una pantalla de cine.

Los motivos pueden ser variados, un excepcional guión, un puñado de actores en estado de gracia, un director en un momento especial de su carrera, una música perfecta que envuelve las imágenes y una ambientación cuidada que te hace sentir que lo que estás viendo es real y no una mera y artificial recreación.

Y algo más, por supuesto.

Esa chispa de genialidad de la que nadie conoce la fórmula, pero que hace que el conjunto sea superior incluso a la suma de los magníficos elementos de partida.

L.A. Confidential es todo eso y mucho más.

Recrear el cine negro americano clásico (el de los años 40, fundamentalmente) en nuestros días, suele dar como resultado (hay bastantes ejemplos) un producto artificial que chirría terriblemente y que sabe más a rancio y a un “quiero y no puedo”, que a una obra con entidad propia.

Sin embargo en la película de Curtis Hanson, aun desconociendo sus intenciones originales, todo suena fresco, compacto, mágico y fuera del tiempo. Quiero decir con esto que, si sustituyésemos la hermosa fotografía en color, por el fascinante blanco y negro y cambiásemos a los actores, por los clásicos rostros del pasado, nos sería prácticamente imposible identificar en que año se rodó el film y podríamos fácilmente colocarlo a la altura de otras obras maestras del género como “Retorno al pasado”, “Los insobornables” o “Laura”.

Partiendo de un guión perfecto, redondo y sin fisuras, que adapta la maravillosa novela de James Ellroy del mismo título (con un final ligeramente diferente, que en su día molestó a algunos puristas, por dulcificar ligeramente el desenlace literario), la película retrata una trama donde confluyen policías corruptos, gangsters de medio pelo, periodistas sensacionalistas, prostitutas de lujo operadas para parecer estrellas de cine, arribistas, policías que perdieron sus sueños e ideales por el camino y tipos duros con más corazón que cerebro.

Todo ello enmarcado en un ambiente real, un Holywood y una ciudad (Los Ángeles), que se nos muestra en todo su esplendor fingido sin ocultarnos toda su trastienda de miserias y su submundo escondido tras los “decorados” de cartón piedra.

Y por encima de todo unos actores excepcionales bordando los papeles de sus vidas.

Un Rusell Crowe, de rostro y mirada petrea, capaz de pasar de la furia más brutal a la ternura más absoluta. Guy Pearce, en el mejor papel de su irregular carrera, con sus gafas de petimetre, sediento de ascensos y de gloria, pero con unos ciertos ideales aún intactos. Una Kim Bassinger inolvidable (ganadora de un merecidísimo oscar), más hermosa y real de lo que ha estado nunca.

Y por encima de todos el enorme Kevin Spacey, más inmenso y genial aún que en “Sospechosos Habituales” (otro clásico) o en “American Beauty”. Dos escenas suyas en la película aportan más que la carrera completa de miles de actores juntos.

Él llega, con dos simples miradas, a alturas que otros ni siquiera sueñan.

Una, frente a un espejo, contemplando las arrugas de su rostro, los ideales que se quedaron por el camino y preguntándose en silencio, sin palabras, solo con gesto desencantado que sabe a derrota, si aún recuerda por qué decidió hacerse policía hace millones de años.

Otra, su escena final, en la que con un simple cambio de brillo en sus ojos, escenifica el final más creíble, real y memorable que yo he visto de un personaje en una pantalla de cine.

Jack Vincennes (Spacey), que compagina su trabajo en el departamento de policía con el de asesor de la serie “Placa de honor”, que acepta sobornos de periodistas para vender noticias de detenciones de estrellas de Hollywood. El Sargento Vincennes, cuyas últimas palabras (“Rolo Tomassi”, particular nombre fetiche del que esto escribe), desencadenan en una genial chispa argumental (no existente en la novela de origen) todo el desenlace de la película.

Pero hay más, mucho más.

El rostro de Lynn Bracken (Kim Bassinger), la prostituta de corazón tierno con toda una vida a sus espaldas, que sabe ver más allá de la aparente tosquedad y brutalidad de un Bud White (Russell Crowe) atormentado por los fantasmas de su pasado y por toda la basura de su presente.

Un Ed Exley (Guy Pearce), tratando de demostrarse a sí mismo y a los demás que puede llegar a donde su padre lo hizo, atrapando a un asesino anónimo y sin rostro que solo existe en sus dolorosas pesadillas de la infancia.

Y por último, un villano a la altura de las circunstancias, el genial, sibilino y pérfido Dudley Smith (James Cromwell), tan canalla y oscuro como aparentemente intachable e inmaculado.

Podría estar horas hablando de esta película (y alargando este “ladrillo” hasta el infinito). Mencionar frases con sabor clásico que guardo en la memoria y que salpican toda la película.

No lo haré.

Es mejor que la veáis y la disfrutéis. Que os dejéis mecer por su magia sin emplear más palabras que no reflejan ni de lejos, la intensidad de cualquiera de sus fotogramas.

  CineSenador Palpatine :: 15.01.2007 @ 17.46

Un día como ayer, hace 50 años, Humphrey Bogart tomaba un último avión, con escala en Lisboa y destino un lugar más allá de las nubes dónde solo habitan las leyendas.

Me lo imagino allá arriba, con un cigarrillo en la boca y un vaso de whisky en la mano, compartiendo juergas interminables con John Houston, ellos dos, que fueron las únicas personas del equipo de “La reina de Africa” a las que el agua no les provoco diarreas ni problemas intestinales. No llegaron a probarla nunca. Utilizaban el whisky hasta para lavarse los dientes.

Bogart es, para la mayoría, el inolvidable Rick de “Casablanca” pidiendo a Sam una canción que le arranca jirones del alma mientras recuerda que en Paris los alemanes iban de gris y ella iba vestida de azul, en una película que desbordaba la pantalla, realizada en una época en la que los guionistas de Hollywood escribían, sin ellos saberlo, frases míticas que permanecerían en la memoria de las gente a través de las décadas y las generaciones.

Pero hay más, mucho más. Montones de personajes y películas “El Halcón Maltes”, “El último refugio”, “Sabrina”, “El sueño eterno”…

Y tantos y tantos nombres inolvidables que llevan su rostro.

Sin embargo, si tuviera que escoger un personaje de Bogart, por encima de Rick o de cualquier otro, me quedaría con Dixon Steele, el amargado protagonista de la maravillosa “En un lugar solitario”. Un ser incapaz de ser feliz, que deja escapar a la mujer de su vida, sabiendo que ese tren no volverá a pasar. Con toda la angustia de sentirse solo, al comprender que la paz y la alegría no pueden habitar en su corazón, porque sus miedos y desconfianzas la rechazan, porque nunca ha aprendido ni aprenderá (quizá por miedo) a ser feliz.

No me resisto a acabar esto sin dejar una línea de la película:

“Nací cuando ella me besó. Morí cuando me abandonó. Viví unas semanas mientras ella me amó.”

Creo que nunca he oído una frase más hermosa y triste que esta que Bogart dedica a Gloria Grahame, en blanco y negro, con Nicholas Ray detrás de la cámara.

Sería un buen epitafio en cualquier tumba.

Por suerte para Bogart, una “flaca” le encontró y nunca se marchó de su lado.

Le enseñó a silbar si la necesitaba y él junto los labios y lo hizo.

Y ese sí que es un epitafio perfecto.

  Cine, Crítica, GeneralSenador Palpatine :: 28.12.2006 @ 10.10

La fiesta ha terminado.

En una habitación medio en penumbra, dos hombres.

Uno, un brillante abogado homosexual, con el cuerpo carcomido por una terrible enfermedad, anclado a un gotero cuyo soporte utiliza a modo de bastón.

El otro, un abogado negro lo suficientemente loco o idealista como para enfrentarse a un poderoso bufete, en un caso con escasas posibilidades de éxito.

Suena un disco de fondo. María Calas susurra una trágica canción.

El abogado enfermo, con el cuerpo convertido en un saco de huesos, cierra los ojos y traduce las palabras de la cantante. Las recita como en un lamento que le traspasa el alma. Siente la música en sus entrañas. Le está hablando de su vida.

En esos momentos finales, se desprende de todas las máscaras, se desnuda y muestra lo que siempre fue, sin esconderse, sin miedo al mañana que nunca llegará.

La música asciende y llena la sala. Su voz se eleva y la acompaña. La Calas canta … yo soy la vida, yo soy el amor. El se pone en pie y la luz baña su rostro espectral, medio vivo. Ya casi muerto.

Mitad soñando, perdido en un delirio, alza la cabeza al cielo y sonríe con los ojos cerrados, mientras el abogado negro le observa fijamente, con expresión sobria y lágrimas serenas resbalando por sus mejillas.

Entonces lo entiende todo. En ese momento de verdad, en ese punto sin retorno, ya no ve un caso por el que luchar. Solo contempla a un ser humano que sufre y muere, victima de una enfermedad absurda, que siente cómo la vida y el aliento se les escapan entre los dedos demasiado pronto (¿alguna vez no lo es?).

Apenas más cosas a destacar, en una película seguramente menor.

Sólo el recuerdo imborrable de las canciones de Bruce Springsteen y Neil Young.

Pero esa escena vuelve a mí cuando menos me lo espero, grabada en mis recuerdos, sin posibilidad de olvido.

  Cine, Crítica, GeneralSenador Palpatine :: 12.09.2006 @ 10.37

Vaya por delante que “Corrupción en Miami” es una de mis series favoritas. Tenía un poco de miedo en que no me gustase su adaptación cinematográfica pero, por otro lado, me moría de ganas de verla. Además tengo la ventaja de que no soy excesivamente nostálgico. Suelo pensar que cualquier tiempo pasado fue peor.

Y la película me encantó.

Se me pasó en un suspiro. Aunque el guión no es muy brillante que digamos y resulta a veces demasiado simplón. Sin embargo en todo lo demás, el acierto es pleno. Detrás de las cámaras está Michael Mann (productor original de la serie) y para mí eso es suficiente. Esa ambientación, ese estilo tan personal y tan “cool”, ese aire épico que Mann da a todo lo que hace (joyas como “El último Mohicano”, “Heat” o “El dilema”), impregna la película desde el primer segundo (un sensacional prólogo en un club de Miami en el que el realizador, cámara al hombro, se mueve como pez en el agua).

Sin embargo es en los actores donde el film gana por k.o. a la serie. Jamie Fox es un actor de reconocida categoría (uno de los pocos actores negros en tener un oscar al mejor intérprete principal). Gon Li (extrañamente, mucho menos guapa de lo que suele aparecer), resuelve con solvencia. Una pequeña (pero importante) aparición del español Luis Tosar en un personaje hierático e inquietante. Un villano de nombre genial (Arcángel de Jesús Montoya), maniático compulsivo de la seguridad. Y por supuesto Colin Farrell. No hay color entre él y Don Johnson. Es el último gran macarra del cine actual, mejor cuanto más chulo es el personaje que interpreta. Y Sonny Crockett es chulo hasta cuando duerme.

Mención especial al final, agridulcemente bello, que (no sé por qué me da) gustará a nuestro web master.

Sólo dos peros: no aparece el caimán de Sonny (uno de mis fetiches favoritos de la serie) y sobre todo no está el teniente Castillo (personaje que bordaba el gran Edward James Olmos), mi cara-palo favorito de todos los tiempos.

  Cine, CríticaSenador Palpatine :: 22.08.2006 @ 09.52

A veces estoy viendo una película entretenida, de esas que me hacen pasar el rato, sin más. Sé, mientras la veo, que nunca formará parte de esa lista imaginaria de mis cien películas favoritas (o algo así). Y de pronto en una escena, sin avisar, surge un chispazo, un fogonazo y algo ocurre en la pantalla que queda grabado en mi cabeza y soy consciente en ese mismo momento de que ese detalle permanecerá en mis recuerdos cinematográficos favoritos el resto de mi vida.

Me pasó ayer por la tarde viendo “Piratas del Caribe 2”. La película me resultó agradable sin más (algo mejor que la primera), sobre todo en la última hora de metraje, pero sabía que en cuanto saliese del cine, no iba a pensar mucho en lo que había visto.

Sin embargo cuando estaba a punto de finalizar el film, en una escena de despedida entre los personajes de Johnny Deep y Keira Knigthley, en un momento mágico y especial sus miradas se cruzan. La cámara mantiene el plano de los dos y sus ojos brillan. Por un instante, unos segundos, guardan silencio. Y esos dos pura sangre, esos dos inmensos actores (Johnny es inmenso a pesar de Jack Sparrow y ella tiene la fuerza y la elegancia de una pantera frente a la cámara) expresan más con el brillo de sus ojos, que miles de líneas de diálogo que ningún guionista pueda imaginar. Son los dos iguales, dice él, dos piratas. Ella no puede negarlo y calla, siente que algo muy profundo la une a él y la atrae sin poder evitarlo aunque lo intente. Y todo lo que uno siente por el otro se refleja en sus rostros, sin palabras, trasmitiendo con su silencio un mundo de sensaciones, como solo los actores hechos de una pasta especial son capaces de hacer.

  Cine, GeneralSenador Palpatine :: 26.07.2006 @ 16.06

Keira Kinghtley seduce a la cámara, con su sonrisa tierna y su aire de pijita dulce y encantadora. Parece la típica mujer florero de cuerpo frágil a punto de caer en la anorexia tan habitual en muchas actrices de Hollywood. En algunas de sus películas se limita a posar y a lucir palmito, en papeles vacíos con escaso o ningún interés. Pero cuando el guión está a la altura (“Orgullo y Prejuicio”, por ejemplo), la inmensa actriz que lleva dentro aparece y su talento lo devora todo. Me sorprendió cuando la nominaron a mejor actriz en la última edición de los Oscar y solté un par de improperios sin haber visto la película. De hecho, fui al cine a verla de mala gana. Pero a los cinco minutos, mis prejuicios cayeron y me deje llevar por aquella mujer maravillosa (en una deliciosa película) que me hipnotizaba y me dejaba con la boca abierta y cara de bobo, sólo con observar su rostro y sus movimientos.

La semana pasada se estrenó “Domino”, con ella de protagonista absoluta y desde que la vi hace un par de días, no consigo quitármela de la cabeza. La película es entretenida, pero ella está muy por encima. Es como un imán que me atrapa cada vez que sale en la pantalla. Increíblemente sexy con un cigarrillo en los labios (todas las mujeres hermosas deberían fumar, al menos en el cine) y con la temperatura de un volcán capaz de derretir un iceberg cuando sonríe.

Ahora, cada vez que pienso en ella, tengo una fantasía recurrente: deslizarme entre sus sábanas en una perezosa mañana de Domingo para descubrir cada centímetro de su piel y comprobar por mí mismo si el tatuaje que luce al final de su espalda es real o sólo es un producto de mi calenturienta imaginación.

  Cine, CríticaJoseba :: 02.12.2005 @ 11.20

El otro día tuve la ocasión de poder ver el estreno de la última película de Harry Potter, basada en el libro del mismo nombre. En primer lugar recomiendo la lectura de los libros, muy amenos, que narran las aventuras de este personaje y sus amigos en los siete años que dura la educación en el colegio especial de magia Hogwarts.

A lo largo de los cursos del colegio, que corresponden con cada uno de los volúmenes, y de las películas, los personajes van cambiando y madurando, desde la niñez a la adolescencia, reflejándose esto tanto en la forma narrativa usada (que pasa desde un tono muy infantil en el primer tomo, a una cada vez más oscura, compleja y violenta), como en el tipo de aventuras que viven.

La película se corresponde con el tomo 4º, penúltimo publicado en castellano. Como no quiero hacer un spoiler, no voy a hablar del argumento, solo de la película en si misma, para no reventar la historia a aquellos que no hayan leido el libro ;-)

Podríamos definir al ritmo de la trama como frenético, apresurado, algo parecido a la primera película del señor de los Anillos, aunque no tan extensa, por lo que se hace bastante menos pesada, aunque es posible que alguien que no se haya leido los libros pueda ver problemas de coherencia en algunos momentos. Aún así, es tremendamente divertida y emocionante, con escenas de tensión muy bien llevadas.

La ambientación, como en las anteriores películas, es excepcional. Ayuda mucho el que los libros esten escritos de forma bastante descriptiva, dando muchas pistas a los infografistas y decoradores, pero la verdad es que se salen. Tanto los entornos del castillo, como la caracterización de los personajes, los diferentes seres que pueblan este mundo fantástico, la representación visual de los hechizos y magias, todo está cuidadísimo, sin caer en el pastelismo inherente a la fantasía peliculera. De hecho, en cada nueva entrega de la saga se superan. Incluso diría que según va avanzando la infografía, el castillo de Hogwarts se va haciendo mas grande y majestuoso. La fotografía también es buena, con un caracter marcadamente épico.

Los personajes, ya en plena adolescencia, son un fiel reflejo de esta edad, con numerosos conflictos personales, una cierta tensión “sexual” no resuelta, cada vez más extremistas y con personalidades mas definidas. Destaca sobre todo la protagonista femenina, Hermión Granger, interpretada por Emma Watson. Esta chica tiene futuro, con una gran capacidad para atraer la atención de la cámara, que hace quedar a sus compañeros de reparto como aficionados amateur.

Respecto a la banda sonora, muy buena, como en las anteriores. También la iconografía y créditos son buenos ,aunque han perdido un poco respecto a la anterior entrega, donde los títulos de créditos aparecían de forma magistral sobre el plano de los merodeadores.

En resumen, una buena película de ficción, entretenida, y en la línea de lo que podemos esperar de esta rentable franquicia.

Le damos un … 8/10. Enhorabuena a los premiados.

  Crítica, TeatroDVDCano :: 09.10.2005 @ 13.51

Imagen producto: D. Q. Pasajero en tránsitoD. Q. Pasajero en tránsito

4 estrellas4 estrellas4 estrellas4 estrellas4 estrellas

Iba al Teatro Gran Vía con cierto escepticismo, al enfrentarme con un bailaor joven, bastante famoso, que ha participado de ese mundo del colorín de los programas y revistas del corazón, solo sea tímidamente, y cuya trayectoria desconocía. Además es un bailarín flamenco, y esa cultura me queda más lejos que la del claqué o el minstrel, por mucho que geográficamente estas estén mucho más lejos. Tenía a su favor que le he estado siguiendo en su tarea como profesor en Operación Triunfo y me ha gustado su capacidad para transmitir a sus alumnos un espíritu libertario y desinhibido, a la vez que les hacía sentir, generando momentos de gran intensidad.

Salí del teatro encantado, deseando recomendar este espectáculo. Me hizo vibrar, me emocionó en al menos un par de momentos y me hizo disfrutar. Amargo es un artista, sea mejor o peor bailarín. Su sensibilidad hacia la danza contemporánea y hacia lo contemporáneo en general, su atrevimiento, su coraje, me pudieron. Entré escéptico y salí entregado, tras casi tres horas de función, en las cuales Amargo es omnipresente, especialmente durante la última media hora, en que se da una paliza de impresión, sin salir apenas de escena.

Rafael Amargo (de nombre real Jesús Rafael García Hernández, Pinos Puente -Granada-, 1975) es empresario, o sea que se juega su dinero, que no es poco en este caso (puede que se trate de la producción de danza más cara que se ha realizado en España, con una inversión de 1 millón de €), es también autor de la coreografía y es el primer bailarín de su compañía. Y aún así permanece atento a detalles del utillaje de la escena, algo realmente sorprendente.

En el espectáculo coinciden el flamenco con el breakdance, la danza contemporánea o el teatro aéreo. También convergen la magia, el cine o video-proyección, así como los poemas visuales proyectados en las tres ‘paredes’ del fondo del escenario. Para mi gusto sobran algunas de las transiciones cinematográficas, que quitan sabor teatral a la función, y muestran a un Amargo mal actor, con una voz que distancia del personaje, gran contraste con la voz en off profunda y quijotesca de Fernando Fernán Gómez. También sobra, a mi juicio, la escena de rockero in live, y se me hace largo el episodio de las bodas de Camacho, si bien es un contrapunto cómico y una concesión entendible a su magnífica compañía.

Pero todo esto está debidamente recompensado con ese número de fondo desnudo del escenario (se ven hasta las luces de emergencia, falta verse el bombero de guardia, como en aquel “Hair” estrenado en el off-Broadway neoyorquino), en la que dos bailarines y una bailarina, torso desnudo, se agitan colgados de un arnés. El teatro aéreo, tan explotado por el “Cirque du Soleil”, cobra aquí un carácter especial, al tener una expresión especialmente dura y moderna. También compensa todo por ese número largo e intenso, esa especie de misa pagana en la fragua, donde se van dando la réplica los bailarines/as y cantaores/as, contando como fondo musical con los martilleos incesantes en un yunque de tres de las cantaoras. Y, por último, compensa por ese emocionante final, el número del “loco señor” (preciosa canción) y la sensual danza entre Amargo y ese excepcional segundo bailarín, Pedro Aunión, con el fondo musical de la canción de Mecano “Otro muerto”. Estos momentos que reseño fueron emocionantes y me convencieron completamente.

Las nuevas tecnologías tienen un papel muy destacado en la obra, cuyo eje se encuentra en un audiovisual dirigido por Franc Aleu, miembro de la Fura dels Baus y Juan Estelrich, quien dirigirá además una película basada en este montaje, según parece.

El paralelismo argumental entre los libros de caballerías del texto cervantino y el mundo de los video-juegos es un tanto endeble, aunque hace recordar, de alguna forma, esa noticia reciente de un joven surcoreano que murió tras estar 60 horas frente al ordenador sin comer ni beber.

Tras esta primera experiencia, no dejaré de seguir la carrera de Amargo, que me proporcionó la otra noche un rato dulce y largo.

[ D. Q. Pasajero en tránsito estará en Madrid hasta el 23 de octubre y desde principios de 2006 permanecerá de gira un total de 18 meses recorriendo España, Francia, América Latina, Estados Unidos, Japón y Australia. ]

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  Crítica, LibrosDVDCano :: 25.09.2005 @ 13.47

Imagen producto: Shadowplay: The Hidden Beliefs and Coded Politics of William Shakespeare - Clares AsquithShadowplay: The Hidden Beliefs and Coded Politics of William Shakespeare - Clares Asquith

Ahora resulta que el dramaturgo inglés tenía ideas subversivas.

El libro de esta reseña, obra de Clares Asquith, erudita escritora especialista en la obra de William Shakespeare (Stratford-upon-Avon, 1564-1616), plantea la teoría de que el escritor era “un subversivo político que escribió su obra para expresar mensajes prohibidos durante el reinado de Isabel I”. El título del volúmen ya lo dice todo «Shadowplay. The Hidden Beliefs and Coded Politics of William Shakespeare», algo así como «El juego de las sombras. Las creencias secretas y la política en código de William Shakespeare».

Se dice que este libro puede cambiar la imagen que expertos e historiadores tienen de la obra de Shakespeare, ya que haciendo caso de la tesis planteada, el dramaturgo no era sólo un ambicioso creador de piezas teatrales, “sino un pensador con ideas políticas revolucionarias”. Las piezas teatrales y poemas de Shakespeare serían una red de rompecabezas que darían pistas sobre sus fuertes creencias católicas y su temor al futuro político de Inglaterra. Según el nuevo libro, como resultado de la Resistencia Católica del período isabelino, que había comenzado pocos años antes de que Shakespeare comenzara a escribir, el dramaturgo inglés “desarrolló su propio código secreto de palabras, un sistema subversivo de comunicación, desarrollado aún más en sus obras teatrales”.

El planteamiento es interesante y revela aspectos como porque Titus Andronicus es tan absolutamente sangriento y perverso, o la razón de la aparente ‘desaparición’ del escritor durante siete años, entre la finalización de sus estudios en Stratford y su boda con Anne Hathaway.

Para el historiador de Cambridge John Guy:

“Solo con que la mitad de los argumentos de Clare Asquith fueran correctos, estaríamos ante el libro más visceral, desafiante e imprescindible sobre Shakespeare que hayamos tenido en los últimos veinte años”.

La obra es digamos ‘revisionista’, pero plantea una visión bastante apasionante sobre una de las mayores figuras de la literatura mundial.