Nunca vas a leer esto. Ni siquiera imaginarás que alguien lo haya escrito. No sabrás jamás mi nombre y el único momento de nuestras vidas en el que nos hemos cruzado (unos escasos cinco minutos, en el hall de un hotel), puede que ya ni siquiera lo recuerdes.

Pero me gustaría volver a encontrarte. ¿Quién sabe si puede pasar? En este extraño mundo, todo es posible. Y me gustaría poder hacer algo que sé que no sabré hacer: darte las gracias y tratar en vano de que seas capaz de entender lo feliz que me has hecho y la enorme gratitud que siento hacia ti.

Yo sólo era un desconocido. Uno de tantos, medio frikies, medio absurdos, que se acercan a hacerse una foto contigo, como un ridículo “trofeo” que enseñar a los conocidos cuando llevas un par de copas de más.

La persona que me acompañaba, era tan anónima como yo. Salió a tu encuentro y con una sonrisa, te dio las gracias por algo que quizás a ti te pareció extraño: porque sin conocerte, durante unas semanas, a través de una pantalla de televisión, la habías sacado de sus desgracias, de sus miedos y dolores y la habías hecho sonreír, llenarse de alegría y amar un poco más la vida.

Sin embargo, a pesar de lo loco que pudiese parecer su comentario, tu respuesta no fue fría. Tu gesto, espontáneo, natural, franco y sincero (y yo me precio de saber cuando alguien es pura bondad y no fachada), fue darle un beso y un cálido abrazo, decirle lo bonita que era, mirarla a los ojos y preguntarle como le iba todo y cómo estaban las cosas.

Te sentí tan real, tan cercana, tan hermosa, que ni siquiera reparé entonces en mirar tu hermoso cuerpo. Soy incapaz de recordar siquiera la ropa que llevabas. Sólo recuerdo el brillo de tus ojos y tu cálida sonrisa, esa que nunca olvidaré.

Te hubiese llenado de besos en ese instante y te hubiese regalado los tesoros de mil mundos, si los hubiese tenido en mis manos.

Sólo por tu bondad, por ese gesto hermoso hacia una desconocida que te abrió su corazón y que recibió de ti un abrazo que quizás nadie le había sabido dar en muchos años.

Tú se lo diste, sin esperar nada a cambio.

Y ahora yo te debo algo que nunca te podré pagar.