Parece que en su púlpito nocturno (con apariencia de informativo) de Telemadrid, el escritor Sánchez Dragó aconsejó el uso indiscriminado de la melatonina, una hormona que dijo “forma parte de mi elixir de la eterna juventud”. Ejem.

Me da igual que sea ilegal recomendar en un espacio público el consumo de una sustancia que solo se administra con receta, o que animara a la peña a comprarla ilegalmente por Internet. Según leo en El País, el Ministerio de Sanidad le ha denunciado por todo esto. Pues muy bien, hablarán los tribunales. Lo que me alucina es que este tipo considere recomendable su forma de vida, y hable de “elixir de la eterna juventud”. Un individuo que tiene el rostro ajado de quienes pasan prolongadas y poco sanas exposiciones al sol, como algunos agricultores. El autor de libros que no ha escrito él, según propia confesión. Quien pelotea sin desmayo a los que le han dado ese ridículo púlpito televisivo. Ese mismo, es el que se cree depositario de una dádiva otorgada por la química de un fármaco. Cree que puede hacer un bien a la comunidad compartiendo el secreto de su virtud. Pero qué eterna juventud y qué narices. Si ni siquiera parece estar totalmente en su sano juicio.

De tomar como referencia la hormona esa, y dado el estado que muestra el personaje en cuestión, yo diría (por el bien de todos, igualmente) que no se atreva nadie a tomarla. No vaya a ser.