Los hay que tienen en sus propias capacidades una frontera que se me antoja más férrea que el muro de Berlín. Ahora que estamos huérfanos de ‘tomate’, pienso en donde irán a parar esos reporteros que se han quedado sin programa y que de alguna forma han sido imitados en otros programas de otros canales televisivos.

El reportero es una especie extraña, rara avis a la que se exige cada día dar un salto mortal más exagerado. Tanto como inexplicable y absurdo. A saber donde habrá quedado ese reportero de siempre, que cumple con su trabajo sin ningún propósito de convertirse en protagonista. Aunque lo cierto es que siempre ha habido buenos y malos reporteros.

A este respecto recuerdo a una reportera becaria en un programa de madrugada en la cadena SER de hace más de 25 años. Era un programa al estilo Iker Jiménez, posiblemente el programa que este escuchaba siendo un niño y por el que se aficionó a las ciencias ocultas y los enigmas recurrentes para la humanidad. Lo presentaba Antonio José Alés, un tipo extraño de radiofónica voz que realmente pretendía trabajar ante el microfóno haciendo lo que fuese, y encontró inmejorable ocasión con la parapsicología y los ovnis. Tanto fue así que después de conseguir cierto relieve (ir detrás de butanito le ayudó bastante) logró hacer una segunda parte del programa en donde la temática cambiaba radicalmente. Recuerdo programas deliciosos en los que hablaban del chiste como fenómeno social, o hacían un juicio a la historia sentando en el banquillo a un personaje como Pilatos. Eso a las tantas de la madrugada, y cambiando de tercio tras aquello de las psicofonías que tanto acojonaba cuando las presentaba la voz grave y contundente de un gran comunicador como Alés.

No sé que fue de él, aparte de alguna pista que mejor olvidar. Pero recuerdo a la becaria de su programa, a la que llamaba “Super Chelo”, haciendo de reportera en la calle, no sé con que tema de trasfondo. Y me viene a la memoria el momento en que se acerca a una cabina de teléfonos (entonces no había movil, las cabinas eran muy usadas y era frecuente ver a gente esperando delante de una) y le hace a alguien que esperaba en la cola la siguiente pregunta: “¿Qué haces aquí?”. Hombre… está claro, ¿no? Pues… esperando a llamar por teléfono, diría yo.

“Super Chelo” es hoy una periodista de las llamadas “del corazón” (Yale y Amilibia decían “del hígado”). No extraña nada su destino, sabiendo como fueron sus comienzos. Es un ejemplo inverso, a pesar de que haya logrado trabajar en el Hola (biblia rosa) y los viernes noche en Antena 3 televisión.