Es un mundo extraño.

En medio de la nada, en ninguna parte… en mitad del vacío infinito los extraños se conocen y aprenden a amarse sin haberse mirado nunca a los ojos.

Muchas veces ni siquiera hay rostros, sólo nombres curiosos de seres anónimos que garabatean palabras y las lanzan al aire, esperando encontrar una respuesta, un minuto de calor, una simple sonrisa o quizás sentirse menos sólos en el mundo.

Y unos se odian y otros se quieren. Forjan amistades que juran indestructibles y que la mayoría de las veces son tan frágiles y tan breves como el humo de un cigarrillo. A ti te quiero, a ti no te soporto y te mataría, pero contigo… contigo podría vivir el resto de mis días.

Hay cientos de mentiras, miles. Palabras fáciles de decir en medio de la soledad. Verdades quizás instantáneas que se dicen con el corazón pero se olvidan con un solo parpadeo. Es el ahora lo que cuenta. Quizás no haya mañana.

Y otros buscan diversión. Simplemente. Sexo, calor y humedad en la distancia y probablemente probarán el polvo de sus vidas, porque los anónimos se sienten libres y cada uno puede ser quién le apetezca ser. Nunca quise ser yo, siempre soñé con ser él o ella y ahora puedo serlo sin que nadie descubra la mentira.

Muchos ni siquiera llegarán a saber nunca el nombre del otro. Ni les importará. A veces casi se puede palpar el vacío y la soledad.

Pero otras veces, las menos quizás, los extraños dejan de serlo y encuentran en la distancia y en los hermosos desconocidos, un calor y un cariño más real incluso del que nunca han tenido.

En determinados puntos de la inmensa red, algunas almas se tocan, se acarician, se miman, se comprenden, lloran en el corazón del otro y se sienten plenas y queridas. Y la ficción, el gran teatro, deja de ser una farsa para convertirse en algo más real, más profundo y más sincero que la vida que a diario viven. Se despojan de máscaras, de atrezzos, se desnudan de forma brutal a corazón abierto y conocen el cariño y el amor de la forma en la que siempre soñaron que debería ser.

Son ésos momentos mágicos que no se irán jamás y que perdurarán para siempre.

Esos amigos, esas almas lejanas en la distancia física, pero tan cercanas en el corazón que cada vez que los sientes, puedes rozar su piel y decirles al oído lo feliz que eres de haberlos conocido.

Es en ese lugar extraño, creado casi por accidente, donde me siento yo, donde soy la persona que siempre he querido ser y no pude.

Y es allí dónde están ellos, unos pocos (muy muy pocos) pero tan importantes para mí, que apenas soy capaz de recordar lo vacío que me sentía antes de que ellos llegasen.