Cañizares, ese siniestro prelado que ejerce de arzobispo de Toledo, va con capa por la vida pero sin super-poderes. Además mucho me temo que no se cambia en una cabina de teléfonos sin que nadie logre apreciarlo, sino que le ayudarán en esa labor un par de monaguillos como el que sujeta su cola (la de su vestimenta). Y no digo más, que me brotan las palabras lamer y pelotas de forma procaz e irrefrenable.

Super Cañizares

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