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Archivo mensual


  CaprichosDVDCano :: 12.07.2007 @ 20.40

Si tienes algún problema cardiaco, eres hombre y heterosexual, no te recomiendo que veas este vídeo. Scarlett, sí, la Johansson, y las maravillas que la imaginación y el retoque fotográfico son capaces de ejecutar.

En dos palabras: Im-presionante, como decía el torero.

Aunque en la realidad está mucho mejor. Para muestra… una foto.

Scarlett

  DesvaríosSenador Palpatine :: 11.07.2007 @ 17.16

¿Cómo dejar de imaginarte entre sabanas blancas y húmedas?

Tu cama no tiene nada de común, no se parece a nada que yo conozca. Es ese lugar al que sueñas llegar desde el mismo momento en el que sabes que existe.

Te imagino desnuda sobre las sábanas con el pelo despeinado, con una sonrisa pícara en los labios mientras juegas con tus piernas.

Piel que quema, manos torpes que no consiguen apagar tu fuego. Boca temblorosa, al probar la tuya. Fiebre enferma de ti. Ansia infinita.

Háblame al oído de lugares mágicos. Países lejanos donde el tiempo no transcurre, detenido sobre tu piel. Noches eternas donde la luna nunca se pone y la desnudez de tu cuerpo jamás abandona mi cama.

Oscuridad infinita en la que deshacerse sobre caricias perpetúas y emborracharse del olor de tu vientre, deslizarse por pasiones y resbalar las horas como cuentas, una a una, por los lunares de tu espalda.

Aguas dulces y saladas, fuentes claras que manan de tu sexo.

Tú das la vida y conviertes el desierto en agua.

Sólo existes tú y sin ti no hay nada.

Hermosa y voluptuosa. Dulce y tierna.

Eres la pantera que me devora.

Arráncame la piel. Muérdeme los labios hasta hacerme sangre. Tritura mis huesos con tu cuerpo. Redúceme a polvo y vuelve a crearme con tus manos como te plazca.

Sólo deseo ser tuyo, más de lo que nunca he soñado con ser de nadie.

Tú creas las maravillas del mundo y te vistes con ellas, porque es tu piel desnuda un resumen de todas esas maravillas. Tú que me has enseñado el pecado, la lujuria y lo prohibido, deseando la oscuridad de tu pubis ardiendo en mitad de tu piel caliente y encendida.

Todos mis sueños nacieron contigo.

Tú borras el vacío y garabateas anhelos en mi alma.

(Para ti, porque es tan tuyo como mío).

  PublicidadDVDCano :: 11.07.2007 @ 16.58

Por dos razones diferentes traigo dos campañas que vienen revestidas de polémica.

La primera es de la firma de ropa Sisley, del grupo Bennetton y que hereda de este un estilo publicitario provocador, especialmente cuando Oliviero Toscani se hizo cargo de su imagen de marca, si bien abandonó la factoría hace unos siete años. Pero Toscani dejó huella como publicista, de igual forma que lo hizo en la revista COLORS, ese auténtico lujo para coleccionistas (tengo unas cuantas entre mis miles de papeles). El creativo del impreso que presento ahora es Alex Sean (para la agencia Zoo Advertising, de Sanghai -China-), y sin duda tiene tan pocos prejuicios como el gran Toscani. Pero… ¿apruebas una provocación así?

Sisley - Fashion Junkie

La otra polémica es por un spot de Toyota en el que no aparece ni un coche. Sí aparece un elefante, que salta divinamente. El eslogan es “Todo es posible… avancemos juntos”, parecido al de Adidas, y la agencia Cabeza ha utilizado un cortometraje animado del Nicolas Deveaux para la productora francesa Cube. Este se llama’7 tonnes 2′ y en el anuncio televisivo se presenta exáctamente ese vídeo con el añadido del lema y logotipos de Toyota al final del mismo. La polémica es doble, ya que por un lado se cuestiona la oportunidad de promocionar una marca obviando la presencia del producto, y por otro también se cuestiona el uso de un trabajo videográfico ajeno a la producción publicitaria, como ha sucedido en este caso.

Pongo los dos vídeos, el publicitario y la creación de Cube utilizada.

  Mass MediaDVDCano :: 10.07.2007 @ 21.20

Debe ser presente de indicativo del verbo intreserar. Es muy intreserante.

El becario de ELPAIS.com haciendo de las suyas.

Intreseran

  DesvaríosDVDCano :: 10.07.2007 @ 21.05

Luciano era un convencional funcionario al pie de una absorbente pantalla de ordenador. Su aspecto de pulcro personaje intentando terminar un trabajo de archivo y clasificación de todo un cúmulo de datos en la inefable memoria de la diabólica maquinita, no rompía en absoluto con la limpieza y la asepsia del lugar.

Su trabajo en el Ministerio de Hacienda se le hacía doblemente pesado. Por un lado, tenerse que atornillar a su silla giratoria durante ocho horas diarias comprobando e introduciendo nombres, sueldos, ingresos, supuestas declaraciones falsas. Por otro lado, ese sentirse siempre un pelín traidor colaborando en descubrir pequeños fraudes en los impuestos. Cansada le resultaba a Luciano Fernández la ocupación que le proporcionaba cobijo y una posición social despreocupada. Cansada, monótona y además cómplice de esos urbanitas vampiros del siglo XX que gestionan los tributos, siempre controlándolo todo. Su vida era, pues, todo un mar de teclas-leds-enters-cables y odiosas lucecitas en forma de letras y números, sobre todo muchos números que, al cabo de unas horas parecen todos una misma mancha verde en una pantalla. Eso era su vida desde las ocho de la mañana y hasta las tres de la tarde, en que el ‘clink’ del reloj en el que debía fichar por dos veces en el día le indicaba que todo había terminado “hasta mañana, si Dios quiere”, como le solía decir el portero de la finca, sin saber muy bien la sensación que esa expresión le causaba a Luciano Fernández. Una sensación de melancolía, desagrado, tristeza y una cierta desazón; aunque Luciano siempre respondía con una irónica sonrisa y un apresurado “hasta mañana”.

Ese sonido del reloj que siempre martilleaba al entrar y salir del trabajo, tenía en ambas ocasiones tonos bien distintos. La obligación, casi la esclavitud diaria, a primeras horas de la mañana. Una cierta liberación y, sin duda, un cambio, un quiebro en el transcurso del día, cuando el reloj suena poco antes de comer, al filo de las tres. Pero, si para todos ese último timbrazo suponía un cambio, en Luciano Fernández este cambio era insospechadamente importante…

Después de su trabajo diario, nuestro ‘convencional’ funcionario solía hacer pocas cosas, muy pocas. No comía. No, extrañamente sus compañeros nunca le habían visto tomar algo en el garito de abajo. Ni una cerveza, ni un bocadillo. Los quince minutos que consiguieron del jefe de personal del Ministerio, precisamente para tomar el bocadillo, Luciano los consumía sentado en un sillón al fondo de un oscuro pasillo. Pensando, haciendo planes, como absorto, casi muerto. Nadie sospechaba lo que podía pensar, solo él lo sabía. Y no podía ser en otra cosa. Esa era prácticamente (y sin prácticamente) su única ocupación fuera del trabajo.

Y es que la casa de Luciano cuando él llegaba se convertía siempre en una especie de misterioso templo del ocultismo y extrañas supercherías. Las puertas, ventanas, persianas, cortinas, todo cerrado, tapado, como clausurado por hoy y aislado del mundo exterior. Para los vecinos era un ‘bicho’ raro, pero tampoco llegaron a extrañarse demasiado, ya que no ‘lo’ veían apenas. Siempre iba corriendo por la calle, y en el portal: meter la llave, subir las escaleras a saltitos, entre nerviosos y alegres, y volver a abrir otra puerta con otra llave, para cerrarla después, era todo una misma cosa. Ya estaba en casa. Podía recuperar ahora el tiempo perdido, podía continuar su extraña búsqueda justo donde la dejo ayer.

Y Luciano Fernández se tendía entonces en una extraña cama de madera, en el centro geométrico del inmueble, con su cabeza orientada hacia el Norte. Y entonces parecía que dormía. O quizás dormía realmente. ¿Quien puede saberlo? El caso es que, durmiera o no, era en ese prolongado momento cuando él se sentía más feliz. Era ésa su verdadera vida. Ahí culminaba cada tarde y cada noche, sin interrupción, su proyecto de muchos, muchos años atrás. Era entonces cuando podía hacer lo que siempre le gustó, porque ese era su hobby, una antigua afición que le quitaba todo su tiempo. Pero merecía la pena. Nadie había conseguido, ni conseguiría nunca, una colección como la suya.

Por las mañanas, Luciano Fernández se levantaba hecho unos zorros. Había sido dura la búsqueda esa vez, siempre lo era. Entonces, Luciano presentaba un aspecto completamente diferente al habitual. No, no me refiero a la pinta que solemos tener todos al levantarnos. Lo suyo era distinto. Luciano entonces no era el mismo, nadie le reconocería en ese ’su otro estado’, en ese su verdadero estado. La piel enrojecida, de un rojo intenso en algunas partes. Una piel gruesa, llena de protuberancias y señales repugnantes. Esos cuernos retorcidos saliendo de su frente, uno de ellos ya muy cascado. El rabo viscoso e inquieto. Sus pies y manos como garras de un reptil o un saurio. Y su barbilla infinita, que recordaba las barbas de los chivos, larga como un demonio. ¿Como un demonio he dicho? Sí, Luciano Fernández antes de sufrir su metamorfosis diaria para ir al Ministerio era lo más parecido a un demonio… era un demonio.

Y todas las mañanas igual. Sentado en la inútil taza de vater, que nunca utilizó y ni siquiera se preocupó por enterarse para que servía; Luciano, salto a salto, espasmo a espasmo, conseguía su aspecto cotidiano de diligente funcionario. Luego, abrir las cortinas y alguna ventana, pasar un trapo a algún mueble polvoriento y, sobre todo… sobre todo guardar cuidadosamente su tesoro más preciado. Mejor dicho, su único tesoro. Ese que llevaba mimando y ampliando cada día desde hacía un tiempo. Una enorme tabla que Luciano guardaba en un nicho realizado en una pared exterior de su casa. Una tabla enmarcada con unos junquillos de madera y con un cristal encima. Una tabla como esas donde los coleccionistas de mariposas y otros insectos pinchan disecadas sus cotidianas presas.

Pero esta tabla de Luciano era especial. No eran insectos lo que Luciano guardaba y ordenaba con especial cariño. Alineados perfectamente en columnas de seis, de arriba a abajo, se veían en la tabla decenas, quizá algún centenar de tiernos angelitos fijados por un alfiler en el exacto centro de gravedad de sus pequeños cuerpos. Decenas o cientos de angelitos, con sus alas perfectamente desplegadas y escrupulosamente intactas. Sus túnicas azules, como almidonadas, que no se hubieran levantado nunca dejando ver el sexo de los sacrificados angelitos, aunque se hubiese dado la vuelta a la tabla. Sus ricitos rubios, como recién salidos de la peluquería. Todos descalzos. Todos ‘impecables’. Todos disecados. Y en la cuarta fila, en una de las columnas de la derecha, su ejemplar preferido. Un ejemplar único. Un deslumbrante angelito negro como el betún, que aún conservaba el gesto de alegría y una cierta frescura en su piel. “Una piel -pensaba Luciano- que sería, sin duda, de características diferentes a las pieles de los demás angelitos, para no haberse secado del todo todavía”. Una ‘piel de ángel’ que provocaría en cualquiera mayor excitación que ninguna otra… Por ese ejemplar sí que valía la pena tanto esfuerzo.

Luciano guarda todas las mañanas su preciada tabla en el hueco de siempre y después lo cierra con llave, la misma llave de la puerta de su casa. Era una colección ‘fantástica’. Después se viste y sale de casa camino del Ministerio. Y mientras sale, y se dispone a enfrentarse con su frío ordenador, Luciano Fernández se dice a si mismo, con convicción, todas las mañanas: “Nunca nadie podrá igualar tu colección. Nunca ¿sabes? Nadie ¿sabes?”.

  Tecnología e InternetDVDCano :: 10.07.2007 @ 17.18

Inesperadamente desesperante. Yo no sabría que contestar. ¿Sí? ¿No? ¿Aceptar? ¿Cancelar? ¿Abortar? ¿Reintentar? ¿Ignorar?

Lo de abortar no sé si me hace pensar antes en ‘Misión imposible’ y ese genial momento cinematográfico (”aborten, aborten!, les estoy ordenando que aborten!…”); o en la Conferencia Episcopal.

Lo mío quizá sea ignorar, pero ya advierto que generalmente no sirve de nada.

Es genial este pantallazo, equiparable a aquel que decía: “nada que hacer”, mala traducción de “no hay tareas pendientes”, que cuando aparece en forma de error parece estar anunciando una situación apocalíptica… “no hay nada que hacer, el equipo se autodestruirá en diez segundos” (de nuevo ‘Misión imposible).

Pantallazo

  DesvaríosDVDCano :: 10.07.2007 @ 02.58

Tras tres años y medio de convivencia se dieron cuenta de que no eran nada. Las horas se desvanecían entre los dos, que habían reducido la comunicación a lo mínimamente imprescindible. Por la noche él se iba a la cama a leer mientras ella apuraba el último cigarrillo, y el último tras el último y alguno más después, viendo su teleserie favorita o jugando un rato con sus personajes de ficción de los ‘Sims’. A veces echaban de menos aquel tiempo en que usaban por turnos el colchón (taciturno, como la canción de Mecano). Esa época en que él trabajaba de noche en una fábrica y ella ocupaba las tardes dando clase en un colegio privado. No tenían apenas horas pero hacían siempre lo posible por coincidir, tan sólo fuera un rato. Ahora tenían todo el tiempo del mundo, ella dejó las clases y trabajaba en casa, él pasó a ocupar un puesto de comercial en su empresa y solamente trabajaba las mañanas y un par de tardes por semana. Pero cuanto más tiempo estaban juntos mayor era el abismo de incomunicación que se abría entre ellos.

Una noche, mientras cenaban, ella le miró con cariño y el se asustó. Algo tenía que pasar y no le traicionó la intuición. Empezaron a sudar las palmas de sus manos y de repente sintió ganas de llorar. Cuando ella se dio cuenta pensó que no podía dejar pasar más tiempo y se lo dijo: “No somos nada”. “Sí, cariño”, contestó él. Pero era tarde.

Esa noche no durmieron juntos. A la mañana siguiente no se hablaron, como era ya costumbre. Ella preparó el zumo y las tostadas integrales, para salir inmediatamente después. Salió pronto, tenía hora en el dentista. Él cogió su maletín y caminó por la ciudad. Cada cierto tiempo sacaba su móvil del bolsillo para mirar si ella le había dejado algún mensaje. Deseaba con toda intensidad que le dijera que no era cierto, que eran algo el uno para el otro. “No somos nada, no somos nada, no somos nada…”, la frase se repetía en su cabeza como una letanía martilleante. No lo quería creer, pero la idea le iba inundando el ánimo hasta convertirse en lo único a su alrededor. Entonces apareció aquella furgoneta de mensajero y apenas le dio tiempo a convencerse de que la frase era ya una realidad. Ahora sí que no era nada.

Cuando un compañero de trabajo le comunicó la horrible noticia ella la recibió con frialdad, diría que con indiferencia. Había desaparecido su nada. Esa misma noche reparó en su error. Le echó de menos y lloró durante días enteros. Desde entonces apenas habla con nadie, tan sólo con sus perros. Apenas sale, apenas come, apenas piensa, apenas vive. Ella también quiere ser nada.

  Caprichos, ClipsDVDCano :: 08.07.2007 @ 04.37

Bueno, y ahora que no se entera nadie me voy a dar un regalito extra relacionado con Lloyd Webber. En 1985, y tras la muerte de su padre (experto en música sacra) compuso una misa de Requiem con la que consiguió algo realmente insólito, y fue llevar al número uno de las listas de éxitos británicas un tema en latín. Se trata de ‘Pie Jesu’, interpretado en la grabación original por la que era su esposa entonces, Sarah Brightman (como soprano), y el niño Paul Miles Kingston (como treble).

Pie Jesu, qui tollis peccata mundi, dona eis requiem sempiternam (aeternam).

En esta grabación Webber tuvo el placer de contar, además de los citados, con Plácido Domingo (como tenor), impresionante intérprete del ‘Hosanna’, y la dirección del gran Lorin Maazel, al que tantas veces vimos felicitando el año nuevo desde Viena, dirigiendo los compases de los Strauss.

Pongo un video clip del ‘Pie Jesu’, y el ‘Hosanna’ en la grabación del concierto original de este ‘Requiem’.

  ClipsDVDCano :: 08.07.2007 @ 04.05

La obra de juventud del compositor inglés Andrew Lloyd Webber es ‘Joseph and the Amazing Technicolor Dreamcoat’. Un título largo y extraño tras el que se encuentra un ejercicio escolar que terminó siendo estrenado cuando tenía 20 años (en 1968), y que recoje la historia del cuento bíblico de Joseph, hijo de Jacob, y sus once hermanos.

Joseph and the Amazing Technicolor DreamcoatYa entonces trabajó Webber con el letrista Tim Rice, con quien firmara sus más importantes obras: ‘Jesucristo Superstar’ y ‘Evita’, fundamentalmente. Tras casi cuarenta años, ‘Joseph…’ se sigue representando en todo el mundo, con frecuencia en Londres, lo cual demuestra el poder inmenso que tiene su autor en la industria teatral inglesa. Él convirtió el teatro en una industria, a través de su empresa ‘The Really Usefull Teather Company’ (la compañía teatral realmente útil), y además de ser compositor de la corte británica, por supuesto Sir y vivir en un castillo con una bodega que haría empalidecer de envidia a cualquier entendido, realmente lo más importante es que se trata de un compositor de melodías realmente inmejorable.

Lloyd Webber me hizo amar el musical. Lo hizo con las dos obras que he mencionado, denominadas entonces ‘óperas rock’, y realmente eran formalmente óperas por cuanto consistían en una sucesión de canciones que bastaban para relatar la acción. El concurso de Tim Rice, que además de letrista de las canciones hizo un buenísimo papel de libretista, hizo que las historias en esas funciones estuvieran fantásticamente contadas. También consiguió Rice dotar a las canciones de una musicalidad vocal muy particular, algo que venía a mejorar la calidad de sus melodías. Como digo, Webber es el gran maestro de la melodía. Tan dotado está para ello que a veces pareciera que estuviera poseído por un embrujo sobrenatural.

Hablaría sin parar de la historia de esta pareja de autores, que en la pubertad realizaran este trabajo llamado ‘Joseph and the Amazing Technicolor Dreamcoat’. Pero, de momento, me limitaré a presentaros una canción de esta obra, ese ‘Close Every Door’ que es buena muestra de la capacidad de Webber para componer melodías increíbles. Es uno de mis temas fetiche, y lo traigo aquí interpretado por Donny Osmand, que estrenara esta función, en un programa televisivo del que no puedo contar nada porque lo desconozco, pero sí he de decir que la versión es muy buena. Y de otro show televisivo, llamado ‘Angel Voices’, la segunda de las versiones, en la que el tema es interpretado solamente por niños, que en definitiva para voces infantiles fue compuesto originalmente.

  PublicidadDVDCano :: 08.07.2007 @ 03.27

Me encanta esta publi del semanario The Economist. La frase es enigmática y me ha dejado pensativo. Hablamos siempre de nuestras decisiones finales, pero nunca de las indecisiones finales. ¿Es esta tu indecisión final?, pregunta este impreso publicitario. Y cuando uno lo piensa se llega a asustar por las muchas indecisiones que han podido marcar toda una vida. Pero eran nuestras indecisiones, tan nuestras como las decisiones.

The Economist

  Tecnología e InternetDVDCano :: 07.07.2007 @ 01.48

Es sabido que el de Flickr me parece uno de los mejores servicios nacidos en la Internet más reciente, de fuerte inspiración en las redes sociales y las tendencias estéticas y funcionales de la llamada Web 2.0. El gran concepto que tengo de esta web no condiciona mi opinión sobre el movimiento acusatorio de censura que viene formándose desde hace unas semanas, aunque a modo de disclaimer me interesa dejarlo claro de principio. Y, de igual modo, aclaro que no tengo interés comercial alguno en esa empresa, de la que soy cliente de ‘paganini’, al tener una cuenta ‘Pro’ (de pago) que me permite condiciones más generosas al alojar mis fotografías.

El asunto es el siguiente: Los usuarios que se conectan a Flickr desde una cuenta de Singapur, Alemania, Hong Kong o Corea, solamente pueden acceder a fotografías marcadas como ‘Segura’ (opción predeterminada) y no aquellas que se hayan marcado como ‘Moderada’ o ‘Restringida’. Tan solo es esto. Pues bien, ahora yo reflexiono sobre ello.

Hay una primera reflexión que parece evidente, aunque no es mi objetivo en esta nota. Vamos a ver, cuando uno sube una foto a uno de sus álbumes en Flickr no hay nada sobre esto. La foto es marcada de forma predeterminada (ya digo) como ‘Segura’, y para modificar esto hay que entrar posteriormente en una página bastante oculta, a la que se accede por un enlace en la parte más baja de la página de la foto, el último de los enlaces, tras las clasificaciones, etiquetas, licencias y otras informaciones adicionales. Tan poco relevante es ese ‘marcado’ de la foto, que no había reparado nunca en el mismo. Esta escasa relevancia podría tener intencionalidades ocultas de no haber sido porque si no tocamos nada todas, repito todas, nuestras fotos son marcadas como ’seguras’. Por tanto, ¿no es excesivo meter ruido por esto?

Pongámonos en el supuesto de que alguien que ve una foto de otro pudiera reclamar un cambio en el ‘marcado’ de dicha foto, algo que no he encontrado por ningún lado como hacerlo, si es que es posible. O, más sencillo, que fuera propiamente Yahoo (propietarios del servicio) quien decidiera tal cosa ejerciendo un papel moderador. Pues bien, en tal caso le cabe a uno decidir si continúa manteniendo su apoyo al servicio o retira de ahí sus fotos y se va a otro lado con ellas, que servicios similares existen. Y a ello voy, pero antes me interesaría saber si tantos que han apoyado el movimiento Against censorship (dicen que son más de 13.000) saben de algún caso de fotografía a la que alguien (no su autor) le haya modificado ese ‘marcado’ del que hablan (que es una traducción extraña y confusa, yo tal vez hablaría de ‘clasificación’).

Pero lo fundamental es, a mi juicio, una (inexistente) cultura de la aceptación del servicio. Me explico. Internet nos ofrece servicios dispares con distintos grados de control. Llamemos a esto comprobación, observación, autoridad, administración, moderación (como más comúnmente se conoce) o como queramos. Si buscamos un servicio no moderado, en el que no se establece ningún tipo de control, es probable que lo encontremos, y en caso contrario tenemos la llave maestra en nuestra mano. Basta con abrir nuestro propio servicio utilizando nuestros medios propios, ya sea para nuestro uso exclusivo o también el de otros, algo que hoy en día puede ser bastante sencillo. Si lo que buscamos es un servicio de calidad, administrado por otros, en el que el grado de moderación nos parezca razonable, sin ser este el único ni siquiera el principal de los condicionantes, pues podremos elegir dentro de una oferta más o menos amplia. Pongamos el ejemplo de un foro. Yo busco un foro sobre cierto tema en Internet. En primer lugar, pongo el condicionante que sea en mi propia lengua, y luego que no esté moderado en absoluto, es decir, que nadie decida bajo ningún concepto sobre lo que se puede publicar o no. Bueno, podemos encontrarlo, pero la segunda de las condiciones nos lo va a poner más bien difícil. Si bien siempre tendremos la opción de contratar un dominio con el nombre que queramos (que esté libre en la red), un alojamiento y utilizando un script público montar nuestro propio foro. No es ni caro ni complicado, y es la forma incuestionable de dotar a Internet de un servicio de foro sobre el tema pretendido y con el grado de moderación que deseemos, que si es nula pues así será.

Se me ocurren las dos opciones relatadas a la hora de pretender el servicio buscado con las condiciones establecidas por uno mismo, pero probablemente habrá más. La solución que no alcanzaré nunca a comprender es la de aceptar el uso de un servicio para inmediatamente convertirnos en opositores del mismo, pretendiendo modificar sus reglas de moderación (control, comprobación, observación, autoridad, administración, o como lo llamemos). En definitiva, que no entiendo como se puede desear utilizar un servicio cuyas reglas (en general) nos parecen cuestionables. Imagina que en la plaza mayor de tu ciudad alguien ofrece café gratis para todos. Tú tienes dos opciones, o te acercas a por tu vaso de café o decides no hacerlo. Pero, ¿qué sentido tiene aceptar tu ración para después ponerte de nuevo en la cola despotricando por la calidad del café, o porque lo sirven en vasos de papel, o quizá porque hayan decidido dar solamente un café por persona y día? Digo más, si no te gusta el café de Starbucks (soy semi adicto) no vayas a ese establecimiento. Entiendo que si sus cafés te parecen horrendos lo grites a los cuatro vientos, pero no que vayas a escupírselo al barista (así les llaman ellos, y me mola), ni que decidas liderar un movimiento en contra de ese café, formado por gente que cada día va a por su ración, mientras le dice al resto de clientes que es un líquido infecto. A ver, unos ofrecen algo gratis, para quien lo quiera, y los otros lo cobran (bastante bien) igualmente para quien decida pagarlo. Los que no lo quieran no están obligados.

Está ya meridianamente claro mi argumento, pero para que no se diga lo diré sin metáforas. Los que acepten las condiciones del servicio de Flickr que sigan siendo usuarios (o clientes de pago), y quienes crean que se escapa de lo que para ellos es exigible que eliminen sus fotos, cierren su cuenta y busquen un servicio mejor. Que conste que me parece perfecto que cualquiera haga esto a la vez que, solo o de forma grupal, decide protestar por ese servicio e incluso pueda pretender su desprestigio. Pero, por el amor de dios, ¿a santo de qué siguen siendo usuarios? ¿No es una completa contradicción? Es como seguir tragando del café que no te gusta, o que sí te gusta pero discrepas de su proceso industrial, o qué sé yo. Personalmente no lo entiendo.

Alguien me puede decir que las condiciones del servicio han sido modificadas desde que decidió ser usuario del mismo, y que eso justifica protestar ‘desde dentro’. No me vale. Si las condiciones eran esas y las ignoraste estás disculpado. Si quieres irte, vete. Si aceptaste unas condiciones y las cambiaron, es hora de que evalúes si siguen siendo aceptables para ti, y en caso de que la respuesta sea negativa, pues estamos en lo mismo. No hemos tomado siempre café en el mismo lado, ¿no?

Resumiendo mi postura diré que el servicio de Flickr me parece magnífico y que sus condiciones de moderación son prácticamente ideales para mí, por lo cual continuaré siendo, por el momento, su usuario y cliente. Y digo ‘por el momento’ porque siempre puede pasar que descubra un servicio que me guste más, cosa que no ha sucedido en los más de dos años que lo llevo utilizando. Y si algún día me deja de molar como lo hacen, o discrepo de su forma de administrar el sitio, borraré mis fotos y elegiré, si me place, otro lugar del mismo palo. Es posible que entonces lo cuente en este blog, y a lo mejor puedo llegar a echar pestes de esta gente. Pero, con todos mis respetos hacia quien decide hacerlo, no voy a seguir perteneciendo a una comunidad cuyas reglas detesto. Bastante hago ya con pertenecer a una comunidad que me admite como socio (Groucho Marx dixit).

  Frases y citasDVDCano :: 07.07.2007 @ 00.13

Un torturador que se suicida no se redime. Pero algo es algo. 

[ Mario Benedetti, citado por JAMS a consecuencia del procesamiento de un miembro del clero argentino por crímenes bajo la dictadura de Videla. Fingía dar consuelo espiritual a las víctimas para conseguir información que luego costaba vidas. ¡Que grandísimo hijo de puta, Dios! ]

  Tecnología e InternetDVDCano :: 07.07.2007 @ 00.08

Copio textualmente el titular de una noticia de BBC Mundo, que es esa web donde casi siempre encuentro algo que me deja con la boca abierta. Deberían aprender algunos en los diarios gratuitos o los redactores de las noticias de la 2. Además respeto el titular porque leí media docena de veces “Sopa de dinosaurio contra calamares” y tras tres días sin apenas comer no solamente me vino un antojo de bocata de calamares, sino que releía la noticia para ver donde estaban los divinos moluscos que rebozados bien de harina tan divinamente saben y huelen (especialmente recomendables en los alrededores de la Plaza Mayor de Madrid, donde hice pellas tantas veces solamente para comer uno). Pero no dice calamar sino calambre, así que a jorobarse.

Sopa de dinosaurioEl caso es que durante décadas, en una provincia del centro de China han estado usando huesos de un dinosaurio para preparar sopitas medicinales pensando que provenían de un dragón. Según Dong Zhiming, de la Academia China de las Ciencias:

La gente creía que eran huesos de dragones que volaban en el cielo.

¿Y qué de malo hacían? ¡Por humanidad! Ahora exhibirán los huesos en un museo, como si estuvieran mejor empleados así. El dinosaurio en cuestión vivió hace 100 millones de años o por ahí (periodo Cretácico de la era Mesozoica), medía unos 18 metros de altura y era hervíboro (que mono, un bicho tan grande comiendo solo lechuga). ¿Que no volaba? Bueno, ya. No se puede tener todo.

(Aclaro que estoy bien ya, no se me ha ido la cabeza ni nada. ¡Pffff! Pero es que me imagino esto como un episodio de una serie de humor o algo así, y no puedo evitar que me de la risa).

  GeneralDVDCano :: 06.07.2007 @ 23.46

Deberían detenerse antes de sumirse en el escándalo. O mejor, no escandalizarse hasta después de haber tenido los próximos dieciocho orgasmos. A lo mejor así se les pasan las ganas.

Me refiero a los que han puesto el grito en el cielo por este vídeo de la UE en el canal EUtube, donde se ven los mencionados 18. Se llama ‘Film lovers will love this!’ y acaba con el siguiente eslogan: ‘Let’s come together’ (si cambiamos ‘come’ por ‘cum’, de similar sonoridad, pasaría de significar ‘unámonos’ a ‘corrámonos juntos’, ambos mensajes igual de bellos).

Y ahora vean el vídeo, o si lo prefieren orgasmen (para estas cosas prefiero el trato de usted, que el tuteo me da corte).