¿Cómo dejar de imaginarte entre sabanas blancas y húmedas?

Tu cama no tiene nada de común, no se parece a nada que yo conozca. Es ese lugar al que sueñas llegar desde el mismo momento en el que sabes que existe.

Te imagino desnuda sobre las sábanas con el pelo despeinado, con una sonrisa pícara en los labios mientras juegas con tus piernas.

Piel que quema, manos torpes que no consiguen apagar tu fuego. Boca temblorosa, al probar la tuya. Fiebre enferma de ti. Ansia infinita.

Háblame al oído de lugares mágicos. Países lejanos donde el tiempo no transcurre, detenido sobre tu piel. Noches eternas donde la luna nunca se pone y la desnudez de tu cuerpo jamás abandona mi cama.

Oscuridad infinita en la que deshacerse sobre caricias perpetúas y emborracharse del olor de tu vientre, deslizarse por pasiones y resbalar las horas como cuentas, una a una, por los lunares de tu espalda.

Aguas dulces y saladas, fuentes claras que manan de tu sexo.

Tú das la vida y conviertes el desierto en agua.

Sólo existes tú y sin ti no hay nada.

Hermosa y voluptuosa. Dulce y tierna.

Eres la pantera que me devora.

Arráncame la piel. Muérdeme los labios hasta hacerme sangre. Tritura mis huesos con tu cuerpo. Redúceme a polvo y vuelve a crearme con tus manos como te plazca.

Sólo deseo ser tuyo, más de lo que nunca he soñado con ser de nadie.

Tú creas las maravillas del mundo y te vistes con ellas, porque es tu piel desnuda un resumen de todas esas maravillas. Tú que me has enseñado el pecado, la lujuria y lo prohibido, deseando la oscuridad de tu pubis ardiendo en mitad de tu piel caliente y encendida.

Todos mis sueños nacieron contigo.

Tú borras el vacío y garabateas anhelos en mi alma.

(Para ti, porque es tan tuyo como mío).