Sucedió una mañana de nochebuena de hace un par de años.
Caminaba sin rumbo fijo por la calle, con la idea de comprar algo en un kiosco, alguna revista o alguna película con la que hacer pasar las horas hasta que llegase la inevitable cena.
La Navidad es una época extraña, mitad melancólica, mitad feliz. Hecho de menos a personas y me siento solo, pero al mismo tiempo me molesta cuando el calendario marca el 7 de enero y todo ha terminado.
Entre en un kiosco al que rara vez iba, cercano a mi casa. No había nadie excepto la vendedora.
Ojee durante un rato las estanterías y al final me decidí por un par de revistas y dos o tres comics.
Pagué y antes de irme le comenté algo a la señora, una mujer de unos 50 años, cuyo rostro me sonaba de otras veces. No recuerdo qué le dije, supongo que algo referente a las fiestas, algo dicho en tono amable, una especie de abrazo a un desconocido en unos días en los que un gramo de ternura siempre se agradece.
Y entonces, sin mediar ninguna razón aparente, la mujer empezó a hablar.
Alguien muy cercano a ella se estaba muriendo. No había esperanza, no sólo por la enfermedad sino por la edad que esa persona tenía. En el hospital incluso, la habían mandado para casa, porque decían que ya no se podía hacer nada.
Me contó llena de angustia, todo lo que sucedía y sus ojos se iban llenado de lágrimas mientras lo relataba. Sin llegar a desbordarse en ningún momento pero al mismo tiempo sin dejar de brillar.
Hablaba en voz baja, como en medio de un sueño, como si estuviese adormecida por algún tranquilizante que hubiese tomado. Y me miraba fijamente a los ojos, pero sin verme.
Tal parecía que estaba hablando con el vacío, con la única esperanza de sacar todo su dolor y lanzarlo fuera de ella, necesitada de una válvula de escape que la hiciese sentir un poco mejor, que la liberase de una losa que pesaba demasiado.
Me estaba contando todo aquello que no podía contar a los que la rodeaban, quizás porque era demasiado íntimo como para hablarlo con familiares y amigos. Tal vez porque ese dolor también les tocaba a ellos muy de cerca y cuando estaba a su lado necesitaba fingir que era fuerte para evitar sumar más tristeza, para que ellos le llorasen a ella y tragarse así las penas de todos mientras trataba de consolarlos.
Pero un desconocido no te juzga y si lo hace no importa, porque no es nadie en tu vida. Solamente te escucha (si tienes suerte) o finge que te presta atención mientras hablas. Pero con eso es suficiente. No hace falta nada más.
Oí su historia en silencio, sin interrumpirla apenas y cuando terminó traté de decir algo evitando recurrir a tópicos o frases hechas que no sirven de nada y que a veces solo parecen un insulto al dolor del otro.
Sólo pude decirle, con toda la ternura de que fui capaz, que nunca perdiese la esperanza. Es lo que siempre me digo a mí mismo e ignoro si funcionó para ella, pero al menos no le mentí, no le dije que todo iba a ir bien o que las cosas se iban a arreglar.
Fue una frase sencilla y simple, inútil, por supuesto, pero ella no necesitaba oír nada. Solo hablar y contar en voz alta, sólo llorar sin escuchar el eco de sus propias lágrimas.
Le acaricié el hombro y le desee mucha suerte.
Nada más excepto ese gesto vacío podía darle.
Espero que de alguna forma, algo de aquello le sirviese de consuelo y ayuda.
Y me fui a mi casa caminando, sintiéndome como un personaje impotente en medio de un cuento irreal y trágico.
Uno de esos cuentos tristes que no deberían suceder ningún día del año, pero menos un 24 de diciembre.
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28.06.2007 @ 10.57
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12 Comentarios a “Los extraños”
1.
Vicky | 28.06.07 @ 11.22
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Vales más que todos los millones de monedas cósmicas de una infinita galaxia junta. Vales tanto, que ni juntando palabras te lo puedo decir.
Pero mira que eres bonito, joío.
Espero que hoy, también le sirva a alguien.
2.
Senador Palpatine | 28.06.07 @ 11.35
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Jajajaja, me vas a poner más tonto de lo que ya me tienes.
Yo también espero que le sirva a “alguien”. Para éso lo he escrito.
3.
Jazmín | 28.06.07 @ 12.44
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Joder Senador… Qué historia más enorme.
Y uno que cree que la soledad es lo más triste que puede tener en esos días de “fiesta”.
Fiesta para los que no tenemos situaciones tan extremas como la que narras pero para esas personas, debe ser mucho más doloroso lo que están pasando en esas fechas.
Leo tu Artículo y te imagino sin esa capa negra, sin arrugas y sin la cara amarilla y veo un ángel.
Eres un gigante!
Gracias por permitirme ocupar unos minutos de mi día en reflexionar, éso nunca está mal y nos hace crecer.
¡¡¡Gracias!!!
4.
Senador Palpatine | 28.06.07 @ 13.20
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Jazmín, guapísima, siempre me das mucho más a cambio de lo que yo pueda dar.
Gracias a tí, por tu cariño.
5.
Maripili | 28.06.07 @ 16.34
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Preciosa y triste historia, Senador. Haces las realidades tan cercanas que parece que pudiéramos tocarlas casi.
6.
Senador Palpatine | 29.06.07 @ 11.25
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Gracias, Maripili. Siempre tienes palabras dulces para mí.
Un besazo.
7.
Gilraen | 29.06.07 @ 13.56
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Eres GRANDE mi querido Senador-Seductor.
Quizá no lo sabes, pero leer esa historia me ha ayudado.
La esperanza es lo que nos queda siempre.
Un abrazo inmenso aunque virtual.
8.
Senador Palpatine | 29.06.07 @ 14.25
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Gilraen, por fin has aparecido.
Hay otra persona aparte de mí que se alegrará mucho.
Ya te imaginas quién es ¿verdad?
La historia que cuento es real y excepto un par de detalles sin importancia, ocurrió tal y como la relato.
Pero desde el respeto y el cariño (y también desde el desconocimiento que me pueda llevar a meter la pata y equivocarme), quiero que sepas (si no lo has deducido por el primer comentario de Vicky) que la escribí para tí desde la petulancia o el engreimiento de que pudiese ser un granito de arena o una pequeña caricia.
Y que ese abrazo “virtual” me está emocionando (literalmente) ahora mismo que escribo estas letras.
Porque el alma llega muchas veces, a lugares mucho más lejanos de los que pueden llegar los cuerpos.
9.
Vicky | 29.06.07 @ 15.10
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Gilraen, preciosa… aunque ni siquiera sepa porque y no me importe, me alegro un montón de leerte.
Senador, tesoro… Ay, cuando yo te digo que vales un imperio galático y tú no me crees.
No sabía, todavía no había decidido ‘dónde’ colgar esto, lo escribí para Gilraen y también me frenaba esas metedura de pata. Lo iba subir a mi blog, pero estoy segura de que aquí lo encontrara. Desde el cariño, por ridículo que resulte viniéndo de una extraña:
A menudo la imagino pequeña, menuda y frágil, de sonrisa tímida y un arrebatador torbellino en sus ojos que a veces destapa en un suave pestañeo. Ese tipo de personas a las que en seguida te entran ganas de acurrucar, como si te necesitaran… como si tú las necesitaras.
Pareciera como si huyera constantemente de la tormenta, de una feroz tempestad agitada y oscura que pesa tras sus espaldas, pisándole los talones. El viento aúlla atronador detrás de sus pasos, pero avanza hacia el frente, siempre hacia delante, buscando la salida, un refugio, un salvador… sin darse cuenta de que ella misma es su refugio y su lugar seguro.
No sé si se da cuenta, si es consciente de cómo lo hace, de el brillo y del desparpajo que inunda como una intensa bocanada de aire fresco y limpio, pero estalla inteligente, ágil e ingeniosa y yo sonrío, admirada, sinceramente admirada, por todas esas cosas que leo, que creo sentir más allá de unas simples líneas parpadeando en la pantalla.
Flexible como un junco, que posee esa elegancia elástica de aspecto delicado que se mantiene en pie a pesar de todo, jugando con la vida, con los vaivenes. Sin llegar a zozobrar incluso cuando roce el fondo. Más fuerte de lo que un simple vistazo puede parecer.
La he dibujado portátil, casi plegable, como esos maravillosos objetos que siempre puedes llevar a cualquier parte, vayas donde vayas, sin importar el destino, porque lo importante de ellos es que estén contigo en el viaje, porque lo que realmente quieres es que te acompañen, sin importarte si llegaras a necesitarlos, sólo por el placer de sentirlos cerca.
A veces me recuerda terriblemente a mí. A lo que fui y a lo que quiero ser. Pero sospecho que ella, no lo sabe… y me encantaría contárselo.
10.
Jazmín | 29.06.07 @ 15.53
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¡Qué precioso! Vicky y Senador.
Gilraen, yo soy un poco (o mucho, más bien) despistada y no sé si has hecho público tu angustia.
Sólo quiero decirte que te quiero enviar, si es posible, todo mi apoyo, mi cariño y mi enorme respeto y rogaré al cielo que lo que hoy te aqueja, mañana haya desaparecido.
Un Abrazo desde lo más profundo de mi corazón.
11.
Gilraen | 02.07.07 @ 10.15
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Senador, Vicky, Jazmín: GRACIAS.
Me gustaría poder escribir lo que me habéis hecho sentir leyendo vuestros comentarios. Cuando me cuestionen las amistades virtuales, las defenderé con uñas y dientes porque me siento muy muy cercana a vosotros.
Senador, imaginé, no sé porqué y sin vanidad, que me lo habías escrito. Hay un sexto sentido entre nosotros.
Vicky, es precioso lo que has escrito. Nunca te lo he dicho pero sigo tu blog desde hace tiempo porque me encanta cómo escribes y las historias que cuentas.
Me da mucha envidia sana, siempre sana, no poder escribir como vosotros.
Siempre he encontrado muy difícil el describir sentimientos.
Cuando todo esto pase (no os preocupéis, no es ninguna enfermedad, gracias a Dios) podré, supongo, expresar las turbulencias por las que estoy ahora pasando.
Esperanza, siempre esperanza. Y gracias de nuevo.
12.
Senador Palpatine | 02.07.07 @ 11.04
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Gilraen.
Nada de explicaciones, mi niña. Y mucho menos, nada de gracias.
Este invento genial que es internet, llega a ser tan maravillosamente contradictorio que, a partir de cables y fríos ordenadores, hace que desconocidos se encuentren en el camino y se sientan queridos y menos solos.
Preciosa, si tú no escribes como los ángeles, entonces es que yo debo tener muy mal gusto.
(Por cierto Vicky, una maravilla leerte).