Me permito, a cuenta de la cita que el Master ha dejado en el post anterior (La arrogante hormiguita humana), dejar una pequeña aportación/rabieta/frustración que he preferido dejar como nueva entrada en vez de comentario a la citada. He aquí mi personal respuesta a la pregunta que plantea José Antonio Martínez Soler.

Vivir en la era de la información, en medio de la aldea global dominada por el pensamiento único, por internet y por los mass media, supone vivir de hecho en la Era de la manipulación y de la desinformación general.

Obviando ideologías personales tanto políticas como espirituales, cada vez me siento más estafado, engañado y manipulado.

Me informan, me bombardean, me adoctrinan con noticias que se apoyan en datos que me siento incapaz de saber si son ciertos o manipulados.

Me engañan con estadísticas y cifras, me llevan por la senda que quieren y me manejan a su antojo.

Hace tiempo que decidí observarlo todo desde el descrédito y desde el cinismo.

Por eso cuando aparece un disidente, una voz que desafina en medio de un coro de borregos perfectamente entrenados, me agarro a él como un naufrago a una tabla encontrada en el medio de la nada. Cualquier idea políticamente incorrecta (como está que niega ese cambio climático más propio de la película de Emerich o de un ciber apocalipsis de la era Matrix) la abrazo lleno de esperanza.

No porque me ofrezca un futuro mejor, si no porque me suena distinta y pone en duda “lo establecido”.

Niego las corrientes universales, el creer las cosas porque sí. Y me motiva pensar que cuando alguien expone una teoría que pone en duda la verdad oficial y universal, se le ataca y se le tacha de loco estúpido (cuando no de intolerante y reaccionario) porque quizá sus teorías dan miedo a los que prefieren dominar masas de no-pensantes.

Por eso, ante la duda infinita, no encuentro más ayuda que abrazar la disidencia.

Porque si algo molesta e incomoda al sistema, lo desestabiliza al otorgarnos una segunda vía para dudar y tratar de PENSAR por nosotros mismos.

Y no olvidemos que el sistema solo quiere masas adormecidas que hayan olvidado la capacidad de tener ideas propias.

Es más fácil controlar a los autómatas, conducir a los corderos, adormecer al rebaño.

Si no dudo, si no pienso, si no discrepo no soy nada.

Sólo lo que ellos quieren que sea.