El estiércol era un problema medioambiental de primer orden a finales del siglo XIX. Poblaciones cada vez más numerosas en los núcleos urbanos, donde el medio de transporte principal era el coche de caballos, veían acumularse los excrementos. Esto provocaba enfermedades varias, además de un hedor incómodo (cuando menos). Los teóricos (Torquemadas de la época) pronosticaban entonces una crisis ecológica de proporciones incalculables y gravedad máxima. Pero cien años después ya no sabemos nada del estiércol en las grandes concentraciones urbanas. Los sabios de la época realizaban una proyección de un escenario que no se llegó a producir nunca, porque ignoraban las más que probables innovaciones que debería traer el futuro.

Al fin y al cabo, en 1900 no sólo nadie soñó que durante el siglo XX aparecerían el teléfono móvil, Internet, los transbordadores espaciales o el bikini, sino que fueron incapaces de ver que el automóvil –que a la postre fue la solución al problema del estiércol urbano- estaba a la vuelta de la esquina.

Recojo esta historia, incluido el entrecomillado final, de una interesante serie de artículos sobre el CC (Cambio Climático), que publicó en La Vanguardia el profesor Xavier Sala i Martín, economista y catedrático de economía en la Universidad de Columbia, así como Profesor Visitante de la Universitat Pompeu Fabra de Barcelona. Merece la pena leer su completa argumentación en los seis artículos, aunque especialmente en los dos primeros y el último, donde se aborda el problema desde una visión menos economicista de lo que quizá hace en los demás. Según sus tesis, los expertos que analizan hoy el fenómeno del CC caen en el mismo error de no saber (no poder) predecir los cambios que deparará el progreso en el próximo siglo. Y, por tanto, hacen sus previsiones partiendo de un escenario erróneo, tanto como en el caso de las boñigas urbanas.

Sala i Martín enfrenta el film de Al Gore llamado ‘Una Verdad Incómoda’ con su valoración sobre el mismo. Según él este documental “está plagado de mentiras incómodas”. Y lo demuestra por medio de los textos oficiales del Grupo Intergubernamental del Cambio Climático (IPCC), los mismos que utiliza el ex-vicepresidente de los USA. Voy a intentar extractar sus argumentos:

- Gore dice que el 100% de los científicos están de acuerdo con sus postulados. Pero solo hay unanimidad en que la tierra se ha calentado durante el último siglo, y lo ha hecho solamente en menos de un grado.

- Gore muestra imágenes de un océano Ártico sin hielo y de una Groenlandia y una Antártida descongelándose, y asegura que esto causará una subida del nivel del mar de 7 metros. Pero resulta que si bien la masa de hielo del Ártico se ha reducido durante el último siglo (un proceso que, dicho sea de paso, empezó a principios del XIX, mucho antes de las emisiones de CO2 industriales), en la Antártida las temperaturas no sólo no han subido sino que han bajado y se espera que su masa de hielo aumente durante el próximo siglo.

- La subida de 7 metros del nivel del mar es igualmente una exageración. La descongelación del Ártico tendrá consecuencias menores sobre el nivel del mar porque su hielo ya está flotando en el agua. Y como la Antártida no se va a derretir sino más bien al contrario, el aumento del nivel del mar no puede ser muy grande y estaría entre 0,18 y 0,59 metros. No se hundirá Barcelona ni New York City.

- Gore sugiere que el deshielo de Groenlandia hará que se detenga la corriente del Atlántico que trae agua caliente de los mares del sur y provocará una nueva glaciación en Europa. Los científicos están 90% seguros de que eso no pasará.

- Gore muestra imágenes de la ola de calor de 2003 en Europa asegurando que el calentamiento global causará millones de muertos. Pero se trata de un caso local más de altibajos climáticos. Es más, a la cantidad de gente que podría morir por culpa del calor, Gore debería restar la gente que dejará de morir de enfermedades relacionas con el frío. La película no explica que durante ese mismo 2003 en que murieron 34.000 europeos por la ola de calor, también murieron 100.000 europeos de frío.

- Gore afirma que la gripe aviar, la tuberculosis, la SARS e incluso la guerra de Darfur están causadas por el calentamiento global. Lógicamente, ninguna de esas graciosas aserciones aparece en el IPCC.

- Gore se atreve a mostrar imágenes de Nueva Orleans tras el paso del Katrina, explicando que la culpa es el aumento de la intensidad y la frecuencia de los ciclones tropicales por culpa del calentamiento global. El IPCC dice que, a pesar de que hay alguna evidencia observacional de que la intensidad puede haber subido desde 1970 en el Atlántico, los datos no permiten ver tendencias a largo plazo ni en la intensidad ni en la frecuencia de los huracanes. Es más, al tomar tierra, Katrina era un huracán menor de fuerza 3-4 en una escala de 5. La razón por la que fue devastador no fue su inusual potencia sino el hecho de que reventó unos diques de contención deteriorados por el tiempo.

Y más devastador que el propio huracán es este argumento de Sala i Martín:

La ironía es que hacía años que los científicos estaban avisando al gobierno de que cualquier huracán que pasara por encima de los viejos diques podría romperlos y causar una catástrofe. Digo que es una ironía porque, ¿adivinan quien era el vicepresidente del gobierno que decidió ignorar esos consejos y no reparar los diques? La respuesta, señor Gore, sí es una verdad incómoda.

No me resisto a reproducir, antes de poner el enlace a la serie de artículos de la que proceden estas citas, los dos párrafos finales del último artículo:

La pregunta clave del debate del CC es, pues: si priorizáramos de manera racional, con información experta y sin las histerias generadas por películas de Hollywood, ¿qué problema de los muchos que tiene el mundo, deberíamos atacar primero? Existe un grupo en Dinamarca llamado Consenso de Copenhague que ha intentado responder a esa pregunta. Primero reunió a un grupo de sabios que incluían a varios premios Nobel con los más expertos defensores de dar prioridad a la lucha contra el CC y pidió a éstos que expusieran sus ideas, sus razonamientos y sus evaluaciones de costes y beneficios de solucionar el problema. Luego hizo lo mismo con los que querían priorizar la lucha contra el hambre, la erradicación de la malaria, el acceso al agua potable y así hasta 17 problemas de primer orden mundial. Una vez escuchados todos los expertos, se pidió a los sabios que establecieran un orden de prioridades. El resultado: la lucha contra el SIDA y la malaria encabezaban la lista y les seguían la pobreza y la malnutrición, las barreras arancelarias que impiden a los países pobres comerciar y crear riqueza, el acceso al agua potable y la educación. Lo interesante es que el cambio climático ocupaba la última posición.

El Consenso de Copenhague repitió el experimento con 24 embajadores de las Naciones Unidas y con un grupo de jóvenes, representantes de las generaciones futuras. En ambos casos los resultados fueron idénticos: puede que el calentamiento global sea un problema importante. Pero no es el único problema importante a los que se enfrenta la humanidad. Una vez se comparan las urgencias y las necesidades, los costes y los beneficios, los pros y los contras, la lucha contra el cambio climático no es nuestra prioridad.

Yo lo veo cristalino. Merece la pena leer más, para poderse hacer una opinión propia:

[ Gracias a Maripili por los enlaces ]