Dedico esta nota a los amigos de la conspiranoia (paranoia por las conspiraciones).

¿Y si lo del final del alto el fuego fuera parte de una estrategia? Durante los catorce meses de teórico fin de las armas (interrumpido por un atentado con víctimas en diciembre) el principal partido de la oposición no ha parado de poner chinitas (afilados cantos de gran tamaño, muchas veces) al llamado proceso de paz. Han acusado al gobierno de quebrar y poner en peligro la unidad de España, de claudicar ante los terroristas, y de no sé cuantas cosas más. En Madrid convirtieron un seto (ahora destrozado) en una especie de altar al que llegó a acudir el ex-presidente a realizar una ofrenda de flores. Regalaron a los terroristas el monopolio político en los dos últimos años. Mayor Oreja, que tuvo que enterrar a 47 españoles siendo ministro de Interior, dice ahora que la banda terrorista está más fuerte que nunca, gracias a la ayuda del gobierno. Cuando gobierne el PP negociar con ETA dejará de ser una vil traición y volverá a ser una obligación, entonces nombrarán a la banda de asesinos como “movimiento vasco de liberación”. Con una ayuda tal de los que se ponen al frente de las manifestaciones de salvapatrias no me parece tan descabellado que a una parte (la legalidad representada por el gobierno) y/o a otra (la representada por los que pretenden rentabilizar el violento terror) se les pudiera ocurrir si no era mejor suspender la tregua y anunciar la vuelta al status-quo anterior.

En esta nueva (y conocida) situación ambas partes pueden tener más tranquilidad para negociar la paz, con menos publicidad y triunfalismos que los habidos en este año largo. Es tiempo de obrar en silencio. Y, por una vez, muchos aplaudiríamos que se hiciese a espaldas del parlamento, que aún así será donde terminará decidiéndose cualquier solución de paz. Con la tranquilidad que da saber que vivimos en una democracia donde el poder legislativo y el judicial son determinantes, vería con buenos ojos que el gobierno aplicase ese viejo refrán que dice: “A Dios rogando y con el mazo dando”. Que nos vendieran una política implacable con el terrorismo al tiempo que mantuvieran abierta la vía del diálogo. Al terrorismo no se le vence por la fuerza, no ha sido así en Irlanda ni en tantos otros casos. Y a veces hay que tener el coraje de hablar con los indignos, sin por ello serlo igualmente.

Desde hace tres años sólo ha habido un atentado con resultado de muerte, y este ocurrió durante el alto el fuego, precisamente. Todo el tiempo restante, la banda terrorista estaba en activo, pero sin actuar de ese modo. No hubo muertes ni un partido en la oposición calificando al gobierno de vil. Vivíamos mejor sin la tregua. Ojalá esta ensoñación mía fuera realidad, y se estuviera abriendo ahora una nueva vía con idéntico objetivo: la paz.