Desde las máquinas más usuales, en las que podemos encontrar latas de refrescos o bolsas de patatas fritas, hasta lo más sofisticado, como una máquina en la que comprar iPods, o lo más fronterizo, una que suministra medias usadas de colegialas. El maravilloso mundo de las máquinas expendedoras.
Leo en el diario gratuito ADN que comienza en Madrid la feria de vending, promovida por la asociación de vendedores automáticos, y dedican un impagable artículo al tema de esta anotación. Me llama especialmente la atención el origen del que hablan:
Se considera (wikipedia así lo hace) que su inventor fue Herón de Alejandría. En el siglo I d. C. creó un autómata que, a cambio de una moneda, dispensaba agua bendita. Con la Revolución Industrial el invento se mecanizó y desde los andenes de tren de Londres se extendió al mundo. El surtido creció para adaptarse a las nuevas necesidades. Si en los cincuenta se podían encontrar hasta seguros de vida en los aeropuertos, medio siglo después hay turistas entregados a perseguir las más curiosas (photoman.com/japan/machines).
Lo de las medias (por decir algo, también suministran otro tipo de prendas más íntimas aún) de colegialas japonesas ya lo conocía. En la web de la asociación japonesa de máquinas expendedoras se puede ver la variedad que ellos se gastan, desde flores hasta papel higiénico, pasando por huevos o leche. Japón es un país con casi seis millones de máquinas expendedoras (una por cada veinte habitantes), lo cual se explicaría por el consumismo que viven, la baja tasa de vandalismo y la falta de espacio para ubicar más centros comerciales. En la cadena americana Macys se pueden encontrar las máquinas con productos relacionados con el iPod de Apple, pero también en nuestro país podemos encontrar productos no muy habituales en algunas máquinas. En varias líneas del metro de Barcelona hay máquinas que venden libros desde el año 2002, con precios entre los 6 y los 10 euros, y su bestseller particular, el libro de ‘El club de la comedia’.
Pero hay máquinas más extrañas en nuestro país. Hablan de una en Albacete con bisutería, y otra cerca de un club de carretera de Benicàssim con sábanas. Sí, con sábanas. Y es que hay cosas que da vergüenza pedir en persona, y una máquina puede ser en este caso la mejor solución. Tal es el caso de los preservativos, que en una época no se encontraban con tanta facilidad en supermercados o farmacias como en los baños de chicos de algunos locales de copas. La máquina más singular que yo he podido ver en mi vida es una en el Paseo de Pereda, de Santander. Se trata de una máquina expendedora de cebo vivo, para la pesca. Estaba en una estación de servicio (ignoro si sigue existiendo), al lado de la de las Coca-colas, y realmente me daba reparo pensar que dentro de la máquina de al lado había vida.
No conocía la existencia de un local en Madrid (calle Gaztambide) que solamente tiene máquinas de vending. Me parece curioso y tengo que hacer una visita por allí. Algunos vestíbulos de facultades importantes son una buena muestra de esto, con máquinas que mezclan rotuladores, CDs grabables, tacos de Post-Its, galletas y bebidas isotónicas con tiritas, tampones o salva-slips. Pero quizá la iniciativa más curiosa es la de Art-o-mat, de la que habla el artículo. Son máquinas de tabaco reconvertidas en expendedoras de obras de arte. Es una idea de Clark Whittington en la que colaboran 400 artistas de 10 países, con 82 máquinas activas en todo el mundo, la mayoría en USA y algunas capitales europeas, como Viena.
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26.05.2007 @ 04.13
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3 Comentarios a “Máquinas expendedoras”
1.
Last Mac News [ES] | 26.05.07 @ 12.03
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2.
Vicky | 28.05.07 @ 15.39
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Creo que a partir de ahora les prestaré más atención a las maquinitas. EL 99% de las veces creo que ni las miro.
3.
Jazmín | 03.06.07 @ 00.07
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Me parece que me pasa las de Vicky y no determino las máquinas expendedoras cuando las veo excepto, las de tabaco, esas las busco más bien.
Me parece interesante conocer que todos estos productos, lo distribuyen de esa manera.