Hoy ha hecho un día precioso en Madrid, con una brisa que parecía que te ibas a encontrar el mar a la vuelta de la esquina.

Me he dado un paseo. He doblado bastantes esquinas. Incluso he cambiado de rumbo a mitad de camino. Pero el mar no estaba allí. A veces no encontramos lo que esperamos. Casi nunca lo encontramos.

A veces he esperado encontrarme con alguien. Lo he deseado con fuerza. Con tanta fuerza como escaso el éxito. Nos cruzamos con tanta gente cada día, que es increíble que nunca haya visto quien yo quería. En otras ocasiones he esperado una llamada, que nunca se produjo. ¿Sabes lo que es estar esperando una llamada? O un mensaje, acaso una señal. Pero no llegó, no. Casi nunca llega.

No pasa lo que queremos, está claro que no basta con desearlo. A veces ocurre lo inesperado, es cierto. Y esto que no éramos conscientes de desear siquiera, nos arregla el día. Quién sabe si nos puede incluso arreglar la vida. O media vida, al menos. Pero dejar el destino en manos del azar es como confiar las llaves de tu casa a un desconocido. El destino tanto puede ser tu mejor amigo como el más capullo de tus enemigos.

Lo que no voy a hacer es dejar de desear lo deseable, ni rechazar la visita de la fortuna no invitada. Ni pensarlo. Eso sí, cada día aprendo mejor a disfrutar del paseo. Mientras compruebo que casi nunca llega lo que quiero, y me encuentro o no sorpresas agradables, sigo mi camino. Y al doblar cada esquina aprecio su valor. ¿Qué no es bonito poder doblar la esquina? Por mucho que lo hagamos una y mil veces. Piensa, si quieres, que cada vez que lo haces te encuentras una calle nueva, que nunca más estará como en ese instante. La mejor colección de imágenes pasa por delante de nuestros ojos cada día, y a menudo no sabemos apreciarlo. Somos los mejores fotógrafos de nuestras vidas. Instantáneas de instantes únicos e irrepetibles que pasan por nuestra retina de forma inacabable. O casi.

Mientras se acabe (y espero que sea a mucho tardar), seguiré disfrutando con la imagen a la que me enfrento tras cada doblar de esquina. Mira. Observa que belleza. Es el inmenso valor de cada momento inimitable.

Y si te atreves a soñar despierto, a veces hasta puedes escuchar el rumor de las olas. Ya sé que no es lo mismo, pero no está nada mal.