Y este video, que cuenta con una animación que me ha gustado mucho. Gran talento creativo y perfecta su ejecución. El amor en animadas tarjetas.
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Realmente San Valentín es como Papá Noel. O ni eso. Papá Noel, o Santa Claus, o San Nicolás, es un personaje legendario que ofrece regalos a los niños por Navidad, según la cultura occidental, y está inspirado en un sacerdote cristiano de etnia griega llamado Nicolás. Este Nicolás vivió en el siglo IV en Anatolia, en los valles de Licia (actualmente en territorio de Turquía). Pero es que este santo amoroso… ni si quiera existió.
La fiesta de San Valentín fue declarada por primera vez alrededor del año 498 por el Papa Gelasio I, y su creación pudo tener la intención de eliminar la celebración de la fiesta pagana de las Lupercales. La festividad de San Valentín fue borrada del calendario eclesiástico en el año 1969 dentro de un intento de eliminar santos con origen posiblemente legendario, dudando de la identidad del santo e incluso de su existencia. Así lo cuenta la wikipedia, y lo recoge hoy Periodista Digital:
En las más antiguas listas de mártires, confeccionadas en los primeros siglos de la era cristiana, figuran por lo menos tres santos de nombre Valentín: dos obispos que fueron sepultados en diferentes lugares de la Vía Flaminia, de Roma, y un tercero que habría sido torturado y muerto en África; todos ellos recordados el 14 de febrero.
Los autores de la Enciclopedia Católica afirman que los datos que han llegado hasta nosotros sobre estos tres supuestos mártires “carecen de valor histórico” por ser escasos, insuficientemente fundamentados y de fecha muy posterior al tiempo en que se presume que hayan vivido.
A lo largo de los siglos, estos tres Valentines se fueron unificando en la memoria popular dando lugar a un personaje, una historia y una tradición que no cesaron de enriquecerse a lo largo de los siglos, hasta constituirse en una leyenda sobre alguien que, tal como se lo recuerda hoy, jamás existió.
Pero esta fiesta es mucho más antigua que el propio cristianismo. En el decreto papal de Gervasio I se explicaba que San Valentín era uno de aquellos “cuyos nombres son venerados por los hombres, pero cuyos actos sólo Dios los conoce”, admitiendo así la absoluta carencia de datos verosímiles sobre este santo. Una de las leyendas que corrieron en torno a Valentín era aquella en la que se trataba de un sacerdote cristiano detenido y torturado hasta la muerte por orden del emperador romano Claudio II. La historia, que se sitúa en el año 270, cuenta que el sacerdote se enamoró perdidamente de la hija de uno e sus carceleros, a quien dirigió una carta apasionada firmada con “tu Valentín”, que habría dado origen a la tradición epistolar entre enamorados el día 14 de febrero. Naturalmente que no hay testimonio ni prueba alguna que demuestre que esta historia es real, tratándose probablemente de una mera fabulación.
Otros dicen que el santo fue condenado a muerte por casar parejas en secreto bajo el rito clandestino de los católicos, otra fabulación seguramente. Y luego vino Pepín Fernández, el creador de unos grandes almacenes llamados Galerías Preciados, que adoptaban el nombre de la calle de Madrid donde levantó su primer edificio comercial. Esta empresa, años después comprada por El Corte Inglés tras pasar por el holding de Rumasa, el imperio con pies de barro de Ruiz Mateos “que te pego leche”, trajo el concepto de ‘grandes almacenes’ a España, viniendo precisamente de Cuba, donde había trabajado en los almacenes El Encanto, donde coincidió con César Rodríguez y Ramón Areces, primo lejano suyo y fundador de El Corte Inglés.
De vuelta a España, Pepín abre Sederías Carretas y un año después Galerías Preciados, en fechas cercanas al estallido de la Guerra Civil. La perspicacia y olfato comercial del asturiano Pepín Fernández, que había contraído matrimonio con una cubana, le llevó a explotar comercialmente la fecha del ‘Día de los Enamorados’, que pasaba así de ser una tradición pagana de dudoso y discutido origen religioso a ser una celebración con base comercial que poco a poco fue usando más de la publicidad para convertirse en el negocio de gran calado que es hoy.
Del medievo a nuestros días, pasando por los locos (y en España duros) años treinta, la humanidad ha sentido siempre la necesidad de ver reivindicado su amor. Los enamorados se merecen un santo. Y cientos de santos. Aunque sean de mentirijillas.
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2 Comentarios
- Interesante y bonita web de Porte-Voix.com, en la que encontramos ilustraciones futuristas y sensuales en tonos ocres [ Vía ]
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Mándame rosas rojas por San Valentín, con una nota que diga “Te quiero. Por más que lo he intentado no he podido olvidarte”.
No importa que sea mentira, eso es lo de menos. De hecho, sí no sabes que decir yo redactaré la nota y te la enviaré para que la escribas con tu letra.
Y quedemos en el café donde escuchamos a Elliott cantar “The Day after Valentine’s Day”. Yo tomaré un espresso y tú, un capuccino sin nata.
Llegarás tarde, como siempre. Con prisas y un ligero rubor en las mejillas. Con la mirada limpia de tus ojos verdes, sonreirás y me besará suavemente en los labios.
Y podemos fingir que nada ha cambiado. ¿A quién le importa excepto a nosotros, verdad?
Puedo creer que tú aún me quieres, que todavía me soportas y que nunca dijiste que todo te iría mejor sin mí.
Yo haré como que todo sigue igual. Fingiré que aún soy joven y mi sonrisa parecerá alegre como cuando todavía estabas conmigo.
Solo por un día, podremos hacerlo ¿no crees?. Creo que los buenos recuerdos del pasado merecen un pequeño esfuerzo al menos una vez al año.
Cosas buenas vendrán para los que saben esperar
Genial idea la de esta publicidad de la cerveza Guinness. Realizada por AMV BBDO London, consiste en un posavasos con una inscripción sólo legible en el reflejo que produce en el vidrio del vaso de una cerveza negra. Gran y muy creativa idea.
Este ejemplo de guerrilla publicitaria complementa la campaña de Guinness con ese mismo lema.
[ Vía AdHunt ]
10 razones por las que Dailymotion es mejor que YouTube
Hace unos meses decidí cambiar de plataforma de vídeos en Internet. Fue cuando me planteaba la vuelta de actividad en El Gato encerrado y hacía pruebas en YouTube, con resultados cada vez más insatisfactorios. Los vídeos del programa televisivo ‘Gran Hermano’ que alojo en Internet suelen tener una buena calidad, y el recién comprado por Google no me dejaba subir los vídeos con esa calidad. Me puse entonces a buscar otra plataforma, uno de esos clones que han ido surgiendo tras la aparición en la red del invento de Steve Chen y Chad Hurley, empleados de Paypal, que tras una fiesta privada tuvieron la necesidad de compartir los vídeos de la misma y algunos archivos eran demasiado grandes como para mandarlos por correo electrónico, con lo cual se pusieron a trabajar para crear un servicio inédito en Internet, que consistiría en un sistema para compartir archivos, lo cual se ha terminado convirtiendo en una de las mayores redes sociales de la red, y les ha hecho materialmente millonarios.
En mi búsqueda de un sustituto de YouTube probé media docena de posibilidades, y me quedé con Dailymotion, que no solamente cubría todas mis necesidades sino que las superaba claramente. Por esto me dispongo a explicar por qué hoy por hoy considero mejor esta plataforma, lo cual desgrano en estas diez razones:
- Mayor celeridad en el procedimiento de subida del archivo de vídeo.
- El límite de capacidad del archivo es de 150 MB, con 20 minutos de duración (en lugar de los 100 MB y 10 minutos).
- Nada más terminada la subida el sistema informa del porcentaje de proceso de codificación del archivo, con lo cual sabremos aproximadamente cuanto tiempo falta para tener el vídeo en línea.
- En la reproducción no se corta prácticamente nunca.
- En la visualización embebida en un blog, u otra página web, permite la visualización a pantalla completa (botón derecho sobre el vídeo).
- La censura de vídeos con contenido erótico es mucho más permisiva. Cuenta incluso con un canal “sexy”.
- Las compañías televisivas o discográficas aún no han ido a saco contra esta plataforma de vídeos, y raramente vemos vídeos “no longer available”, o sea que ya no están disponibles porque los han borrado a petición de aquellas.
- Su interfaz es multilingüe, incluyendo el castellano.
- Incluye funciones interesantes para webmasters, como el videoroll, el jukebox o la grabación de vídeos directamente de una webcam (este último también disponible en YouTube, pero hice pruebas con los dos y en este se me quedó el navegador bloqueado).
- No viene de la mano de un grande (Google), siendo un proyecto europeo, de origen francés.
Podríamos decir que en lo único que encuentro en desventaja a Dailymotion es es una menor difusión viral que la conseguida por YouTube, lo cual beneficia a esta plataforma al tener un catálogo más amplio de vídeos, en la misma media que la ha perjudicado, al provocar que la visualización se haga muchas veces incómoda al no ser fluida, especialmente a ciertas horas (la tarde, mañana en USA especialmente).
Aunque he puesto ya algunos vídeos aquí alojados en Dailymotion, y como para muestra vale un botón, aprovecho para poner una intervención de Edu Soto como ‘El Notario’ en Buenafuente (sus vídeos de Antena 3 han sido retirados esta semana de YouTube por petición del canal televisivo).
¿Adónde vas? ¿Puedes llevarme contigo? Por favor, llévame contigo. Déjame hacer el camino a tu lado. Me puedo atrever. Pondré una piedra en mi zapato y mirarás como camino. Puedo caminar. Caminaremos juntos. Y hablaremos.
El grandísimo Stephen Schwart es el autor de Godspell, un viejo musical de inspiración evangélica. Lo he recuperado de ese YouTube donde desaparecen los vídeos por miles, y no sé cuanto durará. Pero bendito sea, que me ha traído el recuerdo de este emocionante tema: By my side. ¿Te quedas un ratito haciendo camino conmigo?
Me gustan los castellers, es una de esas tradiciones llamativas e hipnotizantes. Pero bueno, es viernes, y esta imagen me ha hecho pensar que sí, que realmente me gustan los castellers.

[ Vía Yeah Oops! ]
En Internet nadie sabe que eres un perro

Esta viñeta fue publicada en “The New Yorker” en julio de 1993.
The cartoon by Peter Steiner has been reproduced from page 61 of July 5, 1993 issue of The New Yorker, (Vol.69 (LXIX) no. 20) only for academic discussion, evaluation, research and complies with the copyright law of the United States as defined and stipulated under Title 17 U. S. Code.
Buenafuente rechaza un premio por no compartirlo con el bandolero
El bandolero es Losantos, tal como le llama Rico en su Periodismo incendiario, al tiempo que le hacía ganador hace un par de meses del I Concurso “Imbécil con Columna”. Me emocionan gestos como este de Andreu Buenafuente, ese monstruo de la comunicación, al rechazar un premio porque en el palmarés también se encontraba el bandolero Losantos, el de la radio de los obispos. Lo cuenta así en ELPAIS.com:
Ante la libertad de premiar, está la libertad de rechazar el premio, y este Micrófono de Oro lo rechazo porque no quiero estar en el mismo palmarés que un personaje cuya concepción de la radio es por completo ajena a la mía. Yo respeto mucho esta profesión, y la forma que tiene esta persona de llevarla a cabo me ofende. No es la radio que a mí me gustaría para este país. Se puede optar por la discrepancia en silencio, pero yo he optado por decir en voz alta que no soporto estos premios salomónicos que tratan de honrar colores imposibles. Así tratan de decir que todo vale, y poco a poco se va pudriendo el periodismo. Y quería dejar clara mi discrepancia. En voz alta.
Pues olé por Buenafuente.
[ Vía Escolar.net ]
Anotaciones relacionadas:
La actualidad nos ha traído hoy la muerte de una hermana de la princesa Letizia. Se baraja la hipótesis del suicidio, algo que me pone siempre ante un abismo. Hace unos quince años se suicidó una amiga. Habíamos sido casi novios, unos años antes. El viaducto de Madrid fue su salida, aunque familiares hicieron lo posible porque se hablase de un accidente, confuso eufemismo que intentaba evitar habladurías, y quien sabe si también para no perder el cobro de un seguro de vida, que nunca repara la pérdida, ni mucho menos.
Me pone al borde de un abismo la idea del suicidio. Desconozco que mecanismos pueden llevar a tal cosa a una persona. Me marea pensarlo, me da pavor y me produce una honda tristeza. Hablar de suicidio no es hablar de la muerte, es mucho peor. No hay fracaso más definitivo que ese. Qué impotencia. Qué desastre. Hemos construido una sociedad en la que convivimos con quienes quizá mañana se suiciden, y no nos enteramos nunca de nada. Las estadísticas de suicidios indican que son muchos más casos de los que podamos pensar. Cualquier ciudad, incluso pequeña, tiene un lugar del suicida. ¿Pero esto qué es? ¿Cómo puede ser? No sé nada, y quizá sea mejor no saber. Supongo que es por lo que apenas se habla de algo que se lleva a mucha gente. Hablamos del tabaco, la siniestralidad de la carretera o las enfermedades coronarias, pero no del suicidio. De hecho me siento mal escribiendo sobre esto y aunque me pese, prefiero ser un puto cobarde que rehuye enfrentarse al hecho de que un ser humano se quite la vida, lo único que tenemos de verdad.
Qué angustia me produce esto.

El Grito - Edvard Munch | 1893 | Oil, tempera and pastel on cardboard | Nasjonalgalleriet.
La revolución previa a la era digital
Es la del Post-It. Sí, las notas que se pegan. Antes de llegar a la era digital, los tiempos del hipertexto, el email y los blogs, la gran revolución llegó de la mano del invento de Art Fry (y Spencer Silver). Esos papelitos amarillos (generalmente).
Arthur Fry, nacido en Minnesota en 1931, científico jubilado, creador para la empresa 3M de ese invento que hoy se fabrica y vende en más de cien países: el Post-It.
El invento es la historia de un fracaso. Silver, empleado de la misma empresa de Fry (3M viene de “Minnesota Minning and Manufacturing”), pretendía desarrollar un nuevo pegamento potente, con un resultado pésimo. El adhesivo no pegaba lo suficiente y acabó enterrado en algún armario al no encontrarle ningún uso posible. Unos años después Fry rescata ese adhesivo de forma curiosa. Cantaba en la coral de la Iglesia presbiteriana del norte, en North St. Paul, Minesota. Señalaba su libro de cánticos con pedacitos de papel para facilitar la búsqueda rápida de la canción adecuada en el momento oportuno. Los fragmentos de papel se volaban con el aire, o se caían al suelo, lo cual hacía pasar a este científico por leves y beatas penalidades. Según Fry:
No sé si fue debido al pesado sermón o a la inspiración divina pero mi mente comenzó a divagar y repentinamente pensé en un adhesivo que había sido descubierto varios años antes por otro científico de 3M: el doctor Spencer Silver.
Nada más salir del oficio religioso, Art comenzó a hacer marcapáginas a medida utilizando el polímero adhesivo de Silver, que inusualmente autoformaba pequeñas esferas del diámetro de una fibra de papel. Las esferas no se podían disolver ni mezclar, eran muy adhesivas individualmente pero en conjunto no pegaban con excesiva dureza. ¿Y qué utilidad podría tener un adhesivo que no pegue firmemente? Fry recordó que lo había despreciado y pensó que podría servir para conservarse en alguna página temporalmente en el libro de cánticos sin dejar marcas de las señales clásicas del adhesivo. Lo bautizó como:
Adhesivo provisionalmente permanente.
Y todos lo conocimos por su nombre comercial, ese “péguelo”, el Post-it® que se empezó a comercializar el año 1977. Entre medias, un largo proceso en el cual se modificó ligeramente la composición de la cola. Hasta año y medio después de comenzar a trabajar en el proyecto no fue presentado al personal de marketing de la empresa, que no lo recibió, precisamente, con los brazos abiertos. Los departamentos de Ingeniería y Producción declararon que tendrían dificultades en su elaboración y crearían mucho desperdicio. La respuesta de Fry fue inmediata, su razonamiento decía que esa era una excelente noticia, ya que si hubiera sido fácil cualquiera podría hacerlo, y en este caso sólo una gran corporación como 3M sería capaz de lograrlo. Según Fry:
Los innovadores aprenden que es mejor pedir perdón que permiso.
El invento fue finalmente un éxito rotundo. A Fry intentaron arrebatarle el desarrollo del producto, algo que logró evitar, y en la actualidad recibe royalites por su idea, y los Post-it están disponibles en 27 tamaños, 56 formas y 50 colores, existiendo más de 400 productos con esa marca registrada.
La historia se estudia en las facultades de economía y academias o institutos de empresa, planteando interrogantes o paralelismos con la misma y otros casos prácticos, como refleja este texto de un ejercicio de una universidad de Mar del Plata, Argentina:
Art Fry, a mediados de la década de los ‘70 era apenas un oscuro técnico de 3M. Fry cantaba los domingos en el coro de una iglesia, y con tiritas de papel señalaba en un libro los himnos escogidos. Los marcadores cumplían muy bien su misión durante el primer servicio; sin embargo, cuando llegaba el turno del segundo servicio algunos se caían. Soñador, pero orientado a la acción, Fry pensó que necesitaba un marcador que se adhiriera a las páginas, pero que no las dañara al desprenderlo. Aprovechando la política de 3M, que permitía a los técnicos dedicar el 15% de su tiempo a trabajar en sus propias ideas, empezó a diseñar un prototipo de marcador autoadhesivo, empleando un nuevo pegamento. Se topó entonces con el primer obstáculo: encontrar un proceso para untar ese pegamento sobre papel, de modo que se comportara adecuadamente. Los ingenieros de la empresa opinaron que era imposible con las tecnologías existentes. Fry - como era de esperar - no se dio por vencido, y diseño una máquina que pudiera realizar el trabajo. Los ingenieros volvieron a oponerse: la máquina tardaría seis meses en construirse y el costo seria exorbitante. Tampoco eso lo descorazonó.
Y a los pocos días, cuando los empleados llegaron al laboratorio, descubrieron que el nuevo proceso estaba instalado y funcionando. Trabajando febrilmente en el sótano de su casa, había construido un tosco modelo de la máquina, la había llevado a la planta, la había instalado, y estaba en operación.
Pero al poco tiempo se presento otro problema: las encuestas realizadas por el departamento de marketing entre clientes potenciales arrojaron resultados pésimos. Todos decían que no veían la necesidad de papelitos untados con un pegamento débil. Fry, que no conocía el significado de la palabra “derrota”, distribuyo muestras en la compañía y pidió a los empleados que las usaran. Con gran sorpresa descubrió que los tacos de notas autoadhesivas se usaban mas que las cinta de celofán Magic, el producto que entonces registraba mayor venta entre los artículos de oficina de 3M.
La empresa empezó a vender los blocs Post-it en cuatro ciudades, utilizadas como mercado de prueba, donde hizo una campana publicitaria; pero no envió muestras. Se trataba de un producto nuevo y los clientes potenciales no entendieron que era lo que se ofrecía.
El proyecto volvió a empantanarse y la dirección resolvió detenerlo durante un mes. Fry estallo frente a su jefe: “No podemos hacer eso -dijo -, nos costará un millón de dólares”. Roberto Molenda, sospechando que en esas palabras había gato encerrado, le preguntó: “Cómo calcula usted esa cifra?”. Fry respondió: “Dentro de pocos años estaremos vendiendo mas de un millón de dólares al mes de estos blocs. Si ahora esperamos un mes, mas tarde nos perderemos un mes de ventas de un millón de dólares”.
Art Fry, con el apoyo de sus superiores - que para entonces estaban tan entusiasmados como el con los tacos Post-it -, logro que junto a una nueva campana publicitaria se repartieran muestras. Las ventas fueron fantásticas y, como todo el mundo sabe, el éxito de las pegajosas hojitas resultó imparable. “Son iguales que las drogas - explica Fry gráficamente -; una vez que uno empieza a consumirlas, no puede parar”. Si le queda alguna duda, pregúntele a su secretaria.
El tío se dedica a fardar dando conferencias por el mundo. Y todos asistimos a historias así absortos, con la boca abierta y soñando con tener una feliz idea como esta algún día.
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Si exceptuamos que tiene dos amplios ventanales en una esquina al exterior, este despacho se parece bastante al mío. Estrecho, una mesa al fondo, frente a la luz, con una mesa no muy grande, un monitor que yo diría es de 17″. Eso sí, yo no tengo ni una sola foto, y sin embargo tengo un mueble con kilos de chatarra informática, libros, miles de CDs y DVDs, y otras decenas de miles de cosas, junto a algo de polvo, que todo hay que decirlo. El de la foto parece pulcro y más o menos ordenado.
Es el despacho de Steve Ballmer (CEO de Microsoft). Lo ha publicado dentro de una galería fotográfica el diario The New York Times. Entre las fotos una con Gates y él muy jovencitos, hace veinte años, descorbatados (como casi siempre) ante una mesa de trabajo. Bill Gates define la asociación entre su vicepresidente y él de esta forma:
One of the greatest business partnerships of all time (una de las mejores asociaciones comerciales de todos los tiempos).
Pero la foto que ha despertado atención ha sido la del despacho. Su modestia y reducidas dimensiones sospecho que despiertan una singular envidia. Lo normal es pensar en que podemos envidiar al magnate con despacho enorme y lujoso, pero nuestro yo concienciado da la vuelta a la tortilla para terminar admirando la modestia, la humildad, la ausencia de necesidad de hacer ostentación por medio de un despacho. ¡Pero qué necedad! Si es una de las cincuenta mayores fortunas del planeta (según Forbes), ¿para qué iba a querer él presumir de despacho?
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