Si exceptuamos que tiene dos amplios ventanales en una esquina al exterior, este despacho se parece bastante al mío. Estrecho, una mesa al fondo, frente a la luz, con una mesa no muy grande, un monitor que yo diría es de 17″. Eso sí, yo no tengo ni una sola foto, y sin embargo tengo un mueble con kilos de chatarra informática, libros, miles de CDs y DVDs, y otras decenas de miles de cosas, junto a algo de polvo, que todo hay que decirlo. El de la foto parece pulcro y más o menos ordenado.

Despacho de Steve BallmerEs el despacho de Steve Ballmer (CEO de Microsoft). Lo ha publicado dentro de una galería fotográfica el diario The New York Times. Entre las fotos una con Gates y él muy jovencitos, hace veinte años, descorbatados (como casi siempre) ante una mesa de trabajo. Bill Gates define la asociación entre su vicepresidente y él de esta forma:

One of the greatest business partnerships of all time (una de las mejores asociaciones comerciales de todos los tiempos).

Pero la foto que ha despertado atención ha sido la del despacho. Su modestia y reducidas dimensiones sospecho que despiertan una singular envidia. Lo normal es pensar en que podemos envidiar al magnate con despacho enorme y lujoso, pero nuestro yo concienciado da la vuelta a la tortilla para terminar admirando la modestia, la humildad, la ausencia de necesidad de hacer ostentación por medio de un despacho. ¡Pero qué necedad! Si es una de las cincuenta mayores fortunas del planeta (según Forbes), ¿para qué iba a querer él presumir de despacho?