Pongo brevemente en antecedentes de por qué viene esto ahora, para todos aquellos que no hayan seguido el incidente televisivo de estos días. El miércoles 21 de febrero, TVE-1 tenía prevista la emisión de un programa de La noche de Quintero con la presencia de José María García. El programa se había grabado pocos días antes en los estudios de la productora de Jesús Quintero en Sevilla, tras exigir el antaño periodista deportivo una duración de entre 40 y 50 minutos para la entrevista. Ese mismo día, a las 20.30 horas, aproximadamente, Quintero recibía la comunicación de la corporación pública RTVE que le informaba de que la entrevista no se iba a emitir. Sobre una hora y media más tarde Quintero transmitía esa información al propio García, y los espectadores nos enterábamos por un rótulo a toda pantalla durante la emisión del programa, en el que se decía esto:
Tras esta decisión, García movilizó a la APM (Asociación de la Prensa de Madrid), y junto a su presidente, Fernando González Urbaneja, daba una rueda de prensa al día siguiente para denunciar el caso, conseguir otra dosis de autopromoción y rebelar a los españoles que el dictador ha resucitado y la censura está de nuevo entre nosotros.
Hasta aquí el relato de los hechos, que se puede completar con la visualización de la entrevista completa (en nueve partes) en elmundo.es, gracias a una filtración cuyo origen aún se desconoce.
BUTANITO Y LA LIBERTAD DE EXPRESIÓN
Antes de ponerme a escribir sobre este episodio he releído parte de un libro que publicó José Ramón de la Morena, director de El Larguero en la Cadena SER. Joserra conoce muy bien al personaje, y podría hablar largo y tendido del respeto que este sujeto ha tenido por la libertad de expresión. Por tres veces de la Morena vio su trabajo en el programa nocturno de la SER amenazado por presiones de García. Era 1990, el Butano llevaba ya ocho años en Antena 3 de radio, y se había convertido en un experto en utilizar su poder mediático para pedir la cabeza de compañeros de otras empresas radiofónicas. Eso sin contar los de su propia empresa. En muchos años no escuché a García hablar bien casi de ningún compañero, y sin embargo le escuché arremeter contra casi todos. Como dice Joserra en el libro citado:
Se me venían a la cabeza los nombres de Botines, Belarmo, Calleja… periodistas que se fueron al otro mundo diciendo: “Algún día le daré una hostia…” Pero nunca se la dieron. No les dejaron y tampoco pudieron.
Alex Botines murió trabajando en la misma empresa de Butano, amargado por su mala suerte al compartir empresa con este. El director general de la SER era Eugenio Galdón, actual presidente de ONO e íntimo amigo de García. Joserra aguantó los embates de García gracias a Augusto Delkáder, que convenció en dos ocasiones que se aplazase el despido de la estrella nocturna de la cadena, aunque a la tercera fue la vencida y en esa ocasión nadie pudo hacer nada. Afortunadamente, apenas unos meses después se anunciaba la salida de Galdón del grupo PRISA (había pasado a ser Consejero Delegado de Sogecable-Canal Plus, pero aún mandaba en la SER hasta el punto de prohibir que Delkáder ocupase su despacho en Gran Vía 32, la sede de Radio Madrid y la cadena SER) y eso propició la vuelta gloriosa de Joserra, que abría de nuevo “su Larguero” un 2 de septiembre, cuando aún Galdón no había dejado el grupo.
Antes de eso, en la primera de las ocasiones en que la cabeza de José Ramón de la Morena vio peligrar su puesto apenas había dedicado quince minutos a decir lo que pensaba del Butano, y Galdón le exigía al día siguiente que leyese una nota pidiendo perdón a García. No lo hizo. Un tiempo después, durante un Mundial en Italia, el semanario Tiempo publica una entrevista a García en la que dice que Galdón es como un hermano para él pero que “hay un muchachuelo que…”. Lo de siempre en este personaje, la ofensa, el insulto, el ataque injustificado. La noche que llega la revista a Italia Joserra contesta a García en su programa y al día siguiente le hicieron volver a Madrid de repente. Reunión con Galdón (la vez anterior ni siquiera le había recibido en su despacho de la planta noble de Gran Vía 32) y en esta ocasión ya no había petición de excusas y el ‘intimísimo’ de Butano plantea un “o yo o Joserra”. De nuevo Delkáder le disuade convenciéndole de la idea de que la opinión pública le tomaría como un pelele de García si lo hacía en ese momento, recomendándole que dejase para navidad el despido del periodista. Y esa navidad le pedía clemencia dado lo especial de esas fechas, de nuevo con éxito. A la tercera ya no fue posible, y Joserra se vio apartado de los micrófonos gracias a las maniobras de García.
EL ENGAÑO DE GARCÍA
Esta es solamente una historia, de las decenas que se me ocurre contar. Yo estuve engañado durante años por García. Me creí su discurso, me tragaba sus soflamas aún no convenciéndome su tono de radio-predicador. Escuchaba a García, su Hora 25 deportiva de la SER o el SuperGarcía de Antena 3, sin gustarme el fútbol, aunque siempre me ha interesado como fenómeno de masas. Me creí a Butano, y años después me sentí estafado, burlado, traicionado. La culpa había sido solamente mía, yo era el torpe que se había dejado engañar. Me creí las razones de ese García que era apartado durante semanas, y finalmente expulsado de la cadena SER (la de antes de Polanco) por llamar “payaso” a un ministro. El ministro era Pío Cabanillas, ya fallecido, y este utilizó su poder (el estado tenía entonces un 25% de la propiedad de todas las cadenas radiofónicas privadas y se sentaba en sus consejos de administración) para echar a García. La crítica insultante de este venía porque el Ministerio de Cultura, gestor en ese momento del Palacio de los Deportes de Madrid, que pasaría después a ser de la Comunidad de Madrid, había autorizado el uso de ese recinto deportivo para un uso no relacionado con el deporte, un circo. Me lo creí hasta que, trabajando ya en la COPE, la radio de la Conferencia Episcopal, ese mismo recinto deportivo era la sede de un Sínodo de los Obispos. Y García guardó el más absoluto de los silencios. Me creí a Butanito cuando criticaba a periodistas deportivos por compartir palco con presidentes de clubes, hasta que le vi junto a un presidente en un palco. Me creí a García cuando criticaba la connivencia de algunos periodistas con el poder, hasta bastante tiempo antes de verle como responsable de un grupo multimedia, creado apoyándose en Telefónica en clarísima connivencia con el gobierno de José María Aznar, el mismo al que hoy ridiculiza y casi parodia en la entrevista de Quintero.
Si de algo ha valido la entrevista censurada ha sido para tener confirmación de primera mano de como se fraguó la creación de Telefónica Media, la empresa de la que García recibía una millonada por intentar competir con el grupo PRISA, creando un grupo multimedia, con presencia en prensa, radio y televisión. También ha servido para ver a Butanito incapaz de hacer la más mínima autocrítica. Resulta que así se mueve el periodista que intenta dar lecciones de periodismo, y de decencia, y de independencia con respecto al poder, y de pluralismo, a todos los demás. Cuando se le ocurre que hay que crear un grupo de comunicación que le plante cara a Polanco, en lugar de poner sobre la mesa los más de mil millones de pesetas que ganaba anualmente en la COPE e intentar conseguir más financiación de otros grupos empresariales, planteando un proyecto de demostrada viabilidad económica y profesional, lo que se le ocurre es ir a la Moncloa y presentarle su proyecto a Aznar. De Aznar consigue el apoyo, a través de él se produce el contacto de García con la Telefónica de Villalonga, el compañero de pupitre de Aznar que había sido nombrado por este y que aún tiene pendiente proceso judicial en España, habiendo abandonado esa empresa tras el escándalo de las stock options, el mismo que le hizo millonario.
LOS HERRERO
Volveré a este episodio, clave para entender la trayectoria de García en los últimos años, tras encontrarse en el momento en que se encuentra, en que tras superar felizmente una grave enfermedad se le ve ahora mendigando trabajo. Este sujeto califica de mafiosos los métodos de otros personajes (Florentino Pérez, el entonces ministro Zaplana, y otros), pero no se mira a sí mismo en el espejo nunca. Me quiero referir, para cerrar este primer episodio de la historia del Butanito, al momento del desembarco de García en la Cadena COPE, donde entra como elefante en cacharrería hasta el punto de provocar la salida, a punto de iniciarse la temporada, de Manuel Antonio Rico. Este marcharía presuroso y escandalizado a Onda Cero, donde comenzaba temporada contando lo que había tenido que vivir, como Butanito iba mandando desocupar mesas y despachos a profesionales de aquella casa para que lo ocupasen los suyos. Un par de meses antes, al principio del verano, García concedía una rueda de prensa para presentar su fichaje por la COPE, tras su estrepitosa salida de Antena 3, que había pasado a manos de PRISA en un proceso que se ha contado (por él mismo y por otros como el bandolero Losantos) de forma falsa y manipulada, el absurdamente llamado “antenicidio”, que no ocurrió como estos individuos quieren hacernos creer. En esa rueda de prensa se encontraba también Antonio Herrero (que desembarcaba de su mano en la radio de los obispos) y el entonces presidente de Radio Popular, Bernardo Herráez (un cura que conoció en sus carnes como eran estos periodistas, y cuando digo en sus carnes lo estoy diciendo en toda su textualidad, ya que llegó a recibir algún mamporro en discusión por los pasillos y despachos de la casa que dirigía). Herráez fue preguntado por un periodista si se iba a incorporar algún otro profesional procedente de Antena 3 de radio, a lo que contestó que no estaban previstas más incorporaciones. García interrumpe entonces a su presidente y toma la palabra: “Sí, lamento contradecir al señor Herráez, don Bernardo, pero creo, espero y deseo, que se produzca en breve la incorporación de Luis Herrero a este equipo”. La temporada comenzaba con Luis Herrero presentando las mañanas de esa cadena de radio. Había podido más el poderoso periodista que la palabra expresada por el cura presidente.
El maridaje que se había producido en Antena 3 entre García y los Herrero (que no eran familia sino que se habían conocido en la Universidad de Navarra, donde ambos estudiaron) siempre me llamó poderosamente la atención. Hoy García habla mal de Luis Herrero, y quizá no haga lo propio con Antonio porque murió ahogado en el mar de Marbella, en un triste incidente. Según Butanito, Herrero ha traicionado a la profesión, al convertirse en diputado del Parlamento Europeo por el Partido Popular. Esto lo califica como un hecho grave, pero sin embargo nada dijo nunca de ese Luis Herrero, hijo de uno de los últimos que ostentaron el cargo de Secretario General del Movimiento (esto es tan sólo un dato), que comenzó su carrera como director del diario Mediterráneo de Castellón (comienzo desde las alturas), periódico que publicaba una foto de los almendros en flor bajo el título ‘Los almendros florecen…’, nada menos que el día antes del 23 de febrero de 1981, el del fallido Golpe de Estado de Tejero (’Colectivo Almendros’ era el nombre con el que el diario El Alcázar publicaba artículos claramente golpistas). Lo cuenta de esta forma la también periodista Pilar Urbano en un interesante libro sobre ese episodio histórico que nos tocó vivir, titulado Con la venia… yo indagué el 23-F, que tengo entre mis manos:
Y dejemos también en casualidad que el diario «Mediterráneo» de Castellón apareciese ese día con un dibujo que parecía no venir a cuento: un almendro en flor… Un mes más tarde podría haber tenido una explicación de anuncio de primavera. Pero no en febrero. Ese dibujo costó a su joven director, Luis Herrero, hijo del malogrado ministro Herrero-Tejedor, la pérdida del puesto. Él no pudo dar la explicación satisfactoria. Quizás un pariente muy allegado suyo, Luis Algar, amigo de conciliábulos inquietantes y siempre relacionado con civiles y militares de la España nostálgica, podría revelar la “causa” de esa… casualidad.
La noche del 23-F, Butanito empuñaba el micrófono y se ponía a retransmitir desde la puerta del Congreso de los Diputados, en la Carrera de San Jerónimo de Madrid. Esa se iba a convertir en “la noche de los transistores”, y él no se lo iba a perder. Porque para eso tiene tanta intuición como conocimientos le faltaban de la actualidad política. Pero era García, el que piensa que el micrófono siempre ha de ser suyo. Y lo será de nuevo, ya lo veremos.