No, no voy a hablar de la película de Isabel Coixet. Retomo el meme que ha dejado Vuarnet amablemente a disposición de quien quiera. Consiste en poner cinco cosas que la gente pudiera ignorar de mi. Supongo que son muchas más, porque he sido un poco opaco a la hora de hablar de mi mismo, aunque algunas cosas se van filtrando necesariamente. En cualquier caso valdrían como cinco cosas que no suelo contar de buenas a primeras. Voy a ello:

  1. Tuve un accidente que pudo ser mortal hace cuatro años. Era mi primer día de vacaciones, había llegado a Londres tres horas antes, y cruzando Regent Street (esa calle con una curva enorme, que va de Picadilly a Oxford St.) me atropelló un autobús. Miré para el lado equivocado. Lo curioso del caso es que ni siquiera había bajado el bordillo de la acera, sino que simplemente saque la cabeza demasiado, justo al paso de uno de esos voluminosos autobuses rojos de dos pisos. El golpe en la cabeza fue brutal, y los médicos diagnosticaron mi muerte. La única salida era una operación en mi cerebro que hubiera dejado secuelas físicas y funcionales importantes. Afortunadamente un médico español, de Zaragoza, evitó la operación. No sé si confío en un milagro o en un milagro. Pero en aquello en lo que confiara funcionó, contra todo pronóstico. Ya de vuelta a casa, y tras cinco meses de dolores intensos de cabeza continuos, veinticuatro horas sobre las veinticuatro del día, mi neurocirujano de Madrid me dijo que era un caso para enseñar en las facultades de medicina. Afortunadamente lo pude evitar, pero mucho más afortunadamente hoy lo puedo contar. Y me siento muy afortunado por esto. También por esto. Sobre todo por esto.
  2. Me gusta la fiesta de los toros, aunque cada vez soy menos taurino. Es más, me cuesta ahora ver una corrida de toros, sobre todo en los momentos críticos, cercanos a la muerte del animal. Soy medio converso, me debato entre la atracción hacia un arte tan bello, con un ritmo tan perfecto (cuando se respetan las formas y los tiempos), con una liturgia tan atractiva; y mi rechazo a convertir la muerte en un espectáculo. Sé que es contradictorio, pero a menudo no soy más que una contradicción con patas.
  3. Soy un gran aficionado al teatro musical, del tipo que sea. Andrew Lloyd Webber me hizo tomar afición, fue en los tiempos de Jesucristo Superstar y Evita. Luego pude empezar a saborear la Opera, la Zarzuela, y de nuevo el gran musical americano o inglés. Mi obra preferida es Cats, que vi un par de veces en Londres y otras tres en Madrid. Me apasionan las historias bien contadas a través de la música y las canciones, y mucho más cuando solamente se utiliza de ese medio para la narración, lo que se ha dado en llamar “formato Opera”, al consistir en una sucesión de canciones que es suficiente para enterarnos de toda una historia. Stephen Sondheim y el mencionado Webber son mis preferidos, de entre otros muchos maestros del musical.
  4. Llevo casi veinte años dedicado (estudiando y trabajando) a algo que espero abandonar en breve. Me gustaría dedicarme profesionalmente a Internet y dejar mi trabajo de siempre. Hasta ese momento sigo haciéndolo lo mejor que sé. Y no me va mal.
  5. Soy terriblemente despistado. Esto es así desde hace relativamente poco, supongo que uno va perdiendo facultades en algunas cosas, en la misma medida que va aumentando responsabilidades y multiplicando las actividades. O igual no es así, quién sabe. Pero mi memoria cada día es más de pez, y hago cosas de sabio loco que antes no hacía. Y lo malo es que no soy sabio. Aunque me quedaré con lo positivo, como siempre intento. Tampoco estoy loco.

Podéis seguir este meme, si lo deseáis. A mi me apetece que me contéis.