Leí la semana pasada que la escritora sudanesa Kola Boof, publicará próximamente un libro en el que cuenta que fue amante de Bin Laden y menciona, entre otras cosas, que los programas favoritos de televisión de éste, eran las series “Aquellos maravillosos años”, “Corrupción en Miami” y “McGyver”.

No sé explicar el por qué, pero la noticia me deja pasmado. No sé si reírme como un loco, pedir ya directamente el ingreso en un manicomio o sentir un ataque de pánico de proporciones incalculables. Que uno de los asesinos más buscados de los últimos tiempos, responsable de miles de muertes, un fanático loco y desquiciado, disfrute con series tan ñoñas y tiernas como “Aquellos maravillosos años” que ensalza el espíritu bondadoso de la familia americana, o con series en las que los buenos buenísimos (americanos) atrapan a los malos malísimos (peligrosos y malvados criminales), me deja con los pelos de punta.

Si no fuese porque el personaje es responsable de tanta sangre derramada, de tanto dolor y tanto odio, propondría la noticia como argumento de un sketch de “Agitación + IVA”.

Vivimos en un mundo tan absurdo y tan irreal, que prefiero tomármelo todo a risa. Sin la ironía estoy perdido. Cualquier día quizás vea al propio Osama en “El club de Flo” recitando monólogos.

Y el caso es que yo me imagino a Bin Laden en su cueva (o en un dúplex en Park Avenue, por que ya no me extrañaría nada), viendo emocionado como Jack Bauer (de la serie “24”), desarticula un malvado grupo terrorista que atenta contra la seguridad del mundo libre.

Con una Coca Cola y un paquete de palomitas, para que no falte nada en el cuadro.