Ella es tierna, salvaje y divertida. Es capaz de alegrar un día con una sonrisa y llenar de calor una tarde de invierno. Tiene la mirada clara, como si su corazón no hubiese albergado nunca ningún mal deseo contra nadie.

Él la observa. Escucha el sonido de su voz. Contempla el gesto de sus labios cuando ríe. Piensa que es un cabrón con suerte por tenerla a su lado.

Cuando ella le dice: “Eres lo mejor que me ha pasado nunca. Te adoro”, él no puede sostenerle la mirada y le come la boca para que las palabras no sigan saliendo. Siente que no está a la altura y que nunca lo estará. Pero el mundo es así de extraño.

Luego cuando la ternura se convierte en pasión y el amor se vuelve sexo húmedo y ardiente, él recorre cada rincón de su cuerpo con sus labios, susurrándole al oído la mezcla de palabras tiernas y salvajes que ella le pide con voz entrecortada, mientras se deja ir, deshaciéndose como agua de mar entre sus brazos.