Coincidiendo con el certamen de Miss Universo, celebrado este fin de semana, hacía yo esta mañana la siguiente reflexión, motivado por una información que he recibido al respecto. En 1930 la ganadora de ese certamen medía 1,60 m, treinta años más tarde la estatura de la ganadora era diez centímetros superior a esa, llegando a los 1,70 m. La ganadora portorriqueña de este año mide 1,75 m, mientras que la representante española está cerca del 1,80 m.

De lo cual colijo que debe ser real una de estas dos opciones. O la evolución de la especie, al menos la femenina, es lo suficientemente rápida como para que se aumenten casi 20 centímetros en tres cuartos de siglo, o bien los gustos cambiantes nos hacen apreciar cada vez más un valor en la mujer como es el de la estatura, posiblemente por encima de las proporciones, las curvas mareantes, o cualquiera que sea.

O que buscamos cada vez más ’súper-mujeres’, o igualmente ’súper-hombres’, en la belleza, el deporte o en otro tipo de manifestaciones. ¿No nos daremos cuenta que somos todos humanos y los ’súper’ no existen más que en los cuentos?