Hiperrealidad, la luna y el gran Kubrick
La hiperrealidad y la simulación, una de las disidencias más revolucionarias, el auténtico contra-poder. Hiperrealidad es un concepto de la semiótica y la filosofía posmoderna, que desarrolló ampliamente Jean Baudrillard, y también Daniel Boorstin o Umberto Eco. Baudrillard sugiere que el mundo en el que vivimos ha sido reemplazado por un mundo copiado, donde buscamos nada más que estímulos simulados.
Podemos tomar como la alegoría más adecuada de la simulación el cuento de Borges donde los cartógrafos del Imperio dibujan un mapa que acaba cubriendo exactamente el territorio: pero donde, con el declinar del Imperio, este mapa se vuelve raído y acaba arruinándose, unas pocas tiras aún discernibles en los desiertos - la belleza metafísica de esta abstracción arruinada, dando testimonio del orgullo imperial y pudriéndose como un cadáver, volviendo a la sustancia de la tierra, tal y como un doble que envejece acaba siendo confundido con la cosa real. La fábula habría llegado entonces como un círculo completo a nosotros, y ahora no tiene nada excepto el encanto discreto de un simulacro de segundo orden.
Jean Baudrillard (Simulacro y Simulaciones)
Pero la simulación ya no es la de un territorio (”El territorio ya no precede al mapa, ni lo sobrevive. De aquí en adelante, es el mapa el que precede al territorio, es el mapa el que engendra el territorio”), una existencia referencial o una sustancia. Se trata de la generación de modelos de algo real que no tiene origen ni realidad: un “hiperreal”. O sea, que en la era postmoderna el territorio ha dejado de existir y sólo ha quedado el mapa o, mejor, que es imposible distinguir los conceptos mismos de mapa y territorio, se ha borrado la diferencia que solía existir entre ellos. Baudrillard insiste en que la realidad supera a la ficción y asegura que los receptores de la Hiperrealidad desempeñan un papel pasivo. Para él no existe la construcción de sentido independiente.
El concepto de hiperrealidad me ha atrapado de forma turbadora. La sociedad que vivimos, el consumismo que nos arrebata a todos, es un entorno perfecto para construir un mundo más ‘real’ que Real. La autenticidad ha sido reemplazada por la copia (dejando así un sustituto para la realidad), nada es Real, y los involucrados en esta ilusión son incapaces de notarlo. La serie sobre la llegada del hombre a la luna, que hemos presentado aquí la última semana, es la descripción de una hiperrealidad, la simulación de algo aún cuando se hubiera producido en la realidad, pero que una obsesión por la perfección y por ver la realidad reemplazada por una copia, hace que se presente al mundo entero lo simulado como algo real. De forma relativamente incontestable, además, porque jamás podríamos demostrar que el hombre no pisara la luna realmente, y aunque demostráramos lo contrario no iríamos tampoco contra la tesis defendida en la serie.
Pero esa hiperrealidad que presenta el programa documental en el que nos basamos para esa serie de artículos, es la auténtica base del programa en cuestión. El propio documental es una simulación, un ejercicio de hiperrealidad de un estilo impecable. Sí, es hora de reconocerlo ante todos aquellos que no lo hayan descubierto ya (pistas había): El documental es una simulación que utiliza magistralmente imágenes de archivo reales sacadas de contexto, que mezcla hábilmente datos verdaderos con otros falsos, que muestra testimonios de personajes que hablaban de otras ‘guerras’ con los de actores representando ciertos papeles, siguiendo un guión impecable, que es el de este “mockumentary” o “documentira”. ¿Una parodia? ¿Pura comedia tomando forma de periodismo de investigación? No, hiperrealidad.
El simulacro nunca es aquello que oculta la verdad - es la verdad lo que oculta que no hay verdad alguna.
El simulacro es cierto.
(Eclesiastés)
Antes de continuar me gustaría pedir mis más sinceras disculpas a todos aquellos que han seguido la serie con interés, incluso ávidos de que llegará el episodio siguiente. Sé que han sido muchos, hayan dado muestras de ello públicamente o no, y creo que les debo estas excusas. Si hay alguien tentado de pensar que he intentado ‘jugar’ con mis lectores, que me he burlado de ellos, le ruego atienda a estas explicaciones y acepte estos argumentos. Y, en todo caso, espero que quien se pueda sentir molesto por el simulacro sepa perdonarme.
En las horas que me llevó adaptar el contenido de ese documental de ARTE France, llamado Opération Lune o Dark side of the moon, en las que estuve tentado de abandonar en varias ocasiones, tuve en muchas otras el temor a que el lector descubriera el engaño. Las pistas, como apunté antes, son muchas, y la traslación al lenguaje escrito y publicado en la red de un argumento creado para un espacio documental televisivo, hace especialmente difícil que no haya una parte de la audiencia que pueda advertir la naturaleza de lo que se está contando. En mi propia adaptación había señales bastante inequívocas, y no en vano quise inaugurar categoría con esta serie de artículos, que iba a llamar precisamente “hiperrealidad”. Era la principal de las pistas, pero no la única, ya que desde la primera entradilla quise dejar bien claro que esto era un “relato”, que si bien en la primera acepción el DRAE recoge el sentido de “conocimiento detallado de un hecho”, en la segunda habla del aspecto relacionado con la ficción, al definir el término como “narración, cuento”. Era equívoco, por tanto, y lo utilicé casi como una coartada, para poder alegar que yo ya advertí que era ficción. No podía ser mucho más explícito por miedo a privar al lector del placer (probablemente discutible, lo sé) de ser objeto del engaño. De alguna manera, mi ‘ilusión’ era que todo el mundo se sintiera (fuera) tan inocente como lo fui yo al ver ese programa de televisión.
Necesité tres visionados para darme cuenta de que estaba ante una historia de hiperrealidad dentro de la hiperrealidad. Es como ese género (generalmente poco exitoso) de ‘cine dentro del cine’, en que una película se ambienta en la realización de otra pieza cinematográfica de ficción. En este caso, nos estaban narrando una simulación simulada. La propuesta me pareció ‘lo más de lo más’ cuando descubrí todas las claves, principalmente porque antes me había resultado amena e interesante, como espero que les haya pasado a la mayoría de nuestros lectores. Vi Opération Lune (documento de prensa del documental en PDF) en el canal Documanía, en Digital +, hace unos años. No estaba seguro de haber visto el programa desde su comienzo, y la duda de si lo que estaba viendo no era una broma me asaltó de tal forma que tampoco presté atención a las imágenes de los títulos de crédito finales, que eran más que reveladoras al mostrar a los actores que encarnan ciertos papeles en el documental con el guión en la mano, repitiendo parte de sus intervenciones e incluso burlándose de lo disparatado de algunos textos que estaban obligados a interpretar.
El debate estaba establecido delante del aparato de televisión, que había cedido su protagonismo a las opiniones que vertíamos quienes habíamos estado asistiendo a esa emisión. Me suscitó el suficiente interés el programa como para programar mi vídeo para grabar la siguiente emisión del mismo, grabación que vi una vez más sin aguantar hasta el final. Pero esta vez mi extrañeza se había disipado (había visto desde el principio la cinta y no aparecía advertencia de ‘inocentada’ por ningún lado) en la misma medida que crecía mi interés, por lo cual decidí investigar por mi cuenta, sumergirme en aquella historia y en sus protagonistas. Eso fue definitivo, y la tercera vez que vi el documental disfruté de distinta forma. Ahora lo estaba haciendo con un ejercicio de hiperrealidad fascinante, y quiso el destino que fuera entonces cuando viera esa especie de ‘tomas falsas’ del final, y no antes.
Como ya dije, en este lenguaje al que me disponía a adaptar el ejercicio de hiperrealidad del programa, está apenas a un par de clics el averiguar ciertas cosas, que son la parte de ‘humorada’ que tiene Opération Lune, ya que basta con buscar algunos nombres en Google o en la Wikipedia para darse cuenta de ello. Jack Torrance, el joven productor de Hollywood del que se habla, es el nombre del protagonista de El resplandor, película precisamente de Stanley Kubrick. David Bowman, el supuesto técnico de la NASA, medio ciego en la actualidad, que recuerda el carácter bromista de Armstrong, es el nombre de un personaje creado por Arthur C. Clarke y Kubrick para la serie Odisea del espacio. Dimitri Muffley, ese antiguo agente de la KGB que afirma poseer una fotografía (el poder de Photoshop y su capacidad de crear fotomontajes) en la que se ve a su vez una foto de Kubrick olvidada en el suelo lunar reproducido en el estudio de la Metro en Londres, es un nombre creado a partir de los del presidente estadounidense (Merkin Muffley) y su homólogo soviético (Dimitri) en ¿Teléfono rojo? Volamos hacia Moscú, otro film del gran Kubrick.
He de confesar que el detalle de la foto del director de cine en el falso suelo lunar fue de los que me resultaron más ‘chuscos’ y sorprendentes a la vez. De los tres episodios en que decidí dividir la serie, en los dos primeros ese de la foto es posiblemente el detalle más disparatado, reservándome para el tercero y último la parte más increíble. A pesar de todo, vuelvo a repetir que me tragué la historia casi en dos ocasiones, aunque la segunda me hizo dudar hasta el punto de buscar unos nombres que resultaron ser falsos. Pero no todos los personajes falsos imaginados por William Karel (director del documental) se correspondían con nombres de personajes en filmes de Kubrick. Eve Kendall aparece en el thriller de Hitchcock Con la muerte en los talones y en nuestra historia es esa secretaria de Nixon que decide revelar todas las claves de la trama. Y el experto huido y reconvertido en monje se llama Ambrose Chapel, como un personaje de El hombre que sabía demasiado, otra obra del mago del suspense. Como vemos, hay un componente importante de juego, de ironía cómica.
En cuanto a los testimonios de Rumsfeld, Kissinger, Eagleburger, Helms, Haig o Walters; se trata de una serie de entrevistas grabadas, sometidas a una descontextualización, de tal forma que las palabras de Donald Rumsfeld, leídas fuera del contexto, no dicen prácticamente nada, pero colocadas convenientemente en medio de la narración son interpretadas debidamente por el espectador (lector). En cuanto a los de otros como la familia Aldrin, Elbaz o Hoffman, simplemente se les hizo creer que se rodaba un documental sobre otro tema. En mi opinión solamente el testimonio de la viuda de Kubrick se obtiene informándola del objetivo del programa documental. Karel, creador de esta pieza de hiperrealidad televisiva, aclara lo relativo a todos esos testimonios en una entrevista publicada en la web de ARTE, en la que dice lo siguiente:
¡Ninguno entró en el juego! No pusimos a ninguno de los testigos reales sobre aviso: ni a la gente de la NASA, ni a Aldrin, ni a la mujer de Kubrick, ni al hermano de ésta. Simplemente hay siete actores a los que se les dio un guión y que hacen de testigos. Las imágenes de los consejeros de Nixon provienen de la película “Los hombres de la Casa Blanca”. Utilizando convenientemente sus testimonios, bastaba con tener un testigo falso, en este caso una secretaria de Nixon, para que hiciese de enlace y consiguiese que la historia fuese creíble. A los verdaderos testigos les dijimos que estábamos rodando una película sobre Kubrick, sobre sus películas, sobre la Luna o sobre la NASA, y les hacíamos preguntas un poco vagas…
Pero más interesante me parece esta reflexión que a modo de explicación hace Karel, que entronca perfectamente con el propio concepto de hiperrealidad que explicaba yo al principio de esta anotación:
Yo acababa de hacer una película sobre Hollywood totalmente basada en las mentiras (”Hollywood”, emitida por ARTE en la serie “Voyages, voyages”). Hablé con la Unidad de Documentales de ARTE Francia, y les dije: ¿por qué no hacemos un “documentira”, según la terminología de Agnes Varda, para contrarrestar un poco el lado demasiado serio de ARTE, pero también para divertirnos? Porque el objetivo primero era divertir, hacer una película extraña, para hacer ver que no hay que creer todo lo que se nos cuenta, que se puede hacer mentir a los testigos, falsificar los archivos, tergiversar cualquier tema a base de falsedades. Buscamos un tema a la vez universal e histórico y que no fuese tan delicado como un asesinato o una guerra. Y pensamos en las imágenes de los primeros pasos del hombre sobre La Luna. El tema se prestaba bien a nuestras intenciones: hace ya treinta años que hay un debate sobre la realidad de estas imágenes. Godard es el primero en aparecer en el informativo de TF1 diciendo: “este directo es una farsa”. Y esas dudas son apoyadas por hechos reales: Aldrin se hizo alcohólico, Nixon no asistió al lanzamiento del cohete, los astronautas hicieron decenas de miles de kilómetros para quedarse solamente tres horas sobre La Luna… Encontrábamos, pues, que se trataba de un tema bastante curioso. (…)
En el caso de la Luna, si no hubiesen existido imágenes, no habría existido acontecimiento. Y además el cine influye sobre la actualidad. Ha habido una puesta en escena de la toma de Iwo Jima, las fotos de la toma de Reichstag, el desembarco de los estadounidenses en Somalia repetido dos o tres veces para las cámaras cinematográficas… Y durante la guerra del Golfo, o la más reciente de Afganistán, vimos tres o cuatro luces verdes y ni una imagen verdadera… Pensé que era interesante mostrar la importancia de las imágenes, o de la ausencia de imágenes, en un acontecimiento.
Y esa es toda una clave de la hiperrealidad, la Guerra del Golfo. Justo antes de que se iniciara esa guerra, Baudrillard predijo que no ocurriría. Después de la guerra, proclamó haber estado en lo cierto: “la guerra no ha tenido lugar”. La realidad de la guerra, en la que la gente se enfrenta una a otra hasta la muerte, había sido reemplazada por una copia de la guerra donde no existió ninguna lucha, ya que ésta solo llegó al resto del planeta a través de la televisión. Según su postura, Estados Unidos se ve comprometido con la ilusión de estar combatiendo, tal como la mente del jugador se ve inmersa en el videojuego, donde la experiencia engaña a la consciencia haciéndole creer que es un actor de algo que no está sucediendo. Mientras el combate pudo haber sido real, sólo unas pocas personas en el otro extremo del planeta lo experimentaron. La ‘guerra’ que fue transmitida por la televisión, y en consecuencia, la guerra tal como fue entendida por la mayoría de la gente, no fue realmente real.
Dejando a un lado lo apasionante que resulta esa especie de ‘lucha’ entre quienes defienden las teorías de la conspiración y los que podrían encarnar hoy en día el papel de inquisidores, los ‘Torquemada’ del momento, ávidos por desmontar teorías falsas, que se apoyan en el pantanoso suelo de arenas movedizas que es la realidad científica de lo políticamente correcto; insisto en que la visión de la hiperrealidad dentro de la hiperrealidad me ha atrapado como lo hace un juego de espejos que ofrece de forma aparentemente infinita una misma imagen dentro de otra, o como las matriuskas rusas, esas muñecas que reproducen dentro la imagen de otra semejante, una dentro de la otra. Y además me ha hecho reflexionar sobre el concepto filosófico de Baudrillard, hasta el punto de decidir mantener esta categoría del blog para seguir hablando de manifestaciones de hiperrealidad que comprenden comportamientos que son representativos del momento que vivimos.
Así, en la entrada de la Wikipedia sobre hiperrealidad nos encontramos con una relación de ejemplos de hiperrealidad como esta:
- las bebidas deportivas de un sabor que no existe (”Xtreme, Fierce, X-factor”)
- un árbol de navidad con mejor apariencia que cualquier árbol real
- la foto de una modelo que se retoca con ayuda de una computadora antes de publicarla en una revista
- un jardín muy bien cuidado (la hiperrealidad en la naturaleza)
- el cine
- Disney World y Las Vegas
- pornografía (”más sexy que el sexo mismo”)
- las relaciones amorosas creadas y mantenidas exclusivamente a través de Internet (”cibernoviazgo”)
Añadiría, en mi interés, el programa «Gran Hermano», como precursor del género de “realidad televisiva”, que no deja de ser una realidad taimada y retransmitida. O, ¿por qué no? buena parte de ese “periodismo de investigación” (conceptos redundantes, todo periodismo es investigación) que parte de un fin antes de comenzar la propia investigación, y nos cuela cintas de la Orquesta Mondragón como un documento definitivo para demostrar lo que pretenden, en una hiperrealidad periodistica que nos muestra una realidad trufada de mentiras y pruebas manipuladas.
¿Vivimos en un mundo irreal? ¿O hiperreal? ¿Necesitamos construir a nuestro alrededor un entorno consumista de hiperrealidad (dicotomía sujeto/objeto) para seguir viviendo? ¿El mundo es un hiperreal paño de lágrimas porque nosotros queremos que así sea?
Esto no ha hecho más que empezar. (Gracias por leerme y saber perdonar la ‘inocentada’.)
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23.07.2006 @ 03.23
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24 Comentarios a “Hiperrealidad, la luna y el gran Kubrick”
1.
Saila | 23.07.06 @ 12.03
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No te perdono. Sentí una sombra de sospecha cuando nos emplazaste al epílogo…
Una vez más se demuestra porqué nos hemos vuelto tan escépticos y no creemos mas que lo que vemos.
No se quién dijo “buscad a los detractores”. Era una fórmula muy eficaz.
Ahora muchos de los detractores no sirven tampoco.
2.
Maripili | 24.07.06 @ 00.03
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Yo sí te perdono.
La verdad es que seguí con cierta distancia esta serie de ‘hiperrealidad’ que nos relatabas.
Aunque no me tomé la molestia de comprobar ningún nombre, no sé por qué me pasaba un poco como a Senador, no terminé de creérmelo del todo. Esas teorías de la conspiración nunca me han convencido. Me provocan el mismo escepticismo que a los conspiradores les provoca el creerse que realmente el hombre pisó la luna.
Y en lo que se refiere a la hiperrealidad, creo que un buen ejemplo de eso sería también la película Matrix.
3.
DVDCano | 24.07.06 @ 00.27
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Sabía que saldría Matrix. De hecho he buscado el DVD y lo tengo pendiente para verla, porque cuando lo intenté me quedé dormido (un 1 de enero, mal momento). Pero he leído que se relacionaba Matrix hablando de la hiperrealidad.
Yo soy escéptico por naturaleza. Pero no soporto a los ‘cazafantasmas’, los ‘Torquemada’ que persiguen matar los sueños. Se piensan que están ‘del otro lado’, y que su lado es el bueno, pero viven en un simulacro no muy diferente de otros.
Me ha molado hacer el papel de Iker Jimenez por unos días.
4.
Jazmín | 24.07.06 @ 02.24
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Me siento como si me hubieran timado… ¡¡¡Qué feo!!!
5.
Jazmín | 24.07.06 @ 02.31
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Debí decirte antes, que de igual forma, he disfrutado mucho los artículos pero se me fue el comentario antes de terminarlo.
6.
Senador Palpatine | 24.07.06 @ 08.58
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Sé que decirlo ahora, suena a poco creible, pero el documental que daba origen a tu artículo (excelente, eso sin duda), no había por donde cogerlo. No tanto por lo que contaba (que puede ser más o menos creible), sino porque muchos de los personajes citados, no podían haber hecho esas declaraciones fuesen o no ciertas. Sus cargos les imposibilitaban para éllo. Además, en cuanto se mencionó a Kubrick, la cosa ya no había por dónde cogerla. Un gobierno capaz de organizar algo así, no hubiese dejado tantos testigos.
En fin DVD Wells, me encanta la lección que has dado a mucha gente. Yo por mi parte, ya sabes, en un mar de dudas, con lo cual pocas veces puedo equivocarme, jajaja.
7.
Senador Palpatine | 24.07.06 @ 09.26
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Un apunte, sobre el cine dentro del cine: es mi género favorito. Te menciono sólo de memoria unas cuantas joyas: El crepúsculo de los dioses, Fedora, El Juego de Hollywood, Dos semanas en otra ciudad, Cautivos del Mal.
Otras reflexiones:
Lo de Jack Torrance, me dió un cante brutal. Inconsciente, claro está. Me dije, cómo me suena este nombre. Inconscientemente también te recomendé las novelas de James Ellroy, que no dejan de ser otro claro ejemplo de esa hiperrealidad.
Volviendo al cine, el otro día recordaba “La cortina de humo”, porque todo el tono general del artículo me la traía continuamente a la cabeza.
Un apunte personal. Cuando era pequeño (hablo de unos 10 años, más o menos) y durante muchos años, pensaba que todas las personas que me rodeaban eran actores, que representaban una obra en la que yo era el protagonista. Todos estaban sin nada que hacer hasta que yo pasaba cerca de ellos y entonces empezaban con su actuación. Durante años, en determinados momentos, he continuado pensándolo. Ahora, por desgracia, casi nunca lo creo.
Por cierto nunca he ido a Las Vegas, pero creo que si el cielo existe, debe ser así. Adoro las fotos retocadas, que borran y anulan todas las imperfecciones. Al menos para soñar, prefiero que todo sea perfecto.
Y muchas veces desearía que en la vida me ocurriesen las mismas situaciones que en una película porno (jaja), género cinematográfico del que soy fan (no me importa reconocerlo).
8.
DVDCano | 24.07.06 @ 09.43
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‘El crepúsculo de los dioses’ tiene su versión en teatro musical, por uno de mis autores preferidos, Andrew Lloyd Webber (el musical se llama ‘Sunset Boulevard’). Soy fan fatal del teatro musical, y me estoy resistiendo mucho a escribir una nota sobre ese tema. ‘El juego de Hollywood’ es otra gran película, sí. Son las que conozco de las que mencionas (soy menos cinéfilo que tu, está claro).
¿Viviste tu infancia como un “The Truman Show”, no? (otro ejemplo de hiperrealidad brutal, y otra de mis películas favoritas de todos los tiempos, por muchas razones).
Sobre Las Vegas y Disneyland escribiré otro día, que da para mucho.
9.
DVDCano | 24.07.06 @ 09.51
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Ah, y tu referencia medio oculta a Orson Wells y su ‘Guerra de los mundos’ es otro ejemplo de hiperrealidad, claro. En ese caso con gran eco mediático, en un momento como aquel en que era posible tal eco y la población era más inocente. Imaginaros en la España de 1980 (por no ir mucho más alla), con un canal y medio de televisión, y en que cualquier programa de ‘prime time’, tipo ‘Un, dos, tres…’, llegaba a alcanzar los 16 o 18 millones de espectadores. En USA eso se multiplica casi por diez y pueden llegar a ser 150 millones.
El programa de Wells fue en radio, pero con una difusión impresionante. Si me aguanta el personal haré otra nota sobre Wells y su experiencia de hiperrealidad.
10.
Jazmín | 24.07.06 @ 11.20
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Ya decía yo que por dormirme cada vez que iba (porque ya ni voy) al cine me sacarían a relucir mi parte más ignorante.
Una vez lo dije y ahora me reafirmo, es mejor cerrar la boquita (ó no tocar el teclado) y no opinar porque me siento como los tontos que, en las reuniones de los amigos, los toman para hacer reir a los demás.
11.
Patrizia | 24.07.06 @ 11.31
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La verdad es que leo este blog aunque no suelo dejar comentarios. Suelo leerlo sobre todo por que escribe mi amigo Senador, y por que hay articulos que veo interesantes.
Yo, tengo muy muy poco tiempo, y eso lo sabeis alguno de los que escribis por aki, por que tengo muchisimo trabajo, y lo poco que leo en internet lo leo aki, en este blog.
Por lo cual, me parece que hacer dedicado, un tiempo tan valioso para mi, con esos articulos tan largos, dandole vueltas no se….
me parece que he perdido el tiempo y me siento como cuando eramos pequeños, y debido a nuestra ignorancia e inocencia picabamos en algo y nos decian eso de Se lo ha creido, se lo ha creido…. asi me siento yo.
Por lo que a partir de ahora, buscare otros blogs donde leer, y donde no me sienta engañada de esta manera, durante tantos dias, por que si la broma hubiera acabado de un dia para otro vaya, pero encima nos ha tenido en ascuas varios dias. Y no le veo ni gracia, ni le veo justificación.
Ya me contaras que escribes Senador.
12.
Senador Palpatine | 24.07.06 @ 11.31
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Por favor, no os lo tomeis todo tan en serio. No creo que la intención de nadie haya sido reirse de nadie. Era solo un entretenimiento, un juego. Y a lo mejor, a muchos les ha enseñado a dudar. Y eso siempre es bueno.
Yo hace mucho que aprendí a reirme de mi mismo y suelo pensar en lo ridículo que soy muchas veces. Es muy sano. Siempre que tengo la tentación de tomarme en serio, me paro y me doy cuenta de lo patético que soy. Sin ir más lejos, mirad los escritos que he dejado en este blog. Son increiblemente pedantes en la mayoría de los casos y tiene escaso o nulo interes. Y lo digo sinceramente.
13.
Maripili | 24.07.06 @ 12.04
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A ver, que me parece todo esto un poco desproporcionado.
Creo que no hay que tomárselo tan a la tremenda, que DVDCano (bueno, no soy nadie para hablar en su nombre, pero estoy muy segura de lo que voy a decir) no ha querido nunca, nunca, ofender a nadie.
Como dice Senador esto era un juego, que me parece totalmente inocente, sin ánimo de que nadie se sintiera ignorante ni nada parecido. Os hubiérais sentido igual si hubiérais visto el documental del que hablaban estos artículos? No lo creo.
Nuestro amfitrión mismo tampoco percibió el ‘engaño’ de dicho documental hasta el tercer visionado, y no por eso se muestra defraudado, sino que dice, textualmente:
“La propuesta me pareció ‘lo más de lo más’ cuando descubrí todas las claves, principalmente porque antes me había resultado amena e interesante, como espero que les haya pasado a la mayoría de nuestros lectores.”
Creo que lo que cuenta es la intención, y aquí no había intención alguna de ofender ni jugar con nadie, y eso es lo importante. Teniendo en cuenta además que pide repetidamente disculpas a los lectores a lo largo de esta nota.
Sería una pena que alguien dejara de leer este blog por esto. Es mi opinión, vaya.
14.
DVDCano | 24.07.06 @ 12.08
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Por supuesto que la intención no es reírse. En realidad es un juego, pero también una ocasión para introducir unas reflexiones sobre la realidad y la simulación implícita en algunos comportamientos que son representativos del momento que vivimos, también en algunas de las formas en que organizamos nuestro ocio, y ¿por qué no decirlo? en el mensaje que a menudo nos llega desde los ‘mass media’.
Pero, por supuesto también, hay que respetar a quien no haya entendido o no comparta la broma. De igual forma que habrá tenido que hacer William Karel tras ver su programa exhibido en televisiones de todo el mundo, de Australia hasta España (en algunos países se programó el día de los inocentes, el 1 de abril en aquellos de influencia sajona). O como hay que respetar a aquel a quien se gasta una inocentada y no la sabe encajar o no la quiere aceptar, ni aún cuando se ofrezca una disculpa realmente innecesaria, al tratarse tan solo de una broma. Es algo que entra dentro de lo posible, tan imprevisible como irremediable. Es parte del juego, de alguna forma.
En cualquier caso esto no era ’solamente’ una broma. La intención iba mucho más allá. Y va mucho más allá, ya que, de hecho, seguiré hablando de hiperrealidad durante los próximos días y semanas.
15.
Jazmín | 24.07.06 @ 13.41
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Yo no voy a entrar a polemizar sobre nada del tema. Si DVDCano bien dice que hay que respetar a quien no entiende la broma, yo digo que hay que respetar, de igual manera, a quienes tienen la capacidad de hacerlas, y yo, la primera que lo respeto, aunque no la comparta.
La situación (en mi caso) es que en verdad me siento como timada porque no sólo he leído los artículos con gran expectación, sino que, sin saber que se trataba de un juego, he invitado a muchos de mis contactos a que lo leyeran y ha servido para debatir sobre el tema y me parece que han sido muchas horas de “tertulia” tiradas al fondo del mar, por decir algo.
A raíz de leer los artículos, creí haber aprendido un poco más, pero tampoco. Tengo una “leche condensada” en mi cabeza y reconozco que es por mi ignorancia en este tema (como en otra infinidad de temas más) y por que tengo la poca, muy poca, capacidad de dudar.
Yo no leo el horóscopo porque me creo lo que dice aunque sé que nada es cierto, yo no veo películas de miedo porque me las creo y siento que me pasará a mi lo que veo, yo no paso debajo de una escalera porque, aunque sé que no me pasará nada, alguien me dijo que si lo hacía me traería mala suerte. Eso es todo, todo me lo creí pero como me creo otro montón de cosas. Yo no le doy a encender el cigarrillo a un amigo con el que yo me estoy fumando porque, alguien alguna vez me dijo, que la amistad se perdía, aunque tengo la certeza que eso no es cierto porque conservo amistades a la que un día le di fuego con el cigarrillo que me estaba fumando yo… pero, desgraciadamente soy así, todo me lo creo y algunas veces eso me hace pasar malos ratos.
DVDCano, te quiero pedir un favor de todo corazón y con todo el respeto y admiración que me mereces y que siempre te he profesado, borra mis comentarios de los artículos sobre el “Fraude Lunar”, te lo pido de todo corazón y te diré por qué… Ahora cuando la gente lea este nuevo artículo, imagino que automáticamente se devolverá a leer los artículos esos para ver quien ha caído en la trampa y quien quedó con la culo al aire y en verdad, me da mucha vergüenza ser una de esas personas.
Sólo un apunte más, y me excuso de todo corazón por lo amplio de mi post, pero es que quisiera decirle a Senador, que yo aún no he aprendido a reírme de mi misma, más bien, no he aprendido a reírme de nadie, incluida yo.
Muchas Gracias
16.
DVDCano | 24.07.06 @ 13.48
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Como se entere la Milá que fumas, Jazmín…
Borro los comentarios, claro que si.
En cualquier caso, yo mismo he contado, en esta anotación, que vi dos veces el documental absolutamente convencido. Fui el más inocente del mundo. Inocente por partida doble. El primero que quedó con el culo al aire fui yo, sin duda.
Reirse de uno mismo, y cuando toque de los demás, es bueno. Otra cosa es hacer burla y escarnio. Pero la risa es siempre sana y fuente de salud.
Y ser un poco inocente, volver un poco a la niñez en que uno es facilmente engañable, es algo bonito para mi. Y además quizá no nos demos cuenta de que seguimos siendo fácilmente engañables. Nos engañan cada día.
17.
Jazmín | 24.07.06 @ 14.09
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Y yo sola en mi casa, entre las cuatro paredes que la componen también he quedado con el culo al aire en infinidad de ocaciones, pero de allí no ha salido. Lo feo que siento ahora, es que estoy convencida que este Blog es visto por muchas personas y personas muy inteligentes y personas muy capaces y muy conocedoras de todo quedar en evidencia mmm!! no sé, me da vergüenza, en serio que si.
18.
Saila | 24.07.06 @ 14.51
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No te disculpes Jazmín; si no lo quiéramos, lo admiraramos y no confiaramos en que nos estaba descubriendo algo nadie hubiera leído semejante mamotreto. (aún así lo leí con reservas y por encima y con dudas, pero “creyéndomelo”). En mi primera intervención decia: “estoy con Senador, yo también dudo”.
Nunca me arrepentiré de pecar de ingenua porque solo lo consigue la familia, algún amigo, y gente por la que siento aprecio sin conocerlos, (como es el caso que nos ocupa).
Ya le dije que yo no lo perdonaba. ¡Ya se me pasará!
19.
DVDCano | 24.07.06 @ 22.40
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Bueno, gracias a todos por no escatimar en críticas. Como debe ser.
Y espero ese perdón, Saila, y el de todo el mundo. ¿Sabes una cosa? Creo en tu sinceridad en la nota 18, y por eso mismo me ha emocionado un poco. En el fondo, vanidades aparte (o goces intelectuales), lo que uno busca en el fondo (repito) es ese aprecio del que hablas.
20.
lou | 25.07.06 @ 00.46
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Me acabo de enterar de toda esta movida.
Y sólo quería añadir, que un juego “todos”, deberian conocer las reglas del mismo. A esto, yo lo llamaria experimento como mucho.
21.
DVDCano | 25.07.06 @ 00.55
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Lo dice inmejorablemente el autor del ‘documental’:
DVDCano dijo:
Experimento me parecía demasiado ‘pretencioso’, por eso me he sumado a la definición de Senador, que habla de un entretenimiento o juego. Es mucho más humilde que hablar de experimento, a mi juicio.
22.
Saila | 25.07.06 @ 18.39
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http://intercosmos.iespana.es/reportajes/luna/luna_documental.htm
¿Porqué no miramos esta página y seguramente muchas otras, y los comentarios mil que hay sobre el tema? ¡Porque jugó con el factor sorpresa y confiamos en él!
Lo siento pero son los ingredientes de un timo.
Moraleja: No te fíes ni de tu padre.
23.
Mari | 26.07.06 @ 22.27
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¿Y como saber ahora que es realidad y que es hiperrealidad de lo que escribe?
24.
DVDCano | 26.07.06 @ 22.36
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¿Quizá por el título de la categoría? (Hiperrealidad) Es una idea.