Toda la verdad sobre la llegada del hombre a la luna (y III)
En los dos capítulos previos apuntamos el relato del plan de Nixon consistente en realizar un alunizaje falso, rodado en un estudio cinematográfico, para ofrecer al mundo en caso de que no se pudieran recibir imágenes reales de ese momento en que el hombre pisara la luna por vez primera, en la expedición Apollo 11, como finalmente sucedió. Contábamos como se acudió a Kubrick, el director de ‘2001′, y a un grupo de hombres de la Agencia Central de Inteligencia de los EEUU para llevar a cabo esa misión. Pero Nixon no se quedó tranquilo tras ofrecer al mundo las imágenes fraudulentas, y temió que su plan fuera descubierto a la opinión pública, en medio de una situación política y personal no muy buena. Su rectificación habría de ser aún más disparatada que el propio plan inicial, y se planteó eliminar impunemente a aquellos que habían rendido ese servicio a sus directas órdenes y las de sus más estrechos colaboradores.
A continuación, el episodio final de este relato, tan esclarecedor como sobrecogedor.
LOS FALLOS DEL PLAN DE NIXON HABRÍAN DE SER RESUELTOS CON ASESINATOS
Ambrose Chapel, ex-agente de la CIA se negó a tomar parte en la misión, se retiró del servicio, y más tarde se hizo sacerdote en Baltimore.
AMBROSE CHAPEL:
Treinta años después creo que va a siendo hora de poner fin a esta historia. Kubrick ya no está con nosotros, y creo que es lícito contarlo, rebelar el secreto. A los hombres que participaron en aquel proyecto les pagaron muy bien. Prometieron guardar el secreto y desaparecer para siempre. Se les dieron nuevas identidades y nuevas caras. Nuevas vidas en algún lugar remoto del mundo. Pero entonces, Nixon y sus consejeros se asustaron, y empezaron a pensar que desaparecer para siempre debía significar eso mismo.
En la Casa Blanca, Richard Nixon no había podido dormir durante meses. Parecía distraído, incapaz de concentrarse. “¿Y si uno de los testigos del rodaje decide hablar? No podemos correr ese riesgo”, repetía constantemente a sus consejeros. Nixon pidió consejo a su agregado militar, el coronel George Cartland, “enviemos a nuestros mejores hombres de la CIA y deshagámonos de ellos”, le propuso. Preguntados por este extremo Rumsfeld, Kissinger, Eagleburger, Helms y Haig, contestaron lo siguiente:
DONALD RUMSFELD:
El presidente estaba decidido a hacer algo y le dije: “Mire, va a hacer lo que usted quiera, pero creo que ya es tarde. Debió hacerlo antes, no es plato de buen gusto.” Era algo que no quería hacer, así que… me marché. Para mi fue toda una sorpresa, supongo que también lo fue para Henry. Esto no había ocurrido antes, y dije: “Bien, ¿quienes son?” Otras personas tenían que dar la cara y asumir responsabilidades, y lo hicieron. El secretario general me llamó y me dijo: “¿Que está pasando?”
HENRY KISSINGER:
Y yo dije: “Se ha vuelto loco. Esto se va a convertir en el mayor escándalo que ha visto este país.” Los que trabajamos con Nixon, aprendimos a no tomarnos en serio todo lo que decía. Dijo algunas cosas horribles, pero nunca se llevaron a cabo, ni siquiera se hizo el intento. La primera vez que oímos que había un problema fue el martes por la mañana. Nixon era muy inteligente, y sabía cuando se llevaban a cabo sus órdenes y cuando no (…) Cuando me enteré dije: “¿Que cree que ha pasado aquí?” y me contestó: “Algún idiota ha ido al despacho oval y ha hecho lo que le han dicho.” Por supuesto, Nixon estaba inquieto por aquello. Al final iba a tener un fin ignominioso.
LAWRENCE EAGLEBURGER:
Estaba en la cama, ya entrada la noche. Si había bebido o no, yo no lo sé (…) No puedo hablar por los demás, pero sé donde estaba yo. Siempre pensé que iba a pasar esto. El planteamiento de aquella operación fue lamentable. Aquello fue una CIA amateur, si es que alguna vez la hubo. Nixon bebía, no mucho, pero era una de esas personas que con una copa…
RICHARD HELMS:
No sé si pensaba hacerlo, pero no lo hizo. (…) Nixon dijo que la CIA no debía llevar a cabo aquellas operaciones encubiertas, aunque de hecho firmó el documento que les autorizaba a realizarlas. Yo no era el director de la CIA, era el director del elemento operativo de la CIA. Aquello no se hizo nada bien, y nunca quise saber quien lo organizó, me quedé al margen sin más.
ALEXANDER HAIG:
Le dije: “Señor presidente, consultemos esto con la almohada, porque es el trabajo del jefe de personal de la Casa Blanca.” A la mañana siguiente me dijo: “Sabes Hal, tenías razón.” (…) Fui a ver a Nixon y le dije: “Señor presidente, tenemos un problema.” Debo decir que fue un espectáculo llevado a cabo chapuceramente. Los presidentes, presionados por su cargo, tienen que hacer a veces muchas estupideces.
Nixón decidió suspender la operación y se lo dijo a Kissinger y a Alexander Haig. Pero el montaje estaba a punto de descontrolarse. Durante la noche, el coronel Carpland envío a uno de sus agentes de la CIA al despacho oval a conseguir la lista de los que había que eliminar. Ya era demasiado tarde. El coronel George Carpland, que ya estaba como loco, tomo la decisión unilateral de seguir con la operación. Cambió los códigos secretos, interrumpió todo contacto con la Casa Blanca y la CIA, y dio órdenes a su gente antes de desaparecer. Ahora nadie podía detenerle.
La operación la llevó a cabo una sub-sección secreta de la CIA. Los miembros del equipo de rodaje habían empezado sus nuevas vidas en Hanói, donde habían ido a parar para esconderse. La unidad de la CIA empezó a aprender el idioma antes de comenzar la operación de perseguir a los fugitivos. Expertos en tácticas militares de guerrilla y especialistas en el arte del disfraz conocían todas las técnicas para mezclarse con los lugareños. Según el testimonio de algunos ciudadanos que convivieron entonces con ellos, se pasaban el día fumando hierba y bebiendo, “destruyeron completamente el ambiente del pueblo”, según afirma uno de ellos.
En la Casa Blanca, Nixon celebraba su cumpleaños con varios amigos. Por la noche, mientras cenaba con su mujer en un restaurante chino, le pasaron una nota informándole del fracaso de la operación. Entonces decidió cambiar de método. Nixon utilizó todos los medios a su disposición, mandaron a 150000 hombres y la mitad de la sexta flota a buscar a los fugitivos. La CIA le pidió al Pentágono que fuera un poco más discreto y que usase un método que se había probado en Asia e Hispanoamérica, por ejemplo camuflar los asesinatos para que pareciesen accidentes.
AMBROSE CHAPEL:
El técnico de sonido, Andy Rodgers, se abrasó vivo en un accidente de coche. A Jimy Joe, el ayudante de dirección, lo encontraron ahogado en la piscina de su jardín. Wayne Brown apareció en Patagonia descuartizado, pero la policía argentina aseguró que había sido un suicidio. Bob Stein, el escenógrafo, se olió lo que estaba pasando y se escondió en una yeshivá de Brooklin durante diez años, hasta que dieron con él.
El rabino W. A. Koeninsberg protegió a Bob Stein durante muchos años, al tiempo que le enseñaba la lengua judía internacional. Ambos escudriñaron la biblia en busca de preguntas a sus respuestas. Según cuenta el propio Koeninsberg, una noche Stein fue agredido por unos gamberros del Bronx. Se pasó seis meses en coma en el hospital Monte Sinaí, y una mañana murió.
Kissinger, Rumsfeld, la Casa Blanca y la CIA, que habían prometido a Kubrick que nunca más volvería a saber de ellos, mantuvieron su palabra. Pero cinco años después de grabar las imágenes falsas, Kubrick cometió la imprudencia de ponerse en contacto con la Casa Blanca, y luego con la NASA, para pedir prestada una lente especial para el rodaje de Barry Lyndon. La NASA aceptó a cambio de los servicios prestados o quizá diera su brazo a torcer por miedo a que se supiera la verdad de los primeros pasos en la luna de Armstrong y Aldrin. Nixon había dimitido tras el Watergate. Pero su sucesor, apremiado por el director de la CIA, volvió a poner en marcha la máquina. Después de todo, Stanley Kubrick era el último testigo del engaño que seguía vivo. Intervinieron su teléfono e interceptaron su correo. Kubrick decidió entonces desaparecer, hizo todas sus películas en su propiedad o cerca de ella, fuera el escenario Vietnam o Nueva York. Se encerró junto a su esposa e hijos, y nunca volvió a salir hasta su muerte.
Alexander Haig afirma escéptico que Kubrick acusaba a Nixon de estar compinchado con la CIA para asesinarle. Helms, preguntado por este hecho, afirmó: “No sé de que me está hablando”. Haig es algo más explícito en sus evasivas, y remite al general Dick Walters, por entonces director de la CIA y, según cuenta, uno de sus mejores amigos, añadiendo “y yo sé lo que pasaba”, al tiempo que hace un gesto doble, tapándose la nariz con una mano, mientras con la otra dirige el pulgar hacia abajo. Christiane Kubrick, la viuda del director, recuerda la experiencia de aquellos años.
CHRISTIANE KUBRICK (Esposa de Stanley Kubrick):
Intentaba pensar en lo que harían, como lo harían, en que momento y cuanto duraría.Fue muy preciso, y al mismo tiempo estaba horrorizado.
Sólo el general Walters podía desvelar toda la verdad sobre aquello, y fue preguntado directamente en una conversación tenida en la habitación de un hotel de Washington. Entonces, con cara crispada y provocando un momento de gran tensión, Vernon Walters afirmaba lo siguiente.
VERNON WALTERS:
¿Toda la verdad sobre qué? Escúcheme bien, porque voy a decirle la verdad. Estoy seguro de que el señor Nixon no sabía nada de antemano. El ayudante de Helms le dijo “no sé lo que va a pasar, pero pase lo que pase estaremos con usted hasta el final”. Aquello fue seis meses antes, cuando la gente que hizo aquello estaba atrapada, corrieron a decirle a Nixon “protéjanos”, y le dije eso al señor Nixon, y él estuvo de acuerdo cuando se lo dije.
El general estaba deseando seguir, pero en privado, sin ser grabado. “La eliminación de todos los que habían tomado parte en el rodaje (y recalcó las palabras ‘todos los que’) era todavía un tema muy delicado”. Antes de abordar el tema del fallecimiento de Stanley Kubrick pidió al técnico que apagase la cámara, pero este lo hizo a medias. “¿No me estáis grabando?”, preguntó. Añadiendo: “Porque esto podría costarles la vida”. Walters, visiblemente alterado, sugirió continuar la conversación al día siguiente, pero murió repentinamente durante la noche de un derrame cerebral. Había accedido a romper una de las normas explícitas de la CIA, la del silencio y el anonimato. La muerte de Vernon Walters sólo mereció unas pocas líneas en el diario ‘Liberation’, pero ‘The New York Herald Tribune’ le dedicó un largo artículo, parte del cual decía: “La última aparición pública del general Walters fue en un documental de la televisión francesa en el que hablaba de la implicación de la Casa Blanca en el programa Apollo a finales de los años sesenta. Tanto el productor como el director señalaron que Walters estaba en perfecto estado.”
[ Basado en el programa documental de ARTE France en coproducción con Point du Jour, dirigido por William Karel y producido por PDJ PRODUCTION, con el nombre "Opération Lune" en francés y "Dark side of the moon" en inglés. Todo el material utilizado en esta serie (texto y fotografías) proviene de dicho programa, adaptado para este medio por el autor. El programa recibió recientemente el premio Grimme. En una próxima anotación hablaremos sobre la repercusión de este documental y realizaremos una serie de reflexiones sobre la serie "Toda la verdad sobre la llegada del hombre a la luna", a la que ponemos aquí su punto final. ]
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AMBROSE CHAPEL:
DONALD RUMSFELD:
HENRY KISSINGER:
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RICHARD HELMS:
ALEXANDER HAIG:
CHRISTIANE KUBRICK (Esposa de Stanley Kubrick):
VERNON WALTERS:
20.07.2006 @ 01.54
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11 Comentarios a “Toda la verdad sobre la llegada del hombre a la luna (y III)”
1.
Senador Palpatine | 20.07.06 @ 15.52
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¿Pues que quieres que te diga?
No sé qué hay de verdad en todo ésto. Siempre he pensado que el gran problema de los tiempos en los que vivimos es que la información es tan numerosa y biene de tantas fuentes, que cada vez es más difícil formarse un criterio de quién dice la verdad y quién miente. Yo al menos no puedo hacer otra cosa que dudar. De todo. De las explicaciones oficiales y de las teorias conspiratorias.
Si te recomendaria, aunque me imagino que los conocerás, los dos libros de James Ellroy (el tercero aún no ha aparecido) de una serie que el autor denomina trilogía americana. Es novela negra, para mí la mejor, ambientada en este caso en la época de Kennedy, Luther King, bahía de cochinos, Vietnam, etc. El tono de tu artículo me lo ha recordado, bastante.
2.
Estefano | 21.07.06 @ 00.18
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Senador Palpatine, a mi me parece que usted aun debe creer en el ratoncito perez y en los reyes magos es evidente no han llegado a la luna eso ha dado muy claro en el comentario del webmaster…
3.
Saila | 21.07.06 @ 00.47
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Pienso lo que Senador. Yo dudo.
Me pasé la noche en el suelo con una almohada delante del televisor por que el hecho hacíía historia.
Luego empecé a dudar y en cierto modo a no creermelo.
4.
Senador Palpatine | 21.07.06 @ 14.19
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Estefano, que suerte ser como tú, que envidia tener las cosas tan claras.
5.
DVDCano | 21.07.06 @ 14.23
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Yo me reservo mi opinión. Realmente os emplazo al “epílogo” (o algo así) de esta serie, que estoy preparando ilusionado y podré colgar en breve.
(Senador, se te echa de menos)
6.
Senador Palpatine | 21.07.06 @ 14.47
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Para DVD Cano:
Gracias de corazón. Ando un poco liado y un poco bajo de moral. La semana que viene prometo algo.
Gracias otra vez.
7.
Senador Palpatine | 24.07.06 @ 15.49
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Por Dios …. al leer otra vez los comentarios he visto que he puesto “viene” con b. Pufff menuda patada.
8.
Pasa, olvida tus miedos y entra a mi mundo... | 25.08.06 @ 09.28
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9.
Rene Dominguez | 08.10.07 @ 18.27
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Verdad? pareciera ser que se modifico de manera abrupta el final, dando a entender que todo habia sido una payasada. y que no se tome nada como una investigacion seria. Esto es despues de la advertencia de VERNON WALTERS.
y este detalle me parece interesante de parte del director, el haber dejado este detalle en el film.
Realmente no conosco al señor William Karel, pero si realmente es un artista del cine, creo que nos dejo una pista muy clara, como el guiñar del ojo.
La verdad señores, probablemente nunca la sabremos, cada quien especulara.
Ya que hay verdades a medias o mentiras a medias que se llegan a convertir en leyendas.
10.
Eustaquio | 01.03.08 @ 17.13
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me parece propio de mentes mediocre que todavia se ponga en duda lo que es tan obvio y real.
Repito, como es posible que haya gente obstinada en no creer que los americanos, o sea, la derecha americana y la cia y todos los criminales yanquis, no mienten y hacen montajes.
a esta gentuza incrédula decirles que se vayan a la mierda. torpes, cretinos, baldulaques. IROS CON BUSH,
11.
Realmente fue el hombre a la luna????? - Foro de Relojes | 06.11.08 @ 15.05
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