Durante mucho tiempo he tratado de ocultar mi vergüenza. Cuando alguien sacaba el tema, agachaba la cabeza y miraba al suelo. Una mueca que pretendía ser una sonrisa se formaba en mi rostro. Guardaba silencio y procuraba desviar la conversación hacia otro asunto lo antes posible. Me sentía un paria. Una mancha para la familia. Un don nadie. Mi falta de aspiraciones en la vida, mi incapacidad para relacionarme con la gente, mi dejadez y mi espíritu poco sociable me había conducido a esto. En el fondo, yo me lo había buscado.
Yo que he nacido en Oviedo y he pasado toda mi vida aquí.
Aún ahora, este sentimiento de inferioridad me impide decirlo en voz alta. Y los dedos se paralizan frente al teclado, incapaces de transformar en palabras mi culpa. Pero me he propuesto ser fuerte, la vida me ha dado una gran lección y ya no puedo callar más.
Yo… de Oviedo de toda la vida… nunca he conocido a Dña. Letiz-c-ia.
Y al principio todo era distinto. Cuando la Casa Real hizo público el anuncio del compromiso, me puse en contacto con una amiga (pija de Oviedo con pedigrí):
- Se te ha escapado y se lo ha llevado una tan pija como tú.
- ¿No es increíble, o sea?. Es flipante. Ella es íntima amiga mía.
Y durante un par de días fui feliz, comentando con mis conocidos qué una íntima mía era como superíntima de Nuestra Futura Reina.
Pero poco a poco todo fue cambiando. Todas las personas a las que relataba con orgullo mi hazaña, conocían a Leti o eran amigos de algún pariente suyo o habían estudiado con Ella. De hecho, utilizando métodos estadísticos de extrapolación, y después de un concienzudo estudio, llegué a la conclusión de que decenas de miles de niños de muy diferentes edades habían coincidido en la clase de Nuestra Princesa. O habían sido vecinos suyos (en un edificio que por el número de inquilinos, debía ser una especie de rascacielos de unos dos mil pisos). Incluso he llegado a conocer a una persona que afirma haber tenido un rollo con Ella (dios mío, que falta de discreción).
Y yo, nada de nada. Al principio ni siquiera sabía que Ella era de aquí…
Y después, por si todo esto no fuese una carga suficientemente pesada, llegó lo de Fernando.
Sí, sé que ahora mismo os lo estaréis imaginando horrorizados. Sí, lo confieso: tampoco conozco a Fernando Alonso.
Y mira que tiene primos (en un número superior a los famosos cien mil hijos de San Luis), tíos, parientes, amigos y demás. Pero yo, nada de nada. Nunca en mi vida había oído hablar de él.
Durante estos años he llevado está carga con resignación, sufriéndola en silencio (cómo la mujer del famoso anuncio), llorando en la intimidad de mi cuarto y preguntándole a Dios por qué la vida había sido tan cruel conmigo.
Sin embargo hace unos días todo cambió. Un rayo de esperanza llegó a mi vida. Estaba yo en un bar, junto a un pariente, viendo en la televisión como Nuestra Gloriosa Selección Nacional, tras más de cien (o mil) peligrosísimos disparos a puerta, dilapidaba la ventaja del gol de David Villa (otro al que tampoco conozco, ni puñetera falta que me hace) frente a los pérfidos franceses. Quizás embriagado por la cerveza, me atreví a expresar en voz alta lo que mi corazón escondía con pesar:
- Soy la única persona de esta ciudad, que no conoce a la periodista ésa que se caso con Nuestro Príncipe (José Luis Torrente dixit), ni a Fernando Alonso.
Y entonces, mi pariente me sonrió, me miró a los ojos y me dijo, apoyando su mano en mi hombro:
- No hombre, no. Tranquilo. Tu madre me ha dicho que los muebles de vuestra casa, los hizo hace muchísimos años un tío de Fernando. Y además dice que era un gran carpintero.
En ese momento abrí bien los ojos, sonreí alegre y lleno de vida y sentí que la presión de mi pecho disminuía. Y me di cuenta entonces de la lección que mi madre me había intentado dar con su silencio. Me había enseñado a ser humilde.
Gracias madre, por esta gran lección que nunca podré olvidar.
Deja un Comentario
- Puedes usar manualmente estas etiquetas: <a href="" title=""> <abbr title=""> <acronym title=""> <b> <blockquote cite=""> <cite> <code> <del datetime=""> <em> <i> <q cite=""> <strike> <strong>
- La moderación de comentarios está activada y retrasará la publicación de los mismos. Por favor, no es necesario que envíes tus notas más de una vez.
- El comentario debe estar relacionado con el artículo.
- Las críticas constructivas son bienvenidas, las destructivas no.
- Comentarios con insultos serán borrados.
- No escribas todo el texto con mayúsculas, dificulta la lectura y en Internet eso es sinónimo de gritar.
- Si deseas dejar un mensaje no relacionado al autor debes hacerlo en la página de Contactar.
- Entra en Gravatar.

10.07.2006 @ 10.40
Archivado en:
Puedes
URI para poner un
Valora esta anotación:

















Sin Comentarios a “Una gran lección”
Todavía no hay comentarios. Utiliza el formulario de abajo para poner el primero.