Ni siquiera sé tu nombre. Sólo un seudónimo que a veces no consigo escribir bien.

Y unas cuantas fotos con tu rostro medio en penumbra. Mirando desafiante, insolente, como una pantera hambrienta, salvaje y libre.

Y tu imagen me persigue a cada instante desde hace unas semanas, sin poder quitarte de mi cabeza. Te sueño de mil y una formas intentando adivinar cómo serás realmente, dónde estarás y con quién, ahora que te escribo sin que tú lo sepas. No es el deseo lo que me obsesiona, es el hechizo y la pasión por el misterio. Eres para mí un enigma que nunca tendrá solución. No llegaré a conocerte, ni quiero, porque la magia se rompe cuando los sueños y las fantasías se hacen reales.

Prefiero pensar en ti. Intentar adivinar que esconden tus ojos. Pensar en si alguno de los hombres o mujeres que te han besado habrán sentido lo mismo que yo cuando veo tu cara y tu cuerpo, cuando leo lo que tus palabras llenas de fuego me hacen soñar en mi soledad.

Te imagino rodeada de snobs, de una corte de tipos extraños con ganas de sentirse diferentes y me veo fuera de lugar en tu mundo. Tu, como una pin up de cómic, adorada por todos ellos.

Y también siento tu fragilidad, tus miedos, que a veces entre líneas, dejas salir a la luz. Mitad demonio, mitad Campanilla. A veces sólo una niña pequeña que siente ganas de llorar.

Supongo que el hechizo se irá pronto. Las sensaciones, al igual que las estrellas, cuanto más intensas son, más rápido se apagan.

Pero, quién sabe. Una vez Oscar Wilde dijo que un capricho se diferencia de una gran pasión en que el capricho dura toda la vida.