Mira que odio (a diferencia de nuestro querido blog master) las frases hechas o refranes, pero de verdad que podríamos aprender algo por esta vez.
Si alguien quiere un consuelo, que se ponga la sexta (hablando ahora del mundial de baloncesto) o compre la prensa deportiva que nos recuerda -pese a que hace 7 días le jubilaban- que aún podemos disfrutar de Zidane… o que empiece a pensar en que tenemos una selección joven que volverá reforzada en la Eurocopa, en dos años, etc. Yo no puedo dar ningún consuelo a aquel aficionado que realmente haya creído que España iba a hacer algo diferente, que iba a ser nuestro año. Mi único consuelo es que ésto ya lo he vivido antes.
Me pregunto… de verdad habremos aprendido algo? Desde luego, no con una fase de clasificación ante Ucrania, Túnez y Arabia… y menos aún dejando que un rival más sereno pero en peor forma, como Francia rompiese nuestra habitual inútil y periódica racha de veintipico partidos sin perder.
Me acordé de lo citado al principio de este Mundial cuando vi que no entrabamos en el partido, que no había manera de romper la presión gala, de buscar algo imaginativo más allá de los 3 o 4 mediocentros (excelentes todos) que nos hemos llevado para Alemania, recordé que la mala suerte no puede ser excusa si se tira una vez a puerta, recordé que la euforia previa al partido se parece mucho a la del enfrentamiento de la Eurocopa de 2004, al de Corea 2002, etc… en contraste con la inmediata autocompasión, la condescendencia de mirar al cielo y pedir otra dicha… siempre un gol de rebote, una falta que no es, un gol anulado….pobre España, “terrible e injusta” eliminación.
Miré a la tele y vi a un aficionado llorando sobre una bandera roja y amarilla que rezaba “este año sí”, y pensé: verdaderamente somos el “atleti” de las selecciones, y ni 50 años nos cambian el sino. Por que si parecía difícil ilusionar de nuevo a la gente, si parecía imposible ganarle a un grande, si parecía imposible sufrir otra decepción, en la próxima cita veraniega mejor irse a Inglaterra y comprar entradas para Wimbledon, por que vendan lo que vendan, no se lo va a tragar nadie.
O quizá no?
Todo lo que acabo de decir, está en mi cabeza o en la pluma o micrófono de algún pusilánime irreflexivo, pero no ésta vez en el equipo.
No caí la noche del martes, resignado aunque perplejo, y sin embargo la lectura de nuestros chicos y nuestro seleccionador es, por una vez, revolucionaria. Ellos no menospreciaron a Francia, ellos no buscaron excusas después. Esta vez no nos volvemos a casa clamando por un gol o un penalti que no se señala. Francia supo hacer su partido y nos falta, textualmente y en palabras de todos: “saber competir”.
Los franceses sacaron provecho a su físico y a su experiencia… nosotros no dimos la talla en el “otro fútbol”… el de anular al rival, hacer la falta pícara, exagerar una tarjeta, marcar en una falta que no es. Sacaron petróleo de sus posibilidades.
Lo que he dicho alguna vez: es infinitamente mejor saber a qué se juega, y asumiendo nuestro carácter algo párvulo, nuestra inferioridad física pero nuestro talento e imaginación, ese híbrido (y cito a “The Guardian”) entre fuerza Europea y calidad Sudamericana, alguna vez estaremos cerca de ganarle a un grande. Considero imprescindible partir del hecho que no somos mejores que nadie. Que no somos favoritos NUNCA puesto que no hemos ganado nada. Que hay que estar contentos con pasar de cuartos la próxima vez, por que habremos crecido (mis amigos se reían de mí por que firmaba, de lejos, perder la final de este campeonato). Considero que la acertada postura de un entrenador que habla en esos mismos términos convierte este fiasco en el principio de algo, y sólo entonces subordinado a una estrategia, admitiré que aun contra los “malos” apuntabamos un estilo de juego ilusionante.
Admitir eso es aprender algo, es –seguramente- un escalón de veinte, pero por primera vez (y ojalá siga Luis Aragonés) creo que “solo” nos faltan 19.
Animo!