Me pareció que tenía un aire familiar, o por algo pensé que no era la primera vez que nos veíamos. Lo que fui incapaz es de acordarme de que la conocía. Me invitó a pasar, y aunque en el último momento siempre tiendo a plantearme en la oportunidad de hacerlo, acepté con amabilidad respondiendo a sus amables formas. Me hizo esperar un rato, al principio di unas cuantas vueltas, mirando las paredes, en realidad tenía la mirada perdida. Finalmente me senté en una butaca, la habitación estaba bastante bien servida de butacas, algunas hacían juego con las de al lado, otras parecían añadidas casualmente. La decoración era fría, descuidada, como falta de un toque femenino, quizá por falta de interés o de tiempo para dedicarse a ello. La espera me estaba matando.
Los nervios son fugaces y caprichosos, y no siempre los podemos controlar. Digamos que yo casi nunca los controlo, tienen vida propia y aparecen respondiendo a su imprevista iniciativa. Había hecho aquello más veces, y tenía cierta seguridad en mi mismo. Aunque a veces las cosas pueden fallar, no he tenido hasta el momento (tocaré madera) grandes contratiempos que nos hayan hecho quedar mal a los dos. En estos casos cada uno espera que el otro cumpla su papel, al menos con corrección, y por mi parte que nada se salga demasiado de lo normal. Con eso me siento satisfecho. Además otras veces había estado más tranquilo, pero quizá me influía mi estado de ánimo, o lo cansado que llegaba a esas horas, tras un ajetreado día de trabajo, o una extraña y no invitada desconfianza que me estaba empezando a atenazar. Y malo que eso me pase a mi, que tantas veces me han tachado precisamente de lo contrario, de estar siempre confiado y no ponerme nunca mentalmente del lado negativo.
La espera se prolongó más de lo deseado, pero por fin la volví a ver. Le sentaba bien el blanco, y lucía una amplísima sonrisa ‘profiden’, como esas azafatas de los concursos de la tele. Creo que había llegado el momento de dejarme llevar, ponerme en otras manos, y dejar que me hicieran lo que fuera, sin protestar, sin poder quejarme. De hecho poca queja puede haber cuando había ido voluntariamente, como siempre, y además no saldría de allí sin pagar lo que me pidiesen. Naturalmente que había ido por mi propio pie, aunque también es cierto que obligado por las circunstancias, que tantas veces mandan sobre nuestros deseos.
Mientras me lo estaban haciendo no pude evitar pensar en el rostro de aquella chica, y de repente recordé donde nos habíamos encontrado antes. Creo que antes de trabajar allí había estado de enfermera con un dermatólogo, al que visité hace un par de años. No fue mal esta vez, se había portado razonablemente bien y se pasó pronto el mal trago. Me levanté de esa butaca tan sofisticada de dentista y este me despidió pidiéndome que fuera a ver a la chica de antes, que me daría hora para la siguiente semana. Le hubiera comentado que me acordaba de haberla visto en otra consulta, pero tenía la boca tan dormida que apenas podía hablar, así que me marché lo antes que pude, intentando no pensar en que el momento se repetiría unos días más tarde.
Y, sobre todo, intenté no pensar mucho en lo que había tenido que pagar. Pensándolo bien, se trataba de pagar por haberme tenido que poner de nuevo en las manos de mi dentista durante un rato, pagar por hacer algo que detesto profundamente tener que hacer.
Deja un Comentario
- Puedes usar manualmente estas etiquetas: <a href="" title=""> <abbr title=""> <acronym title=""> <b> <blockquote cite=""> <cite> <code> <del datetime=""> <em> <i> <q cite=""> <strike> <strong>
- La moderación de comentarios está activada y retrasará la publicación de los mismos. Por favor, no es necesario que envíes tus notas más de una vez.
- El comentario debe estar relacionado con el artículo.
- Las críticas constructivas son bienvenidas, las destructivas no.
- Comentarios con insultos serán borrados.
- No escribas todo el texto con mayúsculas, dificulta la lectura y en Internet eso es sinónimo de gritar.
- Si deseas dejar un mensaje no relacionado al autor debes hacerlo en la página de Contactar.
- Entra en Gravatar.

24.05.2006 @ 01.09
Archivado en:
Puedes
URI para poner un
Valora esta anotación:

















2 Comentarios a “Ponerme en otras manos”
1.
Senador Palpatine | 24.05.06 @ 11.12
|
| Citar
| #
El tono equívoco de la entrada y del desarrollo posterior es muy bueno.
Y, por gustos personales, me encanta la primera frase. Siempre me han fascinado los extraños caminos de la memoria (aunque ahora cada vez tengo menos).
2.
DVDCano | 24.05.06 @ 11.49
|
| Citar
| #
Muchas gracias, senador. La memoria es mi asignatura pendiente, aunque creo que ya no me quedan convocatorias…