Abro categoría de ‘caprichos’ para hablar de uno que es nuevo y apareció ayer en mi vida de forma espontánea y no prevista.
Los Jelly Belly, esos caramelos con forma de judías, el “original y gastronómico frijolito de goma”. Un invento americano que me atrapó sin remisión. No pude resistir la tentación de comprar la gran judía de “assorted flavours” (sabores variados) que aparece en la foto. Iba sólo a comprar la revista informática de rigor, pero en la caja de VIPS se encontraba esa gran judía de nombre festivo, todo muy típicamente americano. De forma automática, como llevado por una extraña voluntad ajena a la mía, añadí los caramelos y me dispuse a regresar a casa, tras el día de trabajo. Yo llegué a casa un rato después, pero los ‘frijolitos’ no.
Asombroso, por mi paladar había pasado un torrente de sabores, había disfrutado como un niño. Los Jelly Belly comenzaron a aparecer en los mostradores de las confiterías americanas en 1976, pero yo desconocía de su existencia hasta ahora. Parece que eran los caramelos preferidos de Ronald Reagan (vaya, lo siento), e incluso llegaron a añadir el sabor de mora para que pudiera ofrecer a sus invitados a la Casa Blanca un surtido de caramelos con los colores blanco, rojo y azul (los de la bandera yanqui).
Los sabores de estos caramelos son insólitos: Mora, Chicle, Palomitas con mantequilla, Melón, Cappuccino, Ponche de champaña, Pudín de chocolate, Canela, Coco, Algodón de azucar, Soda Cremosa, Piña exprimida, Jalea de uva, Manzana verde, Coctel Honolulu, Ponche tropical, Jalapeño, Pera jugosa, Limón, Lima-limón, Anís, Margarita, Jugo de naranja, Sorbete de naranja, Durazno, Crema de cacahuate, Menta, Piña colada, Toronja rosada, Frambuesa, Rootbeer, Canela picante, Pastel de queso con fresas, Daiquirí de fresa, Mandarina, Malvavisco tostado, Plátano, Tuttifrutti, Cereza, Sandía; y últimas incorporaciones (que hacen con frecuencia después de dar un festín a un grupo de agraciados probadores), como el de Dr. Pepper (refresco que no se vende en España). Una verdadera orgía de sabores, tanto o más apropiados para adultos que para los pequeños aficionados a los ‘chuches’. Incluso proponen recetas, sí, recetas como la de ‘Sandwich de jalea y crema de cacahuate’ (2 de Crema de cacahuate + 2 de Jalea de uva), ‘Fresas cubiertas de chocolate’ (2 de Daiquirí de fresa + 1 de Pudín de chocolate), o ‘Peras escalfadas en salsa de frambuesa’ (1 de Pera jugosa + 1 de Frambuesa). ¡Una locura!
La “golosina turca”, básicamente hecha de azúcar y agua de rosas gelatinizada y cortada en cubos, complace a los niños desde los tiempos de la antigua Roma. A finales del siglo XIX los confiteros empezaron a hacer experimentos con caramelos azucarados más complejos, con lo cual nacen los caramelos de goma, también conocidos como ‘gominolas’. Poco más tarde los americanos se enamoraron de las golosinas rodeadas de chocolate, pero la mayor parte de existencias de chocolate se envío a las tropas en el extranjero durante la Segunda Guerra Mundial, de forma que el chocolate empezó a escasear, y los americanos volvieron a reclamar caramelos de goma corrientes. Hasta que apareció una novedad, el caramelo de goma con sabores naturales, y esa innovación consistente en dotar a la golosina de sabores puros y auténticos, con un sabor intenso desde la cáscara hasta el centro, utilizando ingredientes naturales para los sabores siempre que fuera posible, supone una ‘revolución’ de la que algunos no hemos tenido noticia hasta ahora. En 1976 se lanzaron al mercado los primeros 8 sabores de Jelly Belly: cereza, limón, Cream Soda, naranja, manzana verde, Root Beer, uva y anís.
El fabricante de los Jelly Belly está en Fairfield, California, se llama Herman Goelitz Candy Co., y su filial, Goelitz Confectionery Co. en Chicago del Norte, Illinois. Las dos factorias de caramelo son capaces de producir más de 45.000 kilos de caramelos cada día, lo cual equivale a 1.250.000 pequeñas judías de sabores deliciosos por hora.
Por hacer, hacen hasta reproducciones de obras de arte utilizando estas judías tan sabrosas, como este American Gothic, la obra firmada por Grant Wood en los años 30.
Bueno, ahora que le he hecho esta ‘impagable’ publicidad, espero que me manden unas cuantas bolsas de ‘frijolitos’ de estos, que algo también sorprendente para mi fue el precio de la judía de plástico con sabores variados (solo 20 de los 50 existentes), y es que me cobraron casi 3€, que me zampé en menos que canta un gallo, casi.