¿Alguien sabe lo que motiva que la mayoría de ‘programas despertador’ de la radio en nuestro país se dediquen a gastar bromas pesadas a sus oyentes? Bueno, a sus oyentes y quienes no lo son, las víctimas pueden llegar a ser elegidas de forma medianamente indiscriminada. Programas más o menos clásicos, como “Anda ya” de 40 principales, o alguno más nuevo como el “¡Ya te digo!” de Albert Lessan en Europa FM, han dado una vuelta de tuerca a las bromas y están dedicándose directamente a romper parejas. Y eso es algo fuerte.

Será que me falta sentido del humor peculiar, o quizá que lo tengo un tanto peculiar, pero no me hacen gracia ciertas bromas, más bien me desagradan y hacen sentir realmente mal. A pesar de ello, con alguna me he reído, como un impulso primitivo, pasando de la risa espontánea a una sensación de rechazo bastante visceral. En el “Anda ya” la broma consiste en una ‘prueba de la fidelidad’, que casi siempre termina con saldo negativo. Una chica del programa llama a un chico (bastante sexista el planteamiento) y dice ser una ‘admiradora’ desconocida, proponiéndole un encuentro furtivo. Generalmente la chica que hace de gancho termina subiendo el tono, proponiendo ir vestida de forma atractiva, con poca ropa o cosas similares. Casi todos los chicos caen, por no decir que todos. La gran mayoría tienen pareja, y aún así aceptan la cita muy emocionados. Hace poco, en el programa de Lessan, ese ‘discípulo’ radiofónico de Alfonso Arús, la broma se les escapaba de las manos y tenía una presunta consecuencia lamentable de la ruptura de una pareja, como decía antes.

En el caso del “¡Ya te digo!” el tema consiste en que un oyente acepta hacer una broma a un amigo/amiga, o a su pareja, a cambio de un reproductor de MP3, bastante poca cosa a cambio de dar un disgusto a un ser querido. La broma tiene con frecuencia un componente sexual y en el caso que menciono era una chica que llamaba a su novio en directo, a primera hora de la mañana, para decirle que le había puesto los cuernos. El episodio no tiene desperdicio, ella es una actriz de primera, él pasa de responder “que me dices, chiqui”, en un tono bastante conciliador, al “eres una golfa” de instantes después. Y al final el chaval termina metiendo la pata pero bien. Cuando intenta arreglarlo diciendo que la quiere ella ya había abandonado entre lloros el estudio. Merece la pena escucharlo.