Hace tres años comenzó la historia de esta infamia. Y aún no ha terminado. Hoy los ciudadanos de Irak, pretendidamente liberados por los Estados Unidos, son más pobres y sus condiciones de vida más precarias. Con apenas cuatro horas de corriente eléctrica diarias y toque de queda cada noche, los Iraquíes tienen miedo a salir a la calle. Desde el comienzo de la infamia han muerto más de 30.000 civiles, o al menos estos han sido los reconocidos por USA, y me inclino a pensar que han sido más. La cifra de militares muertos es superior a los 2.500, la mayoría norteamericanos, once de ellos españoles. Según contaba ayer el embajador español a preguntas de Iñaki Gabilondo en Noticias Cuatro, “la guerra no ha acabado”. En opinión de Ignacio Ruperez, desde el inicio de la guerra los problemas de la población iraquí han aumentado, lo que ha provocado incluso fuertes movimientos migratorios y pronostica una difícil recuperación de la zona tanto a nivel político como económico. La amenaza de una guerra civil entre chiíes y suníes es cada vez mayor, y la internacionalización del conflicto amenaza la inestabilidad en la zona, principalmente en el vecino Irán.

Y la infamia continúa.

Infamia