“Y al final de la rambla,
me encontré
con la negra flor…”
(Radio Futura)
Pues no, negra no es. Es una flor blanca, una margarita parece ser. Estas flores están floreciendo en la carrocería de los coches. Debe ser una enfermedad de la chapa, un hongo moderno y ‘cool’.
Lo peor es que no se sabe cual es exactamente su origen, aunque algunos tenemos nuestras teorías.
En un principio fue la flor de Guru, la firma italiana de moda. Entre sus estrategias de promoción se les ocurrió entrar a formar parte de la lista de patrocinadores de la escudería Renault, y más concretamente de Alonso, el piloto español de F1. Otra firma de moda, esta española, guipuzcoana para mayor precisión, había adoptado una margarita, la blanca flor como símbolo. Su logotipo fue finalmente por otros derroteros, pero las primeras tiendas de Loreak Mendian (flores en el monte, en euskera) llevaban en su fachada la flor. Y esto se extendió por las tiendas propias de San Sebastián, Barcelona, Bilbao, Madrid y Melbourne, así como por los muchos puntos de venta que tienen en toda Europa Occidental, Australia y Japón.

Pero la blanca flor fue adoptada finalmente como parte de la estética “windsurfista”. Así ha sido bautizada como la “margarita de Tarifa”, y puesta de moda por los windsurfistas que se dan cita en esa localidad gaditana. En Internet se encuentra como pegatina para adherir al coche con facilidad, como esta venta de eBay, que aclara en el título del producto que se trata de “Pegatina Margarita Surf Guru KING SIZE 15cm”. Creo que le faltan las palabras Fernando y Alonso, pero sí que aparecen en la descripción, que incluye la frase: “La margarita que luce Fernando Alonso en su Formula1 y los surfers de Tarifa”. O sea, el ‘totum revolutum’. Todo mezcladito nos ha traído esta extraña plaga. Las blancas flores en forma de pegatina en los coches.
Existen muchas pegatinas de margaritas, de origen diverso. Y se pueden adquirir en muchos comercios, tiendas de todo a 100, chinos e incluso en tiendas de repuestos para el automóvil, además de Internet. Los precios varían entre los 50 céntimos y los tres o cuatro euros (en Tarifa en plena temporada pueden llegar a los diez, con el reclamo de “ponla en tu tabla de windsurf”), dependiendo del tamaño y del establecimiento en que se adquiera.

Pues bien, mi tesis es que Fernando Alonso ha sido el empuje necesario para que mucha gente haya asociado el símbolo de la margarita con los éxitos del piloto, al lucir una en su equipamiento, por el patrocinio mencionado, y aunque las flores son bien distintas, este tirón ha sido aprovechado por muchos listos que han extendido la venta de la ‘margarita de Tarifa’ entre miles de despistados, que no saben su origen verdadero, y solamente la exhiben en sus vehículos por mimetismo, simplemente porque es moda.
No es la primera vez que se extiende la costumbre de pegar pegatinas en los coches, ya en los sesenta, la pegatina de Playboy, el “Papa no corras”, el “Bebé a bordo”, una de una discoteca (que aún se ve), el recuerdo del pueblo de cada cual, o aquel inigualable “I (corazoncito) NY” (diseñado a principios de los setenta por Milton Glaser, gran revolucionario diseñador de prensa que rediseñó La Vanguardia), también ‘customizado’ por cada pueblo o ciudad. Luego vinieron los recelos de la DGT y la prohibición de llevar pegatinas que impidieran o dificultaran la visibilidad en el cristal trasero del coche, y con ello aquellas pegatinas transparentes, que tan poco aguantaban las solaneras del verano. Ahora, en lugar de la luna del coche, son la propia chapa o el parachoques los espacios que sirven para albergar pegatinas como la blanca flor que tan famosa se ha hecho.
Lo que no termino de entender es esa extraña afinidad con una figura de un deporte, para que tanta gente decida decorar su coche con algo así sin que le den nada a cambio. A mi si me patrocina una marca comercial, pongo a mi coche lo más florido que pueda, pero en caso contrario que no me esperen. El caso es que la fuerza de Alonso es tal, que quizá pudiéramos decir que aparte de llevar una flor en su uniforme también ha nacido con una en el culo (salva sea la parte).
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