No me quiero poner en plan “Pumares y los taxistas”, pero hay veces que coger el transporte público, y en especial el autobús, en Madrid, es todo un infierno. Dado su caracter de servicio público, aunque entiendo su derecho a la huelga, como cualquier trabajador, a veces el sistema que tienen de llevarla a cabo no sirve para presionar a la empresa contra la que supuestamente dirigen la huelga, sino que arremeten, injustamente, contra los miles de usuarios que necesitan usar los transportes públicos, y a veces me da la sensación de que les importa un pimiento el daño que causen. No me quiero meter en la legitimidad de sus reivindaciones laborales, la cual doy por supuesto, pero no me parece justo que el resto de la población lo pague.

Todo esto viene a colación de la experiencia que he sufrido hoy por la mañana. Con las típicas prisas por realizar una gestión urgente, salgo de mi lugar de trabajo a las 12:50, llego a la parada de la línea 40 a las 13:00 y el autobús llega a las 13:04. Parece que he tenido suerte, levanto la mano para llamar la atención del conductor. Éste para, y abre las puertas traseras para que bajen los viajeros. Me situo en la puerta de entrada al bus (enfrente del conductor), y espero a que la abra. Éste me mira nuevamente, desvia la mirada y pone el autobús en marcha. Llamo a la puerta del bus para que me abra, me vuelve a mirar y se va….

Tal actitud, completamente gratuita, me parece injustificada, cuando el autobús no tiene ninguna señal de que no admite viajeros, va casi vacio, y el conductor me ha visto perfectamente. Al final me ha tocado esperar 40 minutos más, casi no llego a hacer las gestiones y me he agarrado un fenomenal cabreo. Además, esto no es ni la primera vez que me pasa, ni soy la única persona a la que le ha pasado.

Entiendo que con el tráfico de madrid, conduciendo 9 horas al día y aguantando al pasaje a uno se le agríe el caracter, pero aún así no me parece justificado, ni comprensible.

Como dice un conocido portero, “un poquito de por favor…”