El escritor (injustamente) encumbrado
Me ha hecho reír lo de Marsé, el escritor (injustamente) encumbrado. Juan Marsé (Barcelona, 1933) es un novelista rancio que consiguió el Premio Planeta en el 78, con una novela (”La muchacha de las bragas de oro”) que pretendía ir de moderna y rompedora, donde retrataba a una joven, de quien el personaje que narra en primera persona la acción ignora que va desnuda y confunde su supuesta ropa interior del color sugerido en el título, cuando lo que está viendo es simplemente el efecto de un bronceado. La miopía torpe de su personaje la hereda el autor a la hora de componer una novela ínfima, galardonada con ese premio cuyo prestigio es tan pequeño como enorme (y desproporcionado) es su eco mediático.
Ahora resulta que el escritor ejerce de jurado de ese mismo premio, además de aguafiestas fracasado. Y prepotente. Y malhumorado. Ayer se fallaba el Planeta de este año, y en la fiesta en la que se comunica el premiado y finalista, Marsé se desquitó con frases como estas:
“El nivel de este año es muy bajo; en algunos tramos, subterráneo”.
“Son novelas con buenas intenciones, pero no están bien acabadas”.
También criticó la novela ganadora señalando que tiene como problema “el ritmo narrativo tan pormenorizado y tan meticuloso, que me empecé a impacientar” y criticó asimismo la “decantación hacia lo sentimental” que hay en el texto. Sobre la novela finalista dijó que “recurre a un escritor, sin que luego desarrolle cómo influye la cuidadora de la casa en la creación literaria del protagonista. Es como si se clavara un clavo en una pared, sin que al final se cuelgue ningún cuadro en la pared”. Auténticas lindezas.
Todo ello delante del editor y los premiados, claro. No me extrañaría que el propio José Manuel Lara (de tal palo tal astilla) hubiera picado al veterano escritor para que armara algo de jaleo y salir así en los medios con el mismo relieve que en Antena 3 o La Razón, medios bajo su control. En definitiva este ha sido un premio siempre interesado en vender mucho, de ahí el abultado cheque, que no es otra cosa que un adelanto de ventas al autor. Los premiados este año han sido María de la Pau Janer (ganadora) y Jaime Bayly (finalista), que no se quedaron callados ante la insolencia de Marsé.
No discuto que las obras de ambos autores sean malas, lo que me extraña es escucharlo de quien ha firmado novelas infectas, ha utilizado presuntamente negros para alguno de sus trabajos, y además intuyo la intención epatante de quien en lugar de renunciar a su labor de jurado, dada la calidad “subterránea” de las obras candidatas, decide seguir el juego del editor para luego hacer de Pepito Grillo insolente y deslenguado.
Afortunadamente la respuesta de María de la Pau Janer y el peruano Jaime Bayly fue serena y arteramente certera. La mallorquina le dijo “Usted juega a ser un enfant terrible cuando ya no tiene edad para eso”, a lo que él le espetó con prepotencia que no se pasara. Bayly dijo que “Es bueno que esperes que todos aspiremos a escribir novelas tan buenas como las tuyas”, en un comentario no exento de ironía.
No creo que lea ni ‘Pasiones Romanas’ ni ‘Y de repente, un ángel’, las novelas premiadas. Pero bien es cierto que me arrepentí en su día de prestar atención y leer la sobrevalorada obra de Marsé.



















