Más de una generación recordará aquella radio novela titulada “Simplemente María”. Era la época gloriosa de las radio novelas, una historia que empezó con el “Teatro del aire”, en los años 40, y terminó derivando en una especie de culebrones radiofónicos, los seriales, entre los que se recuerdan títulos como “Matilde, Perico y Periquín” o “Ama Rosa”; voces míticas, como las de Pedro Pablo Ayuso, Matilde Conesa o Juana Ginzo; y plumas como la de Guillerso Sautier Casaseca, todo un clásico. Yo, que soy más joven que todo esto, solo llegué a “La saga de los Porretas”, que era una radio novela costumbrista y cachondona. Pero no iba de radio novelas esta nota, sino de Francino, ’simplemente Francino’.

Es curiosa la transformación que ha obrado en el periodista catalán desde que trabaja en la SER, que ha pasado bruscamente de ser Carles Francino a anunciarse en las vallas del Metro de Madrid simplemente como Francino. Y lo que es más fuerte, para mi al menos, en las cuñas radiofónicas que se escuchan en las emisoras del grupo, el propio periodista dice:

“Hola, soy Carlos Francino”

Es el hombre del increíble nombre cambiante, que ha llegado a prescindir de su nombre de pila. Parece que hubiera dicho “llamadme Francino, simplemente Francino”.

Ahora solo queda ver que en los libros de historia contemporánea se hable de José Tarradellas, o de Jorge Puyol. Menos mal que Buenafuente sigue siendo Andreu.