Escribe Víctor de la Serna hoy, en su columna (requiere suscripción) sobre comunicación del diario El Mundo (del que es adjunto a la dirección para relaciones internacionales), una retahíla de inexactitudes y falsedades más o menos tendenciosas, que me han resultado llamativas, cuando menos. De la Serna es el mismo periodista que firma como Salaner sus crónicas de la NBA, que digo yo igual podría haber elegido alteraciones más graciosas de su apellido, como Ansarel (”mi amigo Ansar”, el mismo), o Renasal (parece un medicamento para respirar bien), u otras variaciones (Nesaral, Senaral, etc). Un columnista, de apellido ilustre en el mundo periodístico, que escribe sobre los mass media, en tono habitualmente crítico, pero muestra a menudo una desinformación solo equiparable a su falta de interés por rectificar.
Antes del verano, de la Serna mantenía una polémica con Alex Grijelmo, presidente de la agencia EFE y antiguo empleado de Polanco (esa es su mácula, para algunos). Grijelmo desbarató los argumentos utilizados en la columna crítica del diario de Pedro J, pero la respuesta de De la Serna fue perseverar en su error, mantenella y no enmedalla, como el chiste del mañico que le dice al tren, que avanza por su vía hacia él, aquello de “chufla, chufla, que como no te apartes tu”. Pues eso.
Hoy de la Serna arremete contra Gabilondo y la ‘bestia negra’ de PRISA. Afirma, por ejemplo, que el estreno de Cuatro, el nuevo canal de Sogecable, se retrasa, aunque desde julio hablaron del otoño, dando poco después la fecha del 4 de noviembre, con lo cual no veo donde está el retraso. Si es cierto que no lo tienen fácil para empezar en esa fecha anunciada, según parece, pero es sintomático que se hable de demora donde aún no la hay.
Ahora Gabilondo, ya con los 60 ampliamente cumplidos, da un giro a su carrera que recuerda aquel paso suyo por RTVE hace un cuarto de siglo, y va a dirigir la información en esa Cuatro cuya presentación parece demorarse.
También puede pasar que de la Serna una la condición de pitoniso a sus vastos conocimientos en lo relativo a medios de comunicación o sobre el deporte de la canasta, asuntos a los que dedica sus columnas.
Antes de su predicción sobre la nueva cadena televisiva, de la Serna califica el trabajo de Gabilondo tras los horribles atentados del 11M de forma sesgada y no exenta de veneno.
Gabilondo podía presidir el agitprop de los días 11 al 14 de marzo de 2004, o podía desdecirse tras haber proclamado a John Kerry presidente de Estados Unidos, y su voz, su aparente mesura, su aplomo, su profesionalidad permitían que la audiencia comulgase con contenidos a veces debatibles.
Tan debatible como este juicio destemplado, que no por tanto repetido me dejará de parecer injusto.
Pero el colmo de la desinformación censurable en cualquier periodista, pero quizá aún más en quien se encarga de criticar a sus propios compañeros de profesión, llega cuando de la Serna le da la vuelta a la historia (como hizo con su apellido), metiéndose en un jardín sin salida hablando de la cadena SER, PRISA y el convaleciente José María García. Vaya lío, don Víctor. A la escasa memoria del columnista le acompaña, en este caso, la desidia a la hora de confirmar los datos en la hemeroteca.
Uno no puede dejar de recordar la muy antigua animadversión de Juan Luis Cebrián, -patrón periodístico del grupo por delegación de Jesús de Polanco- hacia el columnismo, las tertulias, la opinión y, en general, el protagonismo personal en sus medios informativos. Durante sus primeros años El País no publicaba más columnas políticas que las largas tribunas frente a sus editoriales. Y uno recuerda la abierta manía que Cebrián le tenía al estilo personalísimo del periodismo deportivo que José María García hacía hace 20 años en la Ser, recién adquirida por Prisa.
Poco duró García bajo aquel régimen. Y hoy no puede uno olvidar que el estilo de Gabilondo se fraguó en la Ser anterior a Prisa, cuando se hacía allí una radio tan caliente como en las demás cadenas.
Que barbaridad. José María García abandonó la cadena SER en 1981, tras ser suspendido por la empresa a indicación (presión) de Pío Cabanillas, ministro de cultura de UCD. García volvió a las ondas, encumbrado por un artículo del gran Pedro Rodríguez en la última del también desaparecido diario YA. Pero duró poco su vuelta a las ondas, ya que solo le habían dejado hacer la cobertura del partido de la semana en Carrusel Deportivo, privándole de su púlpito nocturno en la Hora 25 deportiva. De forma que se fue a casa a esperar momentos mejores, que llegaron cuando nacía Antena 3 de radio, y Manuel Martín Ferrand lo elegía como ‘banderín de enganche’ de ese proyecto, como el propio director general de esa empresa radiofónica calificaría en su fiesta de presentación, en aquella lejana primavera del 82. El ‘pecado’ de García había sido llamar ‘payaso’ a aquel ministro.
El grupo PRISA aterriza de forma efectiva en la cadena SER en 1985, cuando en enero aumenta su participación al 20% de las acciones de esta cadena de radio y sienta a dos representantes en su consejo de administración. La propiedad mayoritaria de la SER en esos momentos era de la familia Fontán y los Garrigues Walker, con el 25% del accionariado en manos del Estado Español, algo que se mantuvo hasta poco después en todas las empresas radiofónicas. Un año antes, en el 84, PRISA había adquirido un pequeño paquete del 9,257% de acciones, e incluso en el 82 ya se habían hecho con unas acciones enajenadas por el Banco Urquijo. Pero estamos hablando de que García dejó la radio donde consiguió su fama (”¿a donde va el dinero de las quinielas?”) en el 81.
Concretamente el consejo de administración de la cadena SER en el mes de septiembre de 1982 estaba formado por los siguientes miembros, según un artículo de hemeroteca del diario El País, precisamente (requiere suscripción):
En la actualidad el Estado está representado en el consejo de administración de la SER por los diputados de UCD en la anterior legislatura, Guillermo Medina, José Miguel Bravo de Laguna y José Luis Castillo García. El capital privado de la SER está representado por Antonio Garrigues y Díaz Cañabate, presidente del consejo de administración; Mariano Gómez Mira y José Miguel Garrigues Walker, vicepresidentes; Eugenio Fontán, consejero director general; Ramón Varela, consejero secretario general y por los vocales Emilio García Gómez, Juan Fernando Gómez Hall, Virgilio Oftate, Raimond Carrasco, Santiago Foncillas y Antonio Fontán.
Ni rastro de PRISA, y García ya triunfaba en Antena 3.
El asunto no es baladí, a mi juicio. Nada me hace pensar que todo lo que cuenta de la Serna no pueda ser tan falso, inexacto e interesado como esto.

Siete años ya. Cuando apareció Google mi buscador era Altavista, el de aquella época de las montañas nevadas, antes de sus posteriores cambios de imagen. Hoy no sabría que hacer sin Google.
¿Cual es la razón por la que no se está hablando del 


















