Me cuesta pensar que sea por miedo que los editores de prensa digital, especialmente los de ediciones digitales de medios tradicionales, son tan renuentes a introducir hiperenlaces. Puedo entender que no se incluyan hiperenlaces en lo que se ha dado en llamar ‘edición impresa’, pero en los contenidos específicamente orientados a la red me parece incomprensible y un error de bulto. Esa es mi gran queja a los medios digitales, precisamente.
La profundidad de los contenidos en Internet viene precisamente de los enlaces externos al propio medio, que complementan la información, amplían las miras, y dan al lector lo que reclama. Si me cuentan que Skype ha sido comprado por eBay, y lo hacen sin proporcionar enlace alguno a ambos medios, me están obligando a buscar el enlace por mi mismo, están obstaculizando mi marcha, me ponen un pedrusco en mitad del camino y eso puede hacer que me replantee si no tomar otro camino en el futuro, un camino limpio de obstáculos, en que me faciliten el paso.
El temor de los editores de prensa digital a los hiperenlaces lo explica bien Ramón Salaverría, y lo descubro a través de un artículo en el blog sobre usabilidad Úsalo:
¿Cómo piensan los editores de esos diarios digitales, renuentes a incluir enlaces activos en sus páginas? Más o menos así: “Si ofrezco un enlace a una página ajena, el lector me abandonará y no volverá a mi redil; así que ni hablar de enlaces externos. El lector es mío y sólo mío”.
Ahora bien, ¿cómo piensan (y esto es lo fundamental) los lectores de esos diarios? Tome nota, señor editor: “¡Pero cómo es posible que no me den lo que yo quiero! ¡Un simple enlace! No volveré a leer este medio porque no me facilita lo que yo deseo: informarme y navegar”.
A mi juicio da en la diana del problema. Un problema que va aún más allá, y tiene una parte de desidia también, ya que ni siquiera acostumbran los medios a los que me refiero a enlazarse a si mismos, en una labor de hemeroteca que sería muy interesante en muchas ocasiones.
También leo en Úsalo que algunos pueden estar inmersos en la teoría de la aguja hipodérmica, que era desconocida para mi hasta ahora.
Esta teoría (de la aguja hipodérmica) se desarrolló entre 1900 y 1940. Su principal postulado dice que los medios de comunicación “inyectan” una información con un contenido que se da por cierto y verídico; es decir, que lo que un medio de comunicación diga (por ejemplo, que se desató una guerra) es cierto y de ninguna manera requiere ser verificado.
Esta es una teoría que entraña, indudablemente, muchos peligros, pues jamás pone en entredicho la veracidad de la información que suministran los medios y, por el contrario, legitima la capacidad de éstos de moldear conductas y de estimular a las masas para que éstas respondan, entendiendo a éstas (a las masas) como a un grupo sin criterio que puede ser manipulado por los medios, los cuales, a su vez, son instrumentos de los poderes públicos y privados.
El riesgo que tenemos en la blogosfera a hacernos eco de lo que otros dicen, reproduciéndolo en muchas ocasiones sin confirmar su veracidad, ni siquiera su sensatez, es mucho menos preocupante que esa ‘inyección’ de información que pretenden los medios a los que se refiere la teoría de la aguja hipodérmica. Entre otras cosas, porque la misma dinámica de los blogs, su difusión viral y la aportación de los lectores por medio de sus comentarios, posibilitan que a menudo se pueda salir del error, aclarar equívocos producidos por el desconocimiento y arrojar luz sobre las sombras de algunas informaciones. Mejor plantear las cosas permaneciendo abiertos a otras visiones, que pretender dar siempre con la visión única e incontestable de la realidad.
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29.09.2005 @ 11.58
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