La incoherencia interesada de las marcas comerciales, en este caso fabricantes de ropa, hace que no tengan pudor ninguno en utilizar a la modelo Kate Moss como imagen de su producto, una modelo realmente guapa, pero esquelética, que parece estar provocando a cada momento que miles de jóvenes en todo el mundo decidan no comer, y sin embargo demonizan a la misma modelo por aparecer esnifando cocaína en un diario inglés. Ven esto último como un mal ejemplo para las jóvenes, pero no aprecian lo mismo en su imaginería anoréxica y en esa demencial táctica comercial de reducir los tallajes hasta el límite del absurdo. Jóvenes que esnifan cocaína no, pero que no coman y se provoquen el vómito cada vez que ingieren un alimento, que eso si que nos va bien. No lo entiendo.
Aún así, y dicho lo dicho, creo que a Moss le ha estado bien la lección. Es gracioso ver como los periodistas tienen precisamente muy mala prensa, entre la mayoría de la gente, al menos. Por eso muchos pueden calificar las imágenes mostradas por el tabloide amarillista The Sun como una invasión intolerable a la intimidad de una persona. Pero la modelo se lo ha buscado, y si no dime con franqueza si no hubieras hecho tu lo mismo que ese diario. El tabloide publica hace tiempo la información (comentario) de que Moss es drogadicta. Ella ya había declarado que pasó años en que no desfiló sobria ni una sola vez. Moss se ofende, y lejos de recurrir a la nota pública y negar la imputación, opta por la torpeza de denunciar al medio de comunicación. La sentencia es favorable para la modelo, y el diario se ve obligado a indemnizar con una cantidad considerable a la demandante. A ver, por humanidad, no me seas hipócrita, ¿no estarías tu deseando que llegase el momento de difundir unas imágenes de la modelo esnifando? ¿no te frotarías las manos al ver el video de las cinco rayas en veinte minutos?. Claro que si. El diario debió pensar que ‘a todo cerdo le llega su San Martín’, y no perdió ocasión de distribuir copias del vídeo. Yo hubiera sacado tirada en DVD y VHS simultáneamente, para mayor seguridad.
Lo que quiero decir es que la guapa Moss ha cometido dos errores. El primero, denunciar al diario que decía la verdad, con el convencimiento de que la justicia se inclinaría en ese caso, como lo hizo, por el ‘indefenso’ ciudadano, víctima del sensacionalismo de la prensa amarilla. Y el segundo, darle a la coca en un lugar público o semipúblico. En el baño de su casa nunca la fotografiará nadie. A mi me es indiferente si esnifa cocaína o toma canela a puñados, pero me alegro que su chulería sin límites le haya condenado a quedarse sin sus suculentos contratos de modelo publicitaria. La próxima vez se lo pensará antes de desafiar a un diario. Y a ver si ahora que no es imagen de tantas marcas de ropa, se decide a engordar algunos kilos, aunque también se me ocurre que vuelva Oliviero Toscani a hacer la publicidad de Benetton, aunque tengo la duda de si fotografiaría a la modelo metiéndose los dedos en la boca o esnifando las rayas a pares.
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25.09.2005 @ 15.07
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