O morfoanálisis. Leo en La Vanguardia (requiere suscripción) una entrevista a Serge Peyrot (Marsella, 1949), fisioterapeuta y psicoterapeuta inventor de esta terapia. Y no puedo resistirme a entresacar algunas de sus afirmaciones.

- ¿Mi cuerpo tiene memoria?
- ¡Sí! Y el mejor almacén de esa memoria son los músculos, la piel y los órganos internos. ¡Pero, sobre todo, los músculos!

- ¿Cómo funciona esa memoria?
- Cada estrés, angustia, susto, problema, tensión… retrae tu musculatura.

- ¿Sí?
- Sí. La musculatura es la memoria inconsciente de todos los pequeños o grandes traumas psicológicos de la vida, desde la más tierna infancia… Todo va acumulándose ahí…

- Entonces, si tengo un dolor de lumbago… ¿deriva de algún trauma psicológico?
- Cada tensión psicológica provoca una retracción muscular: el cúmulo de retracciones va tensando el músculo hasta el extremo de poder causar un día escoliosis, hiperlordosis, cifosis, hernia discal, disfunciones posturales, lumbalgias, dolores de espalda…

Según Peyrot:

El cuerpo es la vía: el cuerpo es la memoria de la psique. Ciertos masajes, estiramientos, caricias, respiraciones… abren esa memoria, y aflora la esfera psicoafectiva del paciente, que se hace consciente de esos traumas psíquicos originales. [...]

Durante un estiramiento o un masaje en determinada zona del cuerpo, más de un paciente siente súbitamente aflorar una vivencia, una emoción…, ¡y rompe a llorar![...]

El masaje, como lenguaje infraverbal, táctil - ¡el del cuerpo!-, le ha conectado con algo que le sucedió asimismo en la esfera no verbal, psicoafectiva, y que su cuerpo grabó, puede que en la más tierna niñez. Con el masaje, el cuerpo recuerda y la emoción aflora.

Cuenta después el caso reciente de un paciente de 42 años, un ejecutivo con una lumbalgia tan dolorosa que le causaba una torsión pélvica (postura muy deformada para evitar el dolor) y de como salió de la clínica caminando recto, sin la deformidad que lo había llevado hasta allí.

Tumbado boca arriba, le guié en una serie de autoestiramientos de su cadena muscular, lenta, intensa, armónicamente… Ala media hora me dijo que sentía ganas de llorar. [...]

Yo sólo le hice saber que tenía derecho a permitirse llorar. Y se lo permitió: lloró durante la siguiente media hora. Yo simplemente estuve a su lado, arropándole. [...]

Ya tranquilo, le pregunté si quería hablar sobre lo que sentía. Y entonces me contó que su mujer acababa de abandonarle, y que no estaba logrando superar ese shock…

- ¿De esa tensión provenía su lumbalgia?
- Él mismo lo relacionó. Añadió: “Es que yo soporto mal los abandonos…”, ¡y lo conectó con que su madre, cuando él tenía dos años, le dejó con su abuela, por trabajo…!

- ¿Y su cuerpo guardaba algo tan remoto?
- ¡Sí! Y el abandono de su esposa revivió el de su madre. ¡Su cuerpo gritaba ese dolor del abandono…!

Me ha impresionado el testimonio que cuenta este fisioterapeuta morfoanalista.