Hay mucha polémica últimamente con la clasificación por edades de los videojuegos y su idoneidad para los más pequeños.

Este fenómeno no es nuevo, proviene del origen de este incipiente mercado de ocio digital, pero se ha agravado en los últimos años, a mi juicio por el nivel de realismo que se ha llegado a alcanzar en algunos juegos, no solo en el aspecto gráfico, sino en el comportamiento de los NPG (personajes controlados por el ordenador) o en la simulación de relaciones sociales.

¿Habéis jugado alguna vez al GTA III? En este juego, polémico donde los haya, asumimos el papel de un mafioso desde sus orígenes hasta que llega a controlar una ciudad entera, con las típicas trifulcas, peleas entre bandas, misiones suicidas…. hasta aquí todo “normal”. El problema para algunos aparece cuando esas misiones consisten en extorsionar a “alguien”, atracar a mano armada, acostarte con prostitutas, secuestrar…. dentro de un entorno bastante bien modelizado y casi asimilable a la realidad de cualquier ciudad, lo que te obliga tener que tomar decisiones de caracter “moral” a la hora de encarar ciertas misiones. Por supuesto el juego cuenta con una clasificación para mayores de 18 años.

gta: san andreas
— Vía vidaextra.com

La pregunta viene ahora: ¿es más reprobable jugar a este juego que ver una película de Rambo en la que mueren 300 personas por minuto?

Personalmente, para mi gusto, no.

En primer lugar porque la clasificación por edades está para algo, y ésta indica que es un juego para adultos, no para niños. El que un niño pueda llegar a tener acceso a este juego es un tema diferente, que depende más de la responsabilidad de los padres y de los vendedores que de otra cosa, igual que por las mismas razones, un niño no debería poder acceder a la pornografía, a las armas, o a cualquier elemento que suponga un riesgo para su integridad física o ética.

En segundo lugar porque los juegos pueden ser un elemento de ocio para todas las edades. Hoy en día la media del jugador habitual en España se situa en torno a los 25 años. Yo, que casi rozo la treintena, llevo jugando desde los 10 años, y no me he convertido en una especie de psicópata o autista por haber jugado a juegos de marcianitos. Es más, pienso seguir jugando el resto de mi vida, igual que me gusta leer, ver películas, o cualquier otra actividad de ocio cultural, porqueestoy convencido que los videojuegos también son cultura, e incluso arte (digital) según que casos. Y a lo largo de los 20 años que llevo jugando a videojuegos, mis gustos han ido cambiando, logicamente. No me importa jugar de vez en cuando a los Pokemon, o una partida al Mario Bross, pero no podemos reducir el mundo del videojuego solo a eso, igual que no podemos reducir el cine a las películas de Disney (algunas de las cuales, por cierto, llevan una carga de violencia moral que me haría dudar de su idoneidad para los pequeños).

Además, veo perfectamente respetable el que haya gente que por sus convicciones morales no quiera jugar a estos juegos, pero no por ello se ha de imponer una censura que afecte a los que sí estan dispuestos (dentro de determinadas condiciones, como el ser mayor de edad.)

Y tú, ¿que opinas? El debate está abierto.